Artículo: El libro perfecto

En la elaboración de un libro intervienen diversos actores; más allá del escritor, cualquier volumen acoge la confluencia de diseñadores, maquetadores, en ocasiones traductores, ilustradores… Muchos de ellos permanecen anónimos y otros aparecen firmando su colaboración pero todos ellos son los diversos elementos complementarios en un proyecto que llega a las manos del lector escondiendo, con frecuencia, la laboriosa tarea llevada a cabo. El libro es pues, más que el texto y las ilustraciones pues en el producto final se suman diversas sensibilidades y capacidades que confluyen y convergen. En Aventura en el barco, un libro publicado en 1956 por primera vez en español por Editorial Molino, se encontraron cuatro talentos excepcionales que firmaban su trabajo: Enid Blyton, Guillermo López Hipkiss, Stuart Tresilian y Pablo Ramírez. Cuatro artistas que coincidieron para crear el libro perfecto.

A inicios de loa años cincuenta, Molino se encontraba con un panorama editorial que exigía abrir nuevas direcciones pues, en esos años, la sociedad española empezaba a incorporarse, muy lentamente, a los modelos de una sociedad de consumo. Tras haber mantenido una posición de privilegio en el mercado de la novela popular gracias a la Biblioteca Oro, la irrupción de nuevas editoriales como Cliper, Dólar o especialmente Bruguera le obligaron a modificar sus estrategias comerciales. Fue en esos años en que se crearon colecciones dedicadas específicamente a sus autores estrella -Agatha Christie y Earl Stanley Gardner- y se decidió intensificar la línea de libro juvenil potenciando las colecciones con los títulos de Julio Verne y Richmal Crompton al tiempo que se preparaba el desembarco de Enid Blyton en nuestro país. Éste se llevó a cabo, inicialmente, con diversas colecciones –Aventura, Las mellizas en Santa Clara, Misterio.- que se presentaban a los lectores como un producto de alta calidad caracterizado por volúmenes de tapa dura y sobrecubierta, elegante diseño, excelentes y modernas portadas, cuidadas traducciones y notables ilustraciones interiores. Entre todas las primeras ediciones de Blyton, la colección estrella fue, sin duda, Aventura, y entre los títulos de la colección la joya de la corona fue Aventura en el barco.

Enid Blyton (1897-1968) es una de las autoras esenciales en la historia de la literatura juvenil; más allá de valoraciones morales, sociales o culturales, es innegable que su aportación ha sido decisiva desde el momento en que estamos hablando de una de las autoras más universales de todos los tiempos. Es posible que hoy en día su literatura no tenga el prestigio y popularidad de antaño pero conviene reseñar cómo, a mediados de los años cincuenta, sus novelas constituyeron una de las primeras apuestas sólidas que hubo en nuestro país de crear un espacio específico para la literatura juvenil. Más allá de sus innegables valores literarios, Blyton tuvo el extraordinario mérito de crear una generación de lectores jóvenes que, una vez adultos y siendo ya no sólo padres y madres sino rectores de la nueva sociedad democrática, fueron plenamente conscientes de cómo la literatura juvenil era una realidad cultural a desarrollar y a potenciar. Aventura en el barco (1950) era una nueva entrega de las peripecias de Jack, Jorge, Dolly y Lucy tras los volúmenes Aventura en la isla (1944), Aventura en el castillo (1946), Aventura en el valle (1947), Aventura en el mar (1948) y Aventura en la montaña (1949). La que fue sexta entrega de la colección era un episodio decisivo pues culminaba con la boda de Bill Cunningham, el amigo y mentor de los niños, con la madre -carnal y adoptiva- de los mismos, la señora Mannering. Inicialmente suponía el final de la serie pero, según explicaba la autora, fueron las insistentes peticiones de los lectores las que permitieron la posterior aparición de Aventura en el circo (1952) y Aventura en el río (1955). Aventura en el barco nos narra un apasionante viaje por el Mediterráneo -especialmente por las islas griegas- donde el encuentro con un viejo mapa del tesoro va a desencadenar una peripecia cargada de emoción e intensidad. Evocando a veces el tono british de Agatha Christie en Poirot en Egipto, homenajeando a Stevenson o proponiendo una suerte de singular precedente de Mi familia y otros animales de Gerald Durrell, la novela es una excelente pieza de aventuras con un equilibrio impecable entre todos sus diversos elementos.

Las ilustraciones interiores del volumen reproducían las originales de la edición inglesa y fueron responsabilidad de Stuart Tresilian, un exquisito dibujante británico de extraordinarias aptitudes; nacido en Bristol en 1891, tuvo una sólida formación como dibujante. Participó en la primera guerra mundial donde fue hecho prisionero y sus ilustraciones realizadas en el campo de concentración donde estaba recluido están expuestas en el Imperial War Museum. En el terreno profesional desarrolló una amplia labor como profesor y como ilustrador en revistas británicas de los años treinta y cuarenta y entre sus obras destacan su manual Human anatomy for art students  y sus composiciones para El libro de la selva de Rudyard Kipling, un trabajo que marcó la identidad gráfica de Mowgli en el imaginario colectivo. Como ilustrador de Enid Blyton fue el responsable de la colección Adventure, tanto de las estampas interiores como de las portadas. Tresilian fue un dibujante extraordinariamente efectivo y su pluma supo crear, con un admirable dominio de la figura humana y de las composiciones, unas atmósferas de enorme fuerza descriptiva y de gran intensidad dramática; su trabajo en Aventura en el barco fue brillante pues, con un uso expresivo de las sombras y de las composiciones,  supo dotar cada una de sus ilustraciones de la textura adecuada para intensificar y subrayar la emoción de la lectura.

El traductor del libro fue Guillermo López Hipkiss (1902-1957), una de las figuras legendarias de la novela popular española. Polifacético, imaginativo y fino estilista del lenguaje, a él se debe una de las grandes series de la novela popular de los años cuarenta, El encapuchado, probablemente el mejor pulp hispánico jamás elaborado comparable a los clásicos del género como La sombra o Doc Savage. Antes había creado diversos personajes y series, destacando Yuma, protagonizada por un detective -casi un superhéroe- que tenia su base de actuaciones en la montaña del Tibidabo de Barcelona, pero fue El encapuchado, a través de sus ochenta y dos entregas, lo que le convirtió en un autor de leyenda. En su momento la serie, ambientada en Baltimore y protagonizada por el millonario Milton Drake -que escondía su identidad de El encapuchado que le permitía luchar contra el crimen-, compitió con El Coyote de José Mallorquí y El pirata negro, de Arnaldo Visconti -pseudónimo de Pedro Víctor Debrigode-, pero frente a los modelos más decimonónicos de sus competidores la propuesta de G.L.Hipkiss -que así firmaba- creó las bases para desarrollar en España una auténtica novela negra. Si Hipkiss fue un novelista brillante, no menos importante fue su labor como traductor pues a él debemos muchas versiones españolas de clásicos del cine norteamericano y, de forma muy especial, numerosas fueron sus traducciones de algunos de los autores ingleses más conocido y divulgados en nuestro país; Richmal CromptonGuillermo el travieso-, Agatha Christie y la propia Enid Blyton. Muchos lectores hispánicos se aficionaron a la lectura a través de las palabras de Guillermo López Hipkiss.

De las portadas de la edición de Molino se ocupó Pablo Ramírez (1926-1966), el gran renovador de la ilustración española en los años sesenta, una figura capital que, en los últimos años, está empezando a ser reivindicado y valorado en toda su grandeza e importancia. En el título que nos ocupa, originariamente las ediciones inglesas iban encabezadas por unas portadas excelentes dibujadas por Stuart Tresilian. El editor, quizás porque las vio demasiado inglesas, o quizá algo antiguas -el trabajo del ilustrador británico tenía un aire muy años cuarenta, y es posible que el editor considerase que no era suficientemente moderno para atrapar a los lectores de los años cincuenta- optó por encargar a Ramírez unas nuevas portadas que dotaran a la serie de un nuevo y singular espíritu. Frente a las multicoloridas y abigarradas propuestas del autor inglés, Ramírez ofreció unas composiciones limpias y diáfanas, normalmente protagonizadas por pocos personajes que aparecían enmarcados en unas composiciones elegantes y cálidas. Con un gusto especial por el retrato, sus ilustraciones se centraban más en el gesto del personaje que no en la recreación de una escena del libro anunciando así un mundo entusiasta, confiado y juvenil, un universo de ficciones vitalista y emocionante que después encontraba su desarrollo narrativo en las narraciones de Blyton. En Aventura en el barco Ramírez creó una maravillosa portada mediterránea donde el color azul del mar se prolongaba con elegancia hasta los pantalones, la camisa y los ojos de un muchacho que, con cierto descaro, miraba fijamente al lector mientras apoyaba su pie en la borda de una pequeña barca que flotaba serena sobre unas aguas tranquilas, plácidas y luminosas. Sin duda, la costa de El Masnou donde vivía inspiró al autor para crear una composición que transmite una inolvidable luz y atmósfera mediterránea. Curiosamente, y de forma algo triste, el editor no quiso mantener los magníficos trabajos de Ramírez y a mediados de los sesenta encargó a otro ilustrador, Noiquet, la creación de nuevas portadas. Seguramente con ello intentaba lanzar de nuevo al mercado una colección que, a mediados de esa década,  empezaba a ser desterrada por el desembarco arrollador de las aventuras de Los cinco que publicaba Editorial Juventud.

Aventura en el barco fue un volumen ejemplar donde la suma de sensibilidades artísticas diversas se acrisolaron en un producto de factura impecable, una propuesta en la que el trabajo de todos los implicados generó una singular dinámica de complicidad que permitió que hoy podamos hablar, quizás algo alimentados por la nostálgica evocación de aquellos libros que marcaron nuestra infancia, del libro perfecto.

Aventura en el barco fue el primer libro que recuerdo haber leído.

Joan Manuel Soldevilla

Joan Manuel Soldevilla

Catedrático de lengua y literatura españolas. Profesor en secundaria. Es autor, entre otros, de los ensayos Som i serem (tintinaires) y Àngel Puigmiquel. Una aventura gráfica.

joan-manuel-soldevilla has 21 posts and counting.See all posts by joan-manuel-soldevilla

Deja un comentario