EL ESPECTROSCOPIO DEL ALMA (2015) – Edward Page Mitchell

Autor: Edward Page Mitchell
Título: El espectroscopio del alma
Editorial: OrcinyPress
Edición: Hugo Camacho
Año: 2015
Páginas: 184
ISBN: 978-84-943181-1-5
Valoración: ★★★★★

 

Cuando Hugo Camacho me dijo si me interesaba reseñar alguno de los libros de OrcinyPress no me lo pensé dos veces. Había seguido a través de las redes los primeros pasos de este nuevo sello editorial y la verdad es que me hacía mucha ilusión leer algo. OrcinyPress es una pequeña editorial independiente, especializada en literatura especulativa. Una rareza en los tiempos que corren. Nace a partir de la librería homónima OrcinyBooks, que opera online y que recientemente también ha redirigido su actividad hacia los géneros fantásticos (también en catalán). Después de haber colaborado muy activamente en la última MirCon y estar terminando una antología de relatos fantásticos en catalán (atención al relato vampírico del tripulante Enric Bassegoda), OrcinyPress finalmente publicará este enero sus primeros títulos: El final del duelo (2015) del debutante Alejandro Marcos Ortega (1986), novela ubicada dentro del subgénero de la fantasía urbana, y El espectroscopio del alma, de Edward Page Mitchell, la antología de relatos fantásticos que reseñamos hoy.

Debo confesar que lo primero que pensé cuando empecé a leer El espectroscopio del alma, es que se trataba de un fake. En mi ignorancia nunca había oído a hablar de Edward Page Mitchell ni de ninguno de sus relatos, y sencillamente no podía concebir que un autor de esta envergadura hubiera sido tan brutalmente olvidado por la historia. Nada menos que a Wells, el padre de la ciencia ficción (de la mano con Verne) avanza Mitchell en muchas de sus predicciones fantásticas. Demasiadas cosas, demasiado extraordinarias. Debía ser falso a la fuerza. Tenía que tratarse de un juego literario, tal vez del propio editor. De hecho, el prólogo no me despejó esas dudas. Al contrario. Titulado “El hombre que se adelantó a Wells” y escrito por el propio Hugo en forma de entrevista novelada a Sam Moskowitz, famoso redactor de la popular revista Weird Tales y autor del primer libro recopilatorio de Mitchell, The Crystal Man: Stories by Edward Page Mitchell, collected and with a biographical perspective by Sam Moskowitz (1973), nos da noticia de su peculiar personalidad, pero con un estilo novelizado que desconcierta un tanto.

En este prólogo-relato, descubrimos que la falta de ambición literaria de Mitchell lo dejó fuera del canon oficial y lo relegó al olvido, de donde fue rescatado por Moskowitz. Además, el hecho de que muchos relatos circularan anónimamente dificultó la tarea de recogerlos. Por lo que cuenta Moskowitz, Mitchell trabajó en la revista The Sun, donde se hizo eco de noticias insólitas al tiempo que publicaba sus propios relatos de ficción.

Lo más gracioso de The Sun es que novelizaban las notícias (…) Cogían los hechos, los ordenaban con una trama e incluían a las personas que se habían visto involucradas como personajes.

Exactamente igual que el prólogo-relato que ha fabulado Hugo Camacho en un ingenioso ejercicio literario. The Sun no eran los únicos que trataban las noticias de esta forma particular. También en nuestro país diarios y publicaciones como La Vanguardia o La Estampa literaturizan en el siglo XIX sin problemas algunos sucesos fantásticos, tal y como he ido comentando precisamente en este blog a lo largo del último año.

Escribe el editor al final del prólogo-relato:

No me cupo duda de que estaba ante un escritor que, de haber sido con él más justa la historia de la ciencia ficción, debía de ocupar otro puesto más cercano a Verne, Wells o Shelley como pionero de este género.

Aceptado el hecho de que existía el autor, la única manera de explicar este olvido superlativo era imaginar que quizás todo esto era una exageración, que no era tan extraordinario. Quizás sencillamente la falta de reconocimiento y el olvido le venían por no haber sabido construir con fundamento unos relatos que, si bien en el fondo podían contener el valor de la novedad, en la forma eran simples o defectuosos. Pero no. No sólo los 10 relatos antologados aquí (del total de 30 que escribió Mitchell) responden a las expectativas generadas por el prólogo en cuanto a fondo y forma, sino que las sobrepasan con creces.

“El taquipompo” (1874) abre la antología. Es el único relato que no apareció publicado en The Sun, sino en el Scribener’s Monthly. La historia nos presenta la habitual pareja de amantes que sufren la oposición del padre de ella. En este caso el defecto del pretendiente es, ni más ni menos, que su falta de espíritu matemático. Típico despropósito de Mitchell. La resolución también será la habitual y vendrá dada por un experimento extraordinario, una máquina de movimiento perpetuo capaz de desafiar la velocidad de la luz, el taquipompo. “El espectroscopio del alma” (1875) que da título al volumen es el segundo relato. Se inicia como una discusión científico-filosófica sobre lo material y lo inmaterial. Para demostrar que no existe una frontera clara entre ambos el protagonista, el profesor Dummkopf, realiza varias tentativas para fotografiar olores, embotellar el sonido o analizar los secretos del alma humana a partir de una máquina revolucionaria, un espectroscopio. “El interior de la Tierra” (1876) es otro relato protagonizado por un personaje de nombre hilarante, Claltus, y la materia de estudio es la teoría del mar polar abierto a través de un gran agujero que atraviesa de polo a polo el planeta (en un momento que aún el hombre no había llegado allí). En “El hombre sin cuerpo” (1877) nos reencontramos con el profesor Dummkopf. Según leemos en esta grotesca historia, por culpa de un experimento fallido de teletransportación su cabeza vive independientemente del cuerpo en un museo de historia natural, donde mantiene una erudita conversación con un visitante. Y ésto 50 años antes de La máquina desintegradora (1927) de Conan Doyle.

“El hombre más capaz del mundo” (1879) es una divertida historia, de las mejores de la antología, a propósito de una especie de androide (o cyborg) y de diversos dilemas morales motivados por su particular naturaleza. El relato incide en el denominado “complejo de Frankenstein” que había popularizado hacía unos años la autora Mary Shelley. “La hija del senador” (1879) es una especie de ucronía, ya que se ambienta en un futuro alternativo, bastante grotesco. El protagonista, el líder del Partido Mongol-Vegetariano, es un defensor radical del derecho a la vida de todos los animales y plantas del planeta, y por eso ha inventado una pastilla alimenticia sustitutoria. Su amada (casualidades de la vida) es la hija de su antagonista político, un conservador reaccionario y racista. Si a este planteamiento sumamos el hecho de que al final, en un giro lleno de dramatismo, el padre esgrime un artículo esperpéntico de la Constitución que habla nada menos que de criogenización, el resultado es un relato doblemente fantástico. “El experimento del profesor” (1880) sigue una línea idéntica al relato anterior en cuanto al planteamiento sentimental de la trama. En este caso, sin embargo, la solución a la oposición paterna parece pasar por la cirugía y la trepanación.

No hay nada más fácil de cambiar que las convicciones de uno. Gracias a los avances de la cirugía.

Nuevamente, el texto incide de paso en la crítica a la desmedida ambición científica, y el profesor del título parece estar más cerca de un sabio loco que de un científico altruista.

“Nuestra guerra contra Mónaco” (1880), inferior a los últimos según nuestro punto de vista, es un nuevo ejemplo de futuro alternativo, en la que EEUU y Mónaco pasan por una surrealista crisis de confianza que casi termina en una guerra. Una nueva broma muy bien disfrazada, pero con una historia que flaquea en comparación con las demás. “El hombre de cristal” (1881), en cambio, es de los relatos que más me han impresionado, a pesar de tratarse de uno de los que tiene menos humor de todo el libro. Escrito dieciséis años antes de El hombre invisible (1897) de H.G. Wells no lo desmerece en nada. Al contrario, si en algunos aspectos siguen caminos paralelos, en cuanto a profusión científica es bastante más prolijo el de Mitchell. Además, el relato también sorprende por algunas referencias al método inductivo, nada menos que seis años antes de que apareciera el famoso Sherlock Holmes de Conan Doyle. A destacar también el acierto del narrador en primera persona no protagonista (en contra del habitual narrador omnisciente de la literatura del XIX) y el desenlace. Finalmente, el último relato es “El reloj que retrocedía” (1881), otra de las grandes sorpresas. Se trata nada menos que de la historia de un viaje en el tiempo escrito 14 años antes de que Wells imaginara La máquina del tiempo (1895). La historia está bellamente narrada, con las habituales paradojas cronológicas a las que nos tiene acostumbrados el género (años más tarde), pero algunas reflexiones a propósito de la disposición del espacio-tiempo resultan muy interesantes, incluso hoy en día.

En fin, que una vez has terminado de leerlo no puedes dejar de preguntarte como habías podido vivir todo este tiempo sin saber quién era Edward Page Mitchell. Por eso mismo es imposible no recomendar este libro. OrcinyPress ha puesto las bases con esta antología (donde aparecen traducidos al castellano por primera vez algunos de los mejores relatos del maestro) para que podamos empezar a hacerle justicia. Y por si acaso, aparte de la edición en papel han sacado también otra electrónica para aquellos a quienes no les importa leer en este formato, más económica y accesible. No hay excusa, pues, a partir de ahora.

Relatos contenidos en esta antología:
El taquipompo ★★★★
El espectroscopio del alma ★★★
El interior de la Tierra ★★★
El hombre sin cuerpo ★★★★
El hombre más capaz del mundo ★★★★★
La hija del senador ★★★★★
El experimento del profesor ★★★★★
Nuestra guerra con Mónaco ★★★
El hombre de cristal ★★★★★
El reloj que retrocedía ★★★★★
lectura patrocinada por:
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Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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3 thoughts on “EL ESPECTROSCOPIO DEL ALMA (2015) – Edward Page Mitchell

  • 10 enero, 2015 at 5:03 pm
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    Muy buena reseña que me ha reafirmado en mi intención de leer el libro, pero… ¡eso de “aparte de la edición en papel han sacado también otra electrónica para aquellos a quienes no les importa leer en este formato” suena muy paternalista!

    Lo digo como alguien a quien no sólo no le importa leer en versión digital si no que A MENUDO LO PREFIERE #anatema

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    • Daniel Genís
      11 enero, 2015 at 12:08 am
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      Tu lo has dicho #anatema 🙂

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