ACUARIO (2016) – David Vann

Autor: David Vann
Título: Acuario (Aquarium)
Editorial: Literatura Random House
Año: 2016 (2015)
Páginas: 224
ISBN:9788439731849
Valoración: ★★★

 

El escritor de Alaska, David Vann, fue conocido por los lectores españoles cuando la editorial Alfabia publicó Sukkwan Island en 2011, un largo relato incluido en Legend of a Suicide de 2008. Esta obra, tremendamente impactante, no pasó desapercibida, ya que se le otorgó el Premio Llibreter de ese año y propició que se tradujeran otras obras de este autor como Caribou Island, Dirt y Crocodile: Memoirs from a Mexican Drug-Running Port. Ahora es el turno de Acuario, una nueva apuesta de calidad de Penguin Random House, que ha sido traducido por Luis Murillo, y que, pese a que el autor afirma que no aparece ningún suicidio, vuelve a ofrecer momentos de extrema crueldad.

Los acuarios son grandes peceras que completan por sí solos un mundo:

Esto es lo que siempre me ha gustado de las ciudades, todos los mundos que se esconden, como el más grande de los acuarios.

La gente los observa para entretenerse y para conocer el comportamiento de los peces que contienen. Este es el caso de Caitlin, de doce años, que cada día después de la escuela espera en el acuario de Seattle su madre que termine su trabajo de estibadora. Provista de un pase anual, Caitlin pasa largos ratos mientras analiza la vida de los peces hasta que empieza a intercambiar conversación con un hombre viejo. Durante el primer tercio de la novela asistiremos a las vistas en el acuario y conoceremos las rutinas diarias de Caitlin, su madre, Sheri, y su novio, Steve, con quien hace poco que han empezado una relación. Un mundo tranquilo, donde la niñez de la niña hace que todo sea inocente y no se dé cuenta de todo lo negativo de este lado del cristal:

Lo peor de la niñez es no saber que también pasan cosas malas, que pasa el tiempo.

Todo cambia de golpe por dos motivos, el primero cuando un policía ve a Caitlin en el coche de noche y sola, mientras su madre termina unas horas extras. A partir de ese momento Sheri no hará más horas extras, a pesar de que sea un golpe muy duro para la economía familiar. Ahora bien, el descalabro gordo se produce cuando Caitlin explica que ha estado hablando con un hombre en el acuario. Sheri se exalta enormemente con su hija, sufre porque no sea un pederasta y lo que realmente descubrirán no le gustará nada, aunque la niña sí pondrá una serie de esperanzas en este descubrimiento.

En ese instante, la relación madre hija cambia completamente, se ve una madre cargada de ira y de traumas, que se acentuarán a medida que avanzan los acontecimientos: Para empezar, aquella madre cariñosa que se mataba trabajando para tener una vida digna y dar un buen futuro a su hija, se transforma completamente. Expulsa a Steve de su vida y empieza a maltratar a la hija, hasta llegar a los límites del abuso, por quererle enseñar una lección de vida, para que aprenda las dificultades que tuvo ella, sin dar esperanzas a la niña sobre el descubrimiento que acaban de hacer. Quiere que su hija entienda la dureza de su juventud y cómo se tuvo que arrastrar para salir adelante.

Ahora bien, la perseverancia de Steve, la candidez infantil de Caitlin y un nuevo horizonte que se abre con el resultado de ese descubrimiento, harán que finalmente Sheri cambie de opinión y de rebote se cambien las vidas de todos. Ella misma se sincera y entre líneas nos cuenta quién es el padre de la pequeña. Pero lo que parece un retorno a la calma familiar con la felicidad navideña, vuelve a saltar todo por los aires cuando Sheri hace un nuevo descubrimiento que implica a Caitlin y a su amiga de la escuela, Shalini.

En esta novela no hay suicidios, como dice el mismo autor, que ha vivido seis en su familia. Pero sí reaparecen las relaciones familiares convulsas, que también forman parte de su narrativa, de las confianzas y de la facilidad con que se pueden romper, aunque siempre hay posibilidades de arreglarlo, siempre hay una esperanza o un recuerdo para regresar a la confianza o bien a la felicidad, al perdón ya la obligación de darlo. Es difícil, pero está. Y Vann sabe cómo construir este discurso con una prosa ágil, con unos capítulos cortos que ayudan a incrementar la emoción y a no parar de leer para querer saber más de aquel pasado familiar y sobre todo consigue crear finales que no son finales, ya que la novela dispone de diferentes clímax narrativos que aparecen cuando pensabas que ya no había nada más que decir.

David Vann es un autor de aquellos que crean lectores, capaz de narrar lo mejor y lo peor. Celebramos pues esta edición de una gran novela que como ya se está viendo, no pasa desapercibida para los amantes de la buena literatura.

Enric Bassegoda

Enric Bassegoda

Doctor en Filología. Profesor de lengua catalana en secundaria. Ha publicado varios relatos y ha ganado el Premi Ictineu 2016 a mejor cuento fantástico en catalán.

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