EL VAMPIRO ANTONIO RAFAEL BAPTISTA, AFINADOR DE PIANOS DE LISBOA

Fecha: 14 de octubre de 1884

Incluso hoy en día muchas veces cuando leemos el periódico (cualquiera), solemos tener la sensación de que nos están dando gato por liebre y que la objetividad periodística brilla por su ausencia. Desgraciadamente, en estos días que nos ha tocado vivir, sin embargo, la tergiversación informativa suele estar muy bien camuflada, disfrazada, envuelta con una convincente película de realidad. Sería muy fácil hacer ahora un chiste entre la verosimilitud de las aventuras del conde Drácula y, por ejemplo, las de otro conde mucho más relacionado con el medio informativo, el conde de Godó, pero no lo haré… A finales del siglo XIX, en cambio (o al menos esa es la agradable sensación que tenemos hoy cuando leemos alguna de las fabulosas noticias que encontramos en la prensa de entonces), resultaba grotescamente refrescante leer en medio de la crónica de lo cotidiano (que si ha habido tal accidente aquí o se ha producido tal guerra allí), una noticia como esta: el descubrimiento de un vampiro en el barrio lisboeta de Belem.

Efectivamente, el titular nos invita a leer con fruición para saber de este vampiro, perfectamente identificado con un músico y afinador de violines llamado Antonio Rafael Baptista (y que vive en la calle Caracol de Graca, 9, para más información). A medida que leemos la noticia, sin embargo, que reproduce de hecho otra aparecida en un diario portugués, nos damos cuenta de que el denominado «vampiro» no es en realidad tal vampiro, sino más bien una especie de desequilibrado mental que busca en la sangre de un bebé el remedio a una enfermedad que le han diagnosticado. De hecho, lo que nos cuenta el relato se aproxima más a lo que hoy sabemos que es una transfusión sanguínea (en este caso no autorizada) que no a un caso de vampirismo. Por el método usado en la extracción de la sangre del bebé, una jeringa, el romanticismo del mordisco vampírico desaparece (recordemos que los colmillos de los vampiros son tan sólo un invento literario [1]), y nos encontramos más cerca de los vampiros del Tour de France y de Eufemiano Fuentes que del conde Drácula de Bram Stoker.

En cualquier caso, se trata de una noticia ridículamente verídica sobre un tema candente a finales del XIX: el miedo al vampiro. Es cierto que el mito del vampiro ha hecho correr mucha más tinta en la Europa central (hace unos meses reproducimos otra interesante noticia sobre unas vampiras en el cementerio de Belgrado, de aproximadamente la misma época) que no en los países latinos, y que la tradición vampírica en Portugal es más bien escasa si la comparamos con Serbia, Bulgaria o Rumanía, o por lo menos menos conocida. Ahora bien, merecen ser mencionados al menos un par de casos muy curiosos de vampiros lusos, con nombres propios como quien dice. Es el caso de la Bruxsa, un vampiro femenino que cambia de forma para efectuar sus travesuras nocturnas o Lobishomen, vampiro portugués cuya fama atraviesa el océano y llega a Brasil, y que insufla en sus víctimas después de la mordedura unas ganas irrefrenables de practicar sexo [2].

Buen viaje y buena lectura
El piloto de la nave

 

La Vanguardia
Crónica

Los periódicos de Lisboa relatan un caso de vampirismo que resucita las espantosas supersticiones de la Edad Media. No se trata de un hecho fabuloso, sino real, comprobado por las autoridades que han tenido que intervenir para castigar al vampiro. Un periódico de Lisboa publicó hace pocos días una noticia concebida en estos términos: «Ha sido preso en Belem un hombre que estaba chupando la sangre de una criatura.» Esta noticia dio margen a las pesquisas de la policía, y de ellas ha resultado lo siguiente: María del Rey, lavandera de oficio, y moradora en la calle del Calvario, número 61, tiene dos hijos, una niña de doce años, y un pequeñito que aún no ha cumplido cuatro. Noches pasadas la hija de la lavandera observó que un hombre acechaba la puerta y procuraba con cierta insistencia aproximarse a su hermano —una criatura de complexión robusta y saludable—. Impresionada con lo que había visto, avisó a su madre.

—Anda ahí un viejo que parece quiere llevarse a Antonio —dijo la niña.

María del Rey no hizo caso al principio de la aprensión de su hija; pero después, más preocupada, replicó:

—Anda, hija mía, ten cuidado de él no se le lleven —y por su parte comenzó a observar los manejos de aquel sujeto.

En un momento que hubo de descuidarse, notó que su hijo había desaparecido, y desolada salió a la calle, encontrándole al pie de la casa de un barbero, en brazos del viejo que hacía algunas horas rondaba la casa. La criatura estaba con las mangas de la camisa arremangadas, y en el brazo derecho el viejo chupaba con verdadera fruición. Fácilmente se comprenderá la violencia con que María del Rey apostrofó a aquel que bebía la sangre de su hijo, y la humildad con que el tal se disculpaba, implorando perdón y diciendo que estaba lavando el brazo del niño con saliva.

A los gritos de la madre acudió la gente y el hombre fue preso, en ocasión que se le cayó de uno de los bolsillos una jeringa de las que sirven para inyecciones, y que María del Rey afirma estaba llena de sangre.

Llevado el vampiro a la presencia del jefe de policía de Belem, confesó su crimen de la siguiente manera:

—Yo soy muy débil y muy enfermizo. Dijéronme que con la sangre de los niños mejoraría, y realmente me encuentro notablemente aliviado.

Llámase el vampiro Antonio Rafael Baptista; vive en la calle del Caracol de Graca, núm. 9, y ha sido alumno del Conservatorio de Lisboa, donde aprendió a tocar el violoncello, dedicándose en la actualidad a afinar pianos y a tocar este instrumento en un café de la calle Nueva de Santo Domingo.

En el brazo del niño, y sobre el músculo deltoide, se advierte una pequeña mancha como la producida por la picadura de una pulga. Por las declaraciones del niño, parece deducirse que esta es ya la segunda vez que Baptista le chupaba la sangre. Imagínense nuestros lectores el ruido que semejante monstruosidad habrá producido en Belem y Lisboa, donde no se habla de otra cosa que del vampiro.»

→La Vanguardia (14 d’octubre de 1884, pàg. 3-4)


[1] Resulta muy interesante «Vampirismo. E.T.A. Hoffmann», El Espejo gótico. Consultado el 12/26/2013.
[2] Para los vampiros portugueses puede resultar interesante la lectura de este documento: Alexander Weiss, Los vampiros de Galicia, La Biblioteca de Cartago. Consultado 01/06/2014.

Imagen: The Exorcist (William Friedkin, 1973)

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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