EL ÚLTIMO DESEO (1993) – Andrzej Sapkowski

Autor: Andrzej Sapkowski
Título: El último deseo (Ostatnie zyczenie)
Editorial: Alamut
Año: 2015 (1993)
Páginas: 254
ISBN: 978-84-9889-037-2
Valoración: ★★★★

 

Primera aproximación a la saga de Geralt de Rivia, el brujo protagonista de la famosa heptalogía del polaco Andrzej Sapkowski. Había leído comentarios muy elogiosos sobre la saga, pero escarmentado otras veces he preferido no formarme una opinión de antemano. Y ya puedo afirmar que si los comentarios daban una impresión buena, habiéndolo leído la impresión es aún mucho mejor. Es cierto que el lector de fantasía épica está habituado a la mitología derivada del padre de todo, Tolkien. Enanos, elfos, hombres, dioses. Tolkien construyó a base de muchísimos años y de una erudición sin parangón una mitología particularísima, al estilo de la de la Grecia clásica, que él tanto admiraba. Para ello, se basó en las antiguas leyendas nórdicas (las eddas islandesas, el Kalevala finés), que conocía de su labor académica en Oxford. Su legado perdurará para siempre y los aficionados al género no tendremos nunca suficientes palabras de agradecimiento. Pero también es cierto que la atracción por el mundo de Tolkien ha sido tal que la literatura fantástica lo ha tenido difícil para escapar de su influjo. Desde mediados XX y hasta hoy en día, cualquiera que haya escrito fantasía épica ha acabado cayendo en sus referentes mitológicos.

Eso sin contar que El señor de los anillos (1954-1955), su obra maestra sobre la Tierra Media, es uno de los ejemplos más convencionales de la aventura del héroe (partida, iniciación, apoteosis y retorno) y que dejó fijadas casi a modo de arquetipo las características para todo un género. Es así como incluso los libros más recientes, como es el caso de la Crónica del asesino de reyes, a pesar de amalgamar un buen puñado de méritos, dan al lector la sensación de cosa sabida, leída. Ya me referí a la hora de hacer la reseña de El nombre del viento (2007) al magnífico ensayo de Joseph Campbell El héroe de las mil caras (1949), que defiende la existencia de una estructura discursiva antiquísima que se va repitiendo en múltiples tradiciones culturales de oriente a occidente, y que puede tener que ver con esa sensación de agotamiento de los mecanismos narrativos del género.

Geralt, el brujo de Sapkowski, también participa en parte de la mitología clásica (elfos, enanos, gigantes y demás), pero aporta novedades originales que no se acostumbran a leer en otras obras de esta temática. Y su aventura se aleja del esquema de Campbell. El polaco, haciendo uso del folclore y la mitología eslava y centroeuropea, introduce su bestiario particular: junto a las estriges, las silvias, las mantícoras o los lobisomes, el lector reconocerá divertidas referencias al legado de los hermanos Grimm con algunas desmitificadoras alusiones a cuentos clásicos como La bella durmiente, Cenicienta, Blancanieves o Rapunzel. Y las peripecias del héroe de Rivia no tendrán nada que ver con las trascendentales epopeyas de sus ilustres antecesores. Geralt no viaja de un punto A a un punto B para volver después a A, sino que su vida es el viaje. Está perpetuamente en ruta hacia ninguna parte. De hecho, la grandeza está reñida con las aventuras de nuestro mago. Geralt, un mutante, un brujo, alguien que no pertenece a ningún mundo en concreto y que en todos se siente extraño, encarna el paria, el que es diferente. El extranjero.

No me parece estar exagerando si subrayo este hecho. Así como en otras obras de este género pueda ser excesivo pretender extraer demasiadas lecturas metaliterarias, las referencias a la idea del monstruo en esta dejan bastante clara la intención metafórica del autor a la hora de escribirla, creo.

Monstruos que deben matar a otros monstruos.

Geralt entre los hombres es temido y a menudo marginado, porque es diferente, y sólo puede dedicarse a cazar monstruos. En sus viajes, sin embargo, nos pondrá a prueba sobre la verdadera naturaleza de los monstruos. El monstruo, como el héroe, resultará que tiene varias caras. Y algunas bien humanas.

A la gente le gusta inventarse monstruos y monstruosidades. Entonces se parecen menos monstruosos a sí mismos.

Personalmente, que siempre busco algo más que simple entretenimiento en un libro, me ha satisfecho mucho esta lectura. No hay lecciones morales baratas al final, pero sí algún tipo de enseñanza. El autor usa la ironía de su pluma y el cinismo de su protagonista (un auténtico antihéroe) para hacer crítica a la acción del ser humano sobre el mundo. Se aleja, sin embargo, del nihilismo crudo y sin concesiones de Martin, el otro gran renovador. Ambos parecen señalar al hombre como fuente del mal y las bajas pasiones en este mundo (también Tolkien lo hacía), aunque Sapkowski no es tan amigo como el americano de crear conmociones cerebrales en el lector. La reflexión del polaco, sin embargo, no es menos punzante: el ser humano está cambiando el mundo según sus necesidades egoístas sin tener en consideración las otras formas de vida. Los humanos no aceptan las diferencias, por eso buscan uniformizarlo todo. A todos. El hombre es el verdadero monstruo.

En un efecto muy parecido al de la narrativa breve, de la que nace el libro, cada capítulo engloba una historia concluida e independiente del resto, con un final autónomo. Pero la suma de todos ellos también admite una lectura en conjunto, con un único final. En cuanto a la lengua, destacar que es tremendamente atractiva y actual, y que está llena de groserías y salidas de tono que, por ser inesperadas en otras obras del género, resultan irresistiblemente divertidas. Sin olvidar el lirismo cuando la ocasión lo requiere. La estructura narrativa, también, alternando un capítulo del presente y otro anterior, es de una elaboración inusual, no lineal, de agradecer. No exageran los que lo han apodado «el renovador de la literatura fantástica de nuestros tiempos». Mucho más que otros nombres más conocidos, Sapkowski ha sabido dar la vuelta a los viejos clichés y aportar el soplo de aire fresco que el género fantástico pedía a gritos.


El último deseo ★★★★
La espada del destino ★★★★★
Tiempo de odio
Bautismo de fuego
La torre de la golondrina
La dama del lago
Estación de Tormentas
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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