LAS TUMBAS DE ATUAN (1971) – Ursula K. Le Guin

Autor: Ursula K. Le Guin
Título: Las tumbas de Atuan (The Tombs of Atuan)
Editorial:  Minotauro
Año: 1987 (1971)
Páginas: 176
ISBN: 9788445073346
Valoración: ★★★

 

Originalmente, el Ciclo de Terramar estaba compuesto sólo por tres libros: Un mago de Terramar (1968), Las tumbas de Atuan (1971) y La costa más lejana (1972), pero años más tarde Ursula K. Le Guin decidió agrandar el ciclo con dos títulos más: Tehanu (1990) y En otro viento (2001). También hay que mencionar dos libros más con historias cortas sobre el mundo de Terramar: Cuentos de Terramar (1999) y Los doce hogares del viento (2001). La popularidad de la saga ha llevado a un par de mediocres aproximaciones del cine a este mundo, pero en ningún caso ha sido suficiente para convertir Terramar en un fenómeno a la altura de la tierra Media de Tolkien: la primera adaptación fue en forma de una abominable producción que surgió directamente para la TV (La leyenda de Terramar, 2004) y, más tarde, como manga japonés de la mano de Goro Miyazaki (Los cuentos de Terramar, 2006), hijo del gran Hayao Miyazaki.

La protagonista de Las tumbas de Atuan es Tenar, ahora llamada Arha, la reencarnación de la Sacerdotisa Única. La historia comienza con su infancia, cuando es llevada a Atuan, el lugar donde está llamada a convertirse en la guardiana de las tumbas de los Sin Nombre, unas deidades arcanas, y donde deberá estar confinada hasta que muera y se vuelva a iniciar el ciclo de sus reencarnaciones.

Todos los seres humanos renacen siempre, pero sólo ella, Arha, renacía siempre en sí misma.

La historia de Tenar/Arha es similar a la de Ged/Gavilán, que habíamos leído en Un mago de Terramar. En su inocencia, la protagonista se ve investida de una gran responsabilidad, ser la gran sacerdotisa de las tumbas de Atuan, lo que la lleva a una actitud de una cierta arrogancia, producto en gran parte de un destino no deseado. Cuando toma conciencia de sus errores deberá pasar por una obligada redención, y la expiación de sus pecados vendrá dada inevitablemente por el dolor. En Le Guin parece un camino a transitar sí o sí. Ya en el primer volumen, la autora nos dejaba claro que había caminos equivocados que llevaban a destinos correctos, pero nada es inocuo y todo tiene un precio.

En el caso de Tenar, sin embargo, el viaje será a la inversa que el de Ged en el plano literal (empieza en Atuan y acabará en Gont), pero idéntico en el metafórico, es decir, la recuperación de su yo auténtico. Le Guin es una grandísima narradora, y se nota en algunos giros y lecturas. Ged en Un mago de Terramar se dedicó a perseguir una sombra, el mal, hasta los confines de Terramar, en cambio en Las tumbas de Atuan será Tenar quien, desde los confines de Terramar, huirá de este mismo mal.

Este libro es un clásico de la literatura juvenil, lo cual no quiere decir que no sea buena literatura, al contrario. Le Guin es un referente de la buena literatura en general (no sólo fantástica) y todos sus libros son recomendables. Además, y en caso de que alguien lo considere un valor añadido, escribe de lo que se conoce como literatura con valores. Sus historias hablan siempre de más cosas de las que parece a simple vista. Hablan de la generosidad, de la diversidad, de la libertad, de la amistad, de la paz, etc.

Es cierto que quizás no ha envejecido tan bien como otros clásicos y que algunas cosas nos pueden parecer trilladas, pero tenemos que contextualizar cada libro en el momento que fue escrito. Además, no olvidemos que algunos autores actuales le deben mucho, aunque no lo parezca. ¿O es sólo a mí que los libros del bueno de Rothfuss me la recuerdan mucho? Estoy pensando en todo lo referente al poder mágico de los nombres, que Pat nos cuenta a lo largo de las 2.000 páginas de su famosa Crónica del asesino de reyes y que Le Guin explica igual o mejor en los Libros de Terramar, pero también en cómo se parecen las cavernas subterráneas de Atuan con el Mundo Escondido de Auri, en La música del silencio (2014).

Saber nombres es mi oficio. Mi arte. Para tejer la magia de una cosa, ¿sabes?, se debe encontrar su nombre verdadero (…) hay un gran poder, y un gran peligro, en un nombre.

Personalmente, me ha parecido que esta segunda parte es de un nivel bastante inferior al primer volumen. O quizás sería más acertado decir que tiene un ritmo desigual: el comienzo me ha parecido bastante flojo y tedioso, y hasta que aparece en escena Ged no mejora. La parte final me ha vuelto a decepcionar y me ha provocado un cierto decaimiento, que ha condicionado mi valoración global de la novela. No descarto que la brevedad con que la autora despacha la historia tenga algo que ver. Quien sigue mis reseñas ya sabe que no tengo nada en contra de la literatura breve, al contrario, pero particularmente, en este caso, he echado en falta una mayor complicación y un auténtico meollo del relato.

La referencia al anillo de Érreth-Akbe quizás sea este motor, pero hay que decir que se introduce de manera bastante tangencial y avanzada ya la historia. Otro anillo, diréis… pues sí. Resulta inevitable siempre que aparece este objeto en una obra de fantasía épica pensar en Tolkien y sus hobbits, pero hay que recordar que ya antes del Maestro los anillos con poderes mágicos poblaban el folclore del norte de Europa y habían sido carnaza literaria (pensemos, por ejemplo, en el tesoro de los nibelungos).

Si a pesar de ello queremos proseguir el juego de las semejanzas, también podríamos señalar que Le Guin sigue el gusto por Tolkien de poner la historia en manos de protagonistas que suelen ser diferentes, pequeños, insignificantes, marginados o deformes. Está claro que no podemos atribuirlo únicamente a Tolkien o Le Guin. Es otro sello distintivo de este tipo de literatura, que llegaría hasta el propio George R. R. Martin y su Canción de hielo y fuego.

En definitiva, una segunda parte inferior a la primera pero que merece la pena ser leída. Le Guin siempre vale la pena ser leída, tanto cuando escribe una novela como cuando habla de literatura. Aquí os dejo el enlace para quien le apetezca al magnífico alegato a favor de la fantasía que hizo recientemente cuando le fue concedido el prestigioso National Book Award. Por cierto: si alguien espera novedades literarias de ella, que abandone toda esperanza. Las últimas noticias apuntan a que se ha retirado del oficio y que, a partir de ahora, se dedicará a aconsejar jóvenes escritores a través de un taller online de escritura.

Así que ya sabéis: ahora sólo nos quedará el consuelo de volver a Terramar y a sus otros universos a través de la relectura. Tampoco es tan grave. Son lo suficientemente vastos y ricos para satisfacernos en unas cuantas vidas.


Un mago de Terramar ★★★★★
Las tumbas de Atuan ★★★
La costa más lejana
Tehanu
En otro viento
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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