FARIÑA (2015) – Nacho Carretero

Autor: Nacho Carretero
Título: Fariña
Editorial: Libros del K.O.
Año: 2015
Páginas: 365
ISBN: 978-84-16001-46-0
Valoración: ★★★★

 

Una amiga gallega me quería hacer leer un libro que describiera la idiosincrasia de la sociedad gallega y no acababa de encontrar ninguna que fuera bastante actual. Al final, prescindió de textos literarios y se decidió por este ensayo de investigación periodística, que muestra como el narcotráfico definió, para bien y para mal, una sociedad en paralelo a las vidas cotidianas de toda una generación. Nacho Carretero hace un análisis muy detallado de todo el fenómeno del narcotráfico en Galicia, que saltó a la fama con grandes operaciones como Nécora, con jueces estrella bajando de helicópteros y nombres que comenzaron a ser populares como el de Laureano Oubiña. A partir de entonces, las Rías de Galicia fueron conocidas ya no sólo por el turismo y el marisco.

Ahora bien, Carretero es un buen investigador y antes de hablar del narcotráfico, pone unas bases sólidas para entender cómo se pudo implantar este lucrativo negocio en ese territorio. En un capítulo inicial pone en antecedentes al lector sobre qué quería decir contrabando en Galicia más o menos hasta el final del Franquismo. Primero fue un contrabando de subsistencia en una frontera, la que separa Galicia de Portugal, muy porosa, y que servía para sobrevivir en épocas de gran miseria. Este tráfico se acentúa sobre todo después de la Guerra Civil, con nazis también involucrados para lograr el wolframio, pero que en la mayoría de casos era contrabando de medicamentos y productos alimenticios en la dura España de posguerra:

La penicilina se convirtió en la carga más codiciada y rentable, porque en aquellos años la tuberculosis no tenía piedad en las aldeas gallegas.

Este capítulo es explicado con gracia de quien lo mira en la distancia, sobre todo en el apartado de la Raia Seca, pero que no esconde la dureza de aquella época.

Más tarde llegó el contrabando de tabaco y aquí las cosas cambiaron, ya que el contrabando se profesionalizó y se convirtió en una actividad económica que no molestaba a los habitantes de la zona, ya que nadie salía perjudicado. Asimismo, las leyes eran muy laxas con esta actividad, lo que permitió crear todo un entramado de transporte, introducción de la mercancía y distribución que dejaba un buen rendimiento a los señores do fume. Clubes de fútbol y partidos políticos, cuerpos policiales, entre otros, comenzaron a beneficiarse de este negocio que a principios de los ochenta comenzó a perder intensidad porque ya no era tan lucrativo debido a unas leyes más duras y porque estaba a punto de llegar el narcotráfico. Ahora bien, de esta época quedaron expresiones como el Celta del Marlboro o el Winston de batea.

Con la infraestructura del contrabando, según Carretero, fue como los narcotraficantes colombianos vieron que Galicia era una gran puerta de entrada de su cocaína en Europa. Además de la infraestructura, otra característica que fue muy apreciada por los narcotraficantes fue la discreción y sobre todo que los gallegos se organizaban en clanes, muy cerrados y fieles, lo que aumentaba la eficacia. Las fuerzas de seguridad ni siquiera se convirtieron observadores, porque las descargas se hacían tan bien, que pasaban completamente inadvertidas. Con la droga, llegaba el dinero, que de nuevo servía para comprar todo, desde propiedades hasta bocas de policías y políticos. Algunos intentaron luchar, pero no salieron indemnes y es que en un primer momento:

Gozaban de impunidad. La Sociedad de las Rías Baixas los aceptaba, los tolerava y hasta admirava.

La gente no hacía nada porque el Estado, las autoridades y cualquier otra institución a la que de verdad le correspondía, no hacían nada.

Pero todo cambió con la operación Nécora, que si bien no tuvo el alcance que se quería, sí logró hacer visible el problema y a partir de ahí la policía empezó a organizarse seriamente. Otras operaciones siguieron a la Nécora, sobre todo dedicadas a luchar contra el blanqueo de capitales, más “fácil” de cazar que una descarga. Y en paralelo, también comenzó a haber la ingente tarea de asociaciones contra la drogadicción que pusieron de manifiesto que las drogas no eran un negocio, sino un problema.

Carretero se deshace en datos, de cómo actuaban los narcotraficantes, de las operaciones policiales y sobre todo de los clanes, los antiguos y los actuales, de todos los miembros, porque en algunos casos se trata de dos y tres generaciones que se han dedicado al negocio . Y si bien las primeras páginas tenían una cierta comicidad, cuando explicaba el pequeño contrabando de subsistencia o el del tabaco, las páginas dedicadas al narcotráfico son serias ya menudo descarnadas, porque fue una lacra que dañó la sociedad de las Rías y de toda Galicia . El autor ha realizado un gran trabajo de campo, con muchas entrevistas a personajes que vivieron el fenómeno, lástima que muchos, la mayoría, los mantendrá en el anonimato y eso hace que se pierda un punto de frescura; por el contrario, maneja muy bien todos los personajes de los clanes, los clanes satélites … con referencias constantes al interior del ensayo.

Fariña se convierte en una gran crónica de lo que ocurrió con el narcotráfico en Galicia y, de lo que el propio Carretero afirma, todavía pasa. Sólo que ahora ya no hay esa permisividad social y policial que hubo al principio, lo que dice mucho del territorio y del compromiso de quien ha de evitar que todo esto suceda.

Enric Bassegoda

Enric Bassegoda

Doctor en Filología. Profesor de lengua catalana en secundaria. Ha publicado varios relatos y ha ganado el Premi Ictineu 2016 a mejor cuento fantástico en catalán.

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