LA MANCHA HUMANA (2000) – Philip Roth

Autor: Philip Roth
Título: La mancha humana (The human stain)
Editorial: DeBolsillo
Año: 2009 (2000)
Páginas: 432
ISBN:9788483465301
Valoración: ★★★★

 

Philip Roth es, en opinión del crítico Harold Bloom, junto con Cormac Mc.Carthy, Don DeLillo y seguramente Thomas Pynchon, uno de los escritores fundamentales -vivos- de la literatura norteamericana moderna. No sólo comparten generación, sino también la temática y las obsesiones literarias por una América terriblemente cambiante a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado -la América de la posguerra mundial-, y que se ha caracterizado por el despertar abrupto de lo que se llamó «el sueño americano». La generación posterior, la de los Bret Easton Ellis y David Foster Wallace, recogerá, en parte, su legado.

La mancha humana es una obra brillantemente escrita y de notable popularidad (como lo demuestra la rápida adaptación cinematográfica que se hizo), pero seguramente no sea su mejor novela. Junto a fragmentos magistralmente construidos, peca en otros de un exceso de introspección, lo que alarga innecesariamente la acción del relato sin introducir nada nuevo en la reflexión. Ahora bien, sí que amalgama admirablemente algunas de las características que han hecho de Roth el clásico moderno que decíamos. En primer lugar, el coprotagonista es Nathan Zuckerman, un alter ego de Roth que, desde El escritor fantasma (1979) y hasta hoy, ha aparecido en ocho de sus novelas. A veces es únicamente la voz narrativa, otras el protagonista absoluto. Aquí es el coprotagonista, que nos narra la vida de Coleman Silk, reputadísimo profesor de lenguas clásicas que afronta con comodidad sus últimos años de enseñanza en una pequeña universidad americana.

Esta situación ventajosa, sin embargo, se verá repentinamente truncada por un hecho del todo trivial. A la hora de pasar lista en clase y percibir que dos alumnos faltan reiteradamente, Coleman Silk comenta inocentemente:

¿Alguien conoce estos alumnos? ¿Tienen existencia sólida o se han hecho negro humo?

Los alumnos en cuestión resultan ser de raza negra, y la referencia al «negro humo» se interpreta como un ataque racista. Ni la calidad incuestionable -hasta entonces- de su labor docente, ni el prestigio de sus trabajos, ni el hecho de que aquellos alumnos no hubieran asistido hasta entonces a una sola de sus clases, nada servirá para desarmar una cacería de brujas basada en despropósitos y viejas envidias que acabará con la renuncia al cargo de Coleman Silk, su defenestración pública y su particular descenso a los infiernos, vencido por la bajeza moral y el puritanismo de un sistema disfuncional. Incapaz de asimilar la vergüenza, Silk se obsesionará de tal manera que arrastrará en su caída a su mujer, la cual, en el colmo de los despropósitos, acabará muriendo.

Querían matarme a mí, pero han acabado con ella.

Es entonces cuando Silk recurre a su vecino y conocido Nathan Zuckerman, el escritor, para que deje testimonio escrito de cómo ellos -el sistema- asesinaron su esposa y probaron de destruirlo. Zuckerman, de primeras, rechaza el encargo. Silk es un intelectual desprestigiado, un hombre enloquecido, su causa una tontería. Para más inri, después de los hechos trágicos del «negro humo» Coleman Silk ha comenzado una relación sentimental con una de las mujeres de la limpieza de la universidad, una chica mucho más joven que él y casi analfabeta, divorciada de un ex combatiente de Vietnam con serios desequilibrios mentales y que perdió a sus hijos en extrañas circunstancias. Al ojos de la sociedad, Faunia Farley es una nueva víctima del sadismo de Coleman Silk. La inquina, la frustración, la envidia y la cobardía de las gentes han hecho de Coleman Silk -un profesor y ciudadano ejemplar-, la fuente de todos los males.

Primero racista y luego misógino. A estas alturas de siglo es demasiado tarde para llamarlo comunista.

No es casualidad que La mancha humana esté ambientada en el verano de 1998, en pleno escándalo por el asunto Lewinsky, cuando la sociedad americana tuvo que afrontar un estallido de puritanismo y ramplonería sin precedentes. La realidad es, sin embargo, que Faunia y Silk pertenecen efectivamente a mundos muy diferentes, pero ambos son animales heridos que arrastran una abrumadora soledad, que sólo consiguen aliviar en compañía del otro. Su historia de amor no convencional les llevará al abismo, literalmente empujados a una cuneta por el ex marido de Faunia Farley y metafóricamente por aquella sociedad hipócrita -el diablo de los lugares pequeños, que dice Roth- que representa la Sociedad en mayúscula.

¡Aquí en Estados Unidos, o bien es Faunia Farley o Mónica Lewinsky! El lujo de estas vidas tan inquietas por el comportamiento inadecuado de Clinton y Silk.

A nadie le importa que en realidad Coleman Silk fuera un judío de raza negra y que este origen le hubiera marcado enormemente a lo largo de toda su vida. A nadie le importa que en un mundo regido por el hombre blanco, Silk hubiera tenido que renunciar a quien era, a su familia, a su identidad. A nadie le importa que eso le hubiera convertido en una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

¿Ser dos hombres en vez de uno? ¿Tener dos tonos de piel en vez de uno solo?

Esto era la verdad, y la verdad no importaba a nadie.

A nadie excepto a Nathan Zuckerman seguramente, que considera que tiene una deuda pendiente con Silk después de haber asistido impasible a su trágico final. Silk había huido toda la vida de su pasado de hombre negro, pero el malentendido del «negro humo» se lo había puesto delante los ojos de nuevo. No podemos huir de quienes somos. En el fondo, esta es la lección de la novela, que no por crítica falta de su particular moraleja, lo que puede resultar un poco molesto. Todo lo que somos, todo lo que hacemos, deja un rastro, una huella, una mancha.

Lo que se vio obligado a sufrir (las acusaciones, las entrevistas, la investigación) siguen siendo hoy en día una mancha en la integridad de la institución.

En este caso, una auténtica mancha humana.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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