Artículo: Del lector activista y la literatura fantástica [por Miquel Codony*]

Por aquello de reírse de uno mismo, muchas veces me he descrito como lector “pesado”, pero si soy sincero conmigo mismo lo que quiero decir es que soy un lector “activista”. Lectores así los hay a montones y no utilizo la etiqueta con ninguna voluntad elitista, sino más bien en el sentido de lectura como acto colectivo que sugería David Guzmán en una entrevista reciente. Lo que quiero decir, y es algo con lo que sospecho que muchos blogueros aficionados a escribir reseñas se sentirán identificados, es a cierta desazón por compartir la opinión sobre lo leído, o a menudo incluso de llevar a cabo una retransmisión más o menos en directo de las impresiones cambiantes sobre lo que se está leyendo. Nadie nos ha pedido nuestra opinión, pero aquí la tenéis. No sé a cuántos de vosotros, lectores, os pasa lo mismo, pero para mí disfrutar un libro y no recomendarlo representa una oportunidad perdida, una lectura sin consolidar, incluso podría decir que es una lectura que no he asimilado por completo.

Activista, pesado, elija la etiqueta que prefiera o esté en desacuerdo la idea general, pero creo que ya entendéis lo que trato de explicar. Y soy verdaderamente escéptico sobre la relevancia que esto pueda tener a nivel de lectores o libros concretos, pero creo —o quiero creer— que este acto de comunicación entre lectores, ya sea en persona o a través de blogs o redes sociales, que tiene como tema el día a día lector, juega un papel fundamental en géneros como la ciencia ficción, la fantasía y el terror, especialmente en un país como el nuestro en el que la audiencia potencial es más bien… exigua.

¿Como, si no es a través de esta conversación asincrónica y deslocalizada, se ha de suscitar la curiosidad del lector por títulos tan poco presentes en las librerías como los editados por editoriales tan pequeñas, tan arriesgadas, tan eclécticas pero tan interesantes como Orciny Press,o Aristas Martínez, o los maravillosos volúmenes verdes de Males Herbes si sois lectores en catalán? ¿O la serie de interesantes novelas de ciencia ficción publicadas durante los últimos años por  Salto de Página? No estoy hablando, vale la pena aclararlo, del valor de este diálogo —y fijaos que no estoy diciendo “reseña”— en términos de ventas, ni siquiera como indicador de la calidad de novelas o autores o autoras concretos: creo, más bien, que es un reflejo inespecífico pero importante de la salud del género y creo, también, que no es sólo un resultado pasivo, consecuencia de, sino un posible incentivo que ayude a generar impulso, ilusión para la generación de historias fantásticas. Hablo también, y creo que esto queda claro, desde el punto de vista del lector, que no tiene porque coincidir ni con el del editor ni con el de los autores. Dicho de otro modo: mi lucha no es que escribir literatura de género sea comercialmente viable ni para unos ni para otros (pero me gustaría que lo fuera), mi lucha es que la gente lea y que lo explique, durante un café en la pausa del trabajo o por la noche al acceder a vuestra red social favorita. La lectura quizás es un acto solitario pero, como le sucedía al famoso gato de Schrödinger, si no abrimos la caja y compartimos lo que alberga en su interior no estará ni del todo viva ni del todo muerta.

Antes he sugerido que creía que esta colectivización del acto de la lectura —quizás sería más preciso hablar de ampliación de su ámbito social, no lo tengo claro— era especialmente importante para los géneros menos realistas, porque también son géneros minoritarios. Salvo contadas excepciones que han conseguido llamar la atención de un público más amplio (podemos hablar, si quereís, de los libros de Los Juegos del Hambre, o de los de Harry Potter, o de los de Juego de Tronos… libros, en definitiva que han encontrado el éxito en su adaptación a medios audiovisuales), no creo que nadie vaya a cuestionar que el grueso de los títulos que se publican con etiquetas “frikis” pasan desapercibidos para la mayoría de lectores más allá de un reducto de aficionados especialmente fieles. Este reducto es fundamental, por supuesto, y de hecho diría que está acostumbrado a sacar partido de las posibilidades de la tecnología para intercambiar opiniones y recomendaciones: Facebook, Twitter, Goodreads, aNobii, sedice … ya sea a través de redes sociales más genéricas o más específicas, los aficionados a la ciencia ficción y otros géneros no realistas siempre han encontrado en estos espacios virtuales la posibilidad de establecer un contacto que la geografía a menudo complcaba —aunque sería un error de omisión muy grave por mi parte dejar de mencionar encuentros periódicos en los que todo el mundo es bienvenido, como las Hispacon, en el conjunto del territorio español, las Ter-Cat en el ámbito catalán u otras tertulias similares en otras comunidades autónomas, o la futura CatCon que se celebrará en Vilanova i la Geltrú el 25 y 26 de noviembre de 2017—.

La dinámica habitual del mercado literario perjudica a los géneros minoritarios. Eso se complica especialmente al menos por dos factores: la cantidad de títulos que se publican es excesiva (al menos en castellano. En catalán, mi otro dioma principal, ese problema no existe …) y muchos de ellos son publicados por editoriales de reducido tamaño como algunas de las que he mencionado antes, con las dificultades de promoción y distribución que ello conlleva. Si los lectores queremos que se publiquen títulos de estos géneros sólo hay una cosa que no podemos dejar de hacer, y no me refiero a comprar los libros (ey, que también sería importante…): leerlos, hablar, compartir nuestras impresiones … que carajo, si la gente habla de fútbol o de la última frikada del Sálvame… no me digáis que hablar de los libros que nos han gustado no debe ser más divertido.

No basta con leer: debemos compartir.

© Miquel Codony
© imagen destacada El País (24/01/2014).

*Miquel Codony (Santa Coloma de Gramenet, 1976) es médico por formación pero nunca se ha dedicado a la clínica. Se ha dedicado profesionalmente a la traducción de textos médicos, tanto tratados y ensayos de psiquiatría como publicaciones periódicas. También se ha dedicado profesionalmente a trabajos más en la línea de su afición. Mientras existió la colección de Literatura Fantástica RBA ejerció de lector editorial en la misma y dirigió y fue el principal redactor de la web de la colección. Es miembro fundador del colectivo Urânik, asociación responsable de la organización de la MIRcon 2014 y de la Bcon o Eurocon 2016Su «hogar digital» es La Biblioteca de Ilium, el blog literario desde el que reseña las novelas de literatura fantástica que más llaman su atención, ya sea para bien o para mal. También participa en los podcasts Los VerdHugos Neo Nostromo, y en el club de lectura en formato de videopodcast The Spoiler Club. Es uno de los impulsores de Fantàstik, web colectiva dedicada a la literatura fantástica en catalán, y colaborador de la revista de ciencia ficción y fantasía SuperSonic Magazine[Informació extreta de la pàgina de l’editorial NOVA.]

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