SOBRE EL REAL I EL FANTÀSTIC. E.T.A. HOFFMAN I LES VAMPIRES DEL CEMENTIRI DE BELGRAD

Data: 26 de juny de 1896

Periòdicament des de fa més de cent anys, el tema del vampir es posa de moda a la literatura i, en conseqüència, a la societat. Les primeres obres que van tocar el tema foren anteriors al famós Dràcula (1897) de Bram Stoker: La nòvia de Corint (1797) de Goethe, Christabel (1800) de Coleridge o el relat de Hoffman Vampirisme (1821). Quasi simultàniament a aquest últim va aparèixer El vampir (1819) de J.W. Polidori i, poc després, La mort enamorada (1836) de Gautier i Carmilla (1872) de LeFanu. Vampirisme (Vampirismus), també traduït com Aurelia, La vampir, El relat de Cyprian o El conte de Cyprian, està inclòs a l’últim volum de Els germans de San Serapió (1819-1821) [1], i a part d’una de les obres mestres de Hoffmann, és també famós per ésser el primer relat en prosa d’una dona vampir [2].

El relat, prefigura algunes característiques dels contes de vampirs posteriors, però conservant sempre els trets comuns a totes les llegendes de vampirs de l’Europa oriental. Allà, el folklore no esmenta als vampirs com una raça d’éssers que vaguen a la recerca de sang, (de fet ni tan sols s’esmenten els famosos ullals, detall que arribarà amb la literatura gòtica [3]), sinó que el vampir del relat de Hoffmann, d’acord a la visió d’aquella part d’Europa, sembla més aviat un necròfag. També sembla estar influenciat per la història d’Abdul Hassan, un conte de Les mil i una nits: Hassan, als tres mesos d’estar casat amb Nazilla, descobreix que la seva dona s’absenta del llit cada nit per anar-se a alimentar de cadàvers amb altres dimonis.

D’aquestes llegendes del profanador necròfag fa ús Juan Buscón (pseudònim amb què signava les seves populars cròniques diàries a La Vanguardia l’escriptor i periodista català Ezequiel Boixet) en l’article on ens hem aturat avui per donar notícia d’aquestes curioses vampires de Belgrad [4]. Resulta complicat identificar el referent real del cas, però és cert que des de feia anys se succeïen notícies sobre casos de vampirisme al centre d’Europa, com si fos una autèntica plaga, y que precisament Belgrat havia estat l’escenari d’un cas de vampirisme força sonat cent anys abans (1732), que sens dubte li devia haver donat certa fama de “ciutat vampírica” [5].

Bon viatge i bona lectura
El còmit de la nau

 

La Vanguardia
Busca, buscando

¿Te acuerdas, lector, de aquel horripilante cuento nocturno de Hoffmann, que se titula La mujer vampiro?… Una hermosa y aristocrática joven, la baronesíta Aurelia, víctima de su propia madre que ha llevado una existencia misteriosa y criminal, consigue hallar un refugio en casa de uno de sus parientes lejanos, hombre joven, gallardo y rico. El conde Hipólito, apiadado de la orfandad y desamparo de la niña y seducido además por su belleza, se casa con ella y durante algún tiempo los dos esposos viven completamente felices.

Pero al cabo de unos meses y al encontrarse la condesa en estado interesante ofrecen su carácter y su modo de vivir fenómenos extraños: uno especialmente que asombra a su marido y más aún al médico que la asiste. La dama manifiesta un horror invencible por la comida, no se la ve probar jamás ninguno de los manjares que la sirven en la mesa y durante días y semanas y meses enteros no entra, al parecer, ningún alimento en su cuerpo. Ese inexplicable enigma y la continua tristeza que consume a Aurelia llenan de inquietud al esposo que en vano se esfuerza por penetrar aquel misterio y de extrañas sospechas al doctor que por último se aleja renunciando a descifrar la incógnita.

En esto, un antiguo criado advierte al conde Hipólito que la condesa sale todas las noches del castillo y que no vuelve a entrar hasta que amanece. El castellano recuerda entonces que desde algún tiempo un letargo singular se apodera de él así que ha tomado el té que la condesa prepara con sus propias manos. Devorado por crueles presentimientos al oír la revelación del criado determina el conde espiar a su mujer a la siguiente noche. Abstiénese de beber el té para no experimentar los efectos del narcótico que Aurelia debe verter en la taza, se mete en la cama y finge dormir profundamente, engañando a la condesa que se acerca a su cama para convencerse de que realmente duerme. Entonces ella se desliza fuera del cuarto, sale del castillo, atraviesa el parque… Su marido, que ha saltado fuera de la cama y sigue los pasos de Aurelia, la ve a los resplandores de la luna, dirigirse hacia el cementerio y contemplan sus ojos el espectáculo más horrible que pueda concebir el pensamiento.

Un grupo de viejas sentadas en el suelo, semi desnudas, suelto y desgreñado el pelo, formando círculo en torno de una hoya, devoran ávidamente el cadáver de un hombre recién desenterrado. Y entre esos monstruos, comiendo como ellas, está la condesa Aurelia…

El final de la historia, digo, del cuento, lo encontrará el curioso lector que no lo conociere, en su sitio y lugar, esto es, en la misma obra del gran escritor alemán. Y si al pasar los ojos por aquellas páginas que trazó el más fantástico de todos los narradores, exclama que no puede irmás lejos la fantasía y la inventiva macabres, tenga presente el lector que los cuentos pueden a veces transformarse en historia, sino en todos sus detalles, en su esencia.

El espantoso descubrimiento que ha hecho la policía en las cercanías de Belgrado, demuestra que la increíble fábula inventada por Hoffman puede convertirse en hechos, en realidades de innegable evidencia por más que la razón humanase niegue a admitirlos. El guardián de un cementerio creyó advertir una mañana que cierta tumba en donde se había verificado un sepelio dos días antes, presentaba señales sospechosas en su superficie, como si la tierra hubiese sido recientemente removida. Aunque esto le dio algo qué pensar, no le dio mucha importancia al hecho; pero habiendo en las mañanas sucesivas observado en otros puntos del cementerio análogas señales de violación, dio parte a la policía, de sus temores, si bien no acertaba a comprender qué móviles podían impulsar a los profanadores de la muerte, ya que las huellas de la profanación aparecían siempre en las tumbas de gentes humildes que no llevando ni joyas ni buenos vestidos, mal podían tentar con sus despojos la repugnante codicia de los ladrones de sepulcros.

El jefe de la policía, ansioso de descubrir aquel misterio, se puso en acecho acompañado del guardián del cementerio y de un gendarme. La primera noche no notaron absolutamente nada anormal: el camposanto permaneció tranquilo; durante la segunda vieron que tres sombras franqueaban una tapia baja y se dirigían sigilosamente, sin pronunciar palabra, hacia un rincón, en donde la antevíspera habían enterrado a un joven campesino. La tumba fue violada; las tres sombras sacaron con un azadón la tierra que cubría el ataúd; éste fue abierto… y cuando el jefe de policía y sus compañeros, acercándose cautelosamente, andando a gatas para no ser vistos, llegaron junto al grupo, vieron a tres mujeres, dos de ellas ancianas y la otra joven, entregadas al más horrible festín…

Aquellas tres harpías sorprendidas en tan infame tarea, intentaron escapar: una de ellas pudo conseguirlo; las otras dos, vencidas y maniatadas tras desesperada lucha, fueron conducidas a la cárcel. La tercera, delatada por sus compañeras, quedó detenida al siguiente día.

Entonces se averiguó, por sus mismas confesiones, que aquellas espantosas criaturas se entregaban desde algún tiempo a tan incomprensible monstruosidad. Una de las tres vampiros ―llamémoslas así― era mendiga y había incitado a las otras dos, labriegas acomodadas, a seguir su horripilante pasión. Las tres ofrecían un aspecto repulsivo: tenían el rostro demacrado, cadavérico, y el cuerpo agitado por un temblor convulsivo. JUAN BUSCÓN.

→La Vanguardia (26 de juny de 1896, pàg. 1)


[1] E.T.A. Hoffman: Vampirismo, ed. Reino de Cordellia, 2011. El podeu llegir també en línia.
[2] Ibarlucia Ricardo (ed.) Vampiria: de Polidori a Lovecraft, 2003.
[3] Resulta molt interessant «Vampirismo. E.T.A. Hoffmann», El Espejo gòtico. Consultat el 26/12/2013.
[4] Transcrivim directament del text tal i com va aparèixer a La Vanguardia, respectant escrupolosament l’ortografia de l’original.
[5] Alfonso Fernández: «Vampiros. Anotaciones sobre la leyenda del no-muerto», El Catoblepas. Revista crítica del presente. Consultat el 26/12/2013.

Imatge: retrat d’Enriqueta Martí, la vampira de Barcelona. Font.

4 Comments

    • Coneixia el bloc, però no l’apunt d’Eliade (del qual havia llegit alguna cosa sobre les religions)així que moltíssimes gràcies. Pel seu interès ara mateix el penjo a la pàgina del Facebook. Una abraçada també per a tu!

  1. Felicitats per aquesta ressenya tan completa d’aquest cas que no coneixia ni de lluny. Realment esparverant! Jo també l’he penjat al facebook.

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