Artículo: Titanes. Si Adolf Hitler hubiera hecho manga

El año 2009 llegaba el cómic escrito e ilustrado por Hajime Isayama titulado Attack on Titan, el cual fue catalogado por la revista io9 como el equivalente japonés a The Walking Dead. De momento son diecinueve volúmenes que han tenido un éxito arrollador en Japón desde el primer momento. Cuatro años más tarde el impacto vino de la mano de la serie de animación, veinticinco episodios a los cuales han seguido OVAs, videojuegos y una película dividida en dos partes los meses de agosto y setiembre del 2015. Incluso Universal Studios Japan mantuvo algunas atracciones basadas en Attack on Titan durante el pasado 2015.

safe_image
Imagen de un Titant en un parque de atracciones.

En cuanto a la ambientación y el género, Attack on Titan podría ser considerado una ucronía o novela histórica alternativa. En este caso nos encontramos en un siglo IX que se corresponde tecnológicamente con la Europa del siglo XIX. Es, de hecho, un ejemplo más del género steampunk. La película del 2015 desplaza esta estética hacia un estilo dieselpunk. Opino que esto último es deliberado por el hecho de ser un producto cultural con toques evidentes de militarismo, un factor que se está recuperando a marchas forzadas en el nacionalismo nipón. Por tanto, mientras una estética de tipo steampunk se relaciona más con la Francia, la Gran Bretaña o los Estados Unidos del siglo XIX, el dieselpunk juega con los elementos tecnológicos propios del 1920 al 1940, el periodo de máxima expansión del Imperio del Japón.

Sin abandonar el cómic y la serie de animación, lo que tenemos es una humanidad encerrada tras unas murallas enormes que la protegen del ataque exterior de unos seres gigantes (los titanes) que, por lo que parece, tienen como única función comer humanos. Es, por tanto, una sociedad bajo asedio. Una sociedad homogéneamente blanca. De hecho, si la Alemania de Adolf Hitler hubiera podido producir series de animación, esta hubiese sido la primera. Una humanidad asediada en la que todo el mundo tiene nombres de origen anglosajón, germánico o italiano. No hay negros ni nada que se aparte del modelo caucásico, excepto el que en el cómic aparece como el único representante de la tribu oriental. En otras palabras, una japonesa. Casi todo el mundo es atractivo en un grado u otro, y vale la pena resaltar la ausencia del típico personaje regordete y cómico tan característico de la animación japonesa.

Además, la gente que vive en el círculo interior es la más rica y, como ya se ha dicho, se trata de una sociedad profundamente militarizada. Los valores de estos soldados, especialmente en dos de sus ramas (el Regimiento de Guarnición y el Regimiento de Exploradores), son vivir bajo la incomprensión por parte de la sociedad civil, al mismo tiempo que tienen unos códigos y discursos de lealtad y liderazgo propios del fascismo. No podía faltar el darwinismo social: siempre se dan los cálculos de la gente que muere o podría morir en cada ataque de los titanes, mientras la sociedad tiene más o menos recursos dependiendo del trozo de tierra en el que vive. La movilidad social o geográfica parece ser mínima.

Esta sociedad de centenares de miles de habitantes encerrada entre muros se asemeja a la Alemania nazi de 1943-45, con sus discursos de guerra total y contabilidad de nacimientos y defunciones como termómetro bélico. En cuanto a esto es magistral como el protagonista (Eren Yeager) descubre la incoherencia que reside en el hecho de que los diez mejores cadetes de cada promoción son automáticamente enviados a la Policía Militar, donde no tendrán que vérselas nunca con los titanes a pesar de ser los mejor preparados para ello. Una lección fundamental para entender cómo funcionan las fuerzas armadas a la hora de enviar como carne de cañón a los miembros más vulnerables de la estructura bélica (y, por tanto, social).

Si tuviese que comparar este producto con otros del mundo del cómic y la animación japonesa, yo lo haría a partir del elemento mecha que tiene Attack on Titan. En un momento de la historia se descubre que algunos humanos tienen la habilidad de convertirse y poder dirigir titanes desde una especie de simbiosis biológica. Es por este motivo que este cómic va un paso más allá en el mundo del mecha biológico, un elemento que ya habíamos visto en Neon Genesis Evangelion (1995). La diferencia entre los dos productos es que este último es un claro ejemplo de realismo épico, mientras en Attack on Titan la gente vive inmersa en la épica heroica estándar. El mundo mecha ha tenido muchas formas, desde la más convencional en Mazinger Z (1972) hasta los dobles pilotos de Pacific Rim (2013), pasando por el ensamblaje de Bioman (1984) y las armaduras mecha de La visión de Escaflowne (1996). Aún así, Attack on Titan es capaz de dar una vuelta más al género.

planete-sauvage-02-g
Fotograma del film de animación El planeta salvaje (René Laloux, 1973).

Todavía queda un último paralelismo que se puede establecer entre Attack on Titan y otro producto de animación o cómic. Se trata de una película de animación décadas anterior y alejada del mundo oriental. Gracias al carácter inquietante en un sentido freudiano que los titanes tienen, es difícil no encontrar alguna conexión a nivel primario entre el cómic japonés en cuestión y El planeta salvaje, dirigida por René Laloux en 1973.

Francesc Xavier Morales

Francesc Xavier Morales

Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales. Profesor instructor en la Universidad de Gainesville. Participa en varios medios digitales.

fmorales has 8 posts and counting.See all posts by fmorales

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.