ROUND #8: LA FAMÍLIA ULISES VS. LOS 4 FANTÁSTICOS

Título: La familia Ulises
Guionista: Joaquim Buigas, Carles Bech
Dibujantes: Marino Benejam, Josep Maria Blanco
Editorial: Ediciones B
Año: 2005
Páginas: 400
ISBN: 978-84-66622-55-4
Valoración★★★
Título: Los quatro fantásticos nº1 (Fantastic Four # 1)
Guionista: Stan Lee
Dibujante: Jack Kirby
Editorial: Panini
Año: 2005 (1961)
Páginas: 25
ISBN: 9788490946077
Valoración★★★★★

APERTURA: Si hay una serie que ha marcado la historia de los tebeos patrios, esta es La familia Ulises. Este año que conmemoramos el centenario del TBO es un buen momento para reivindicar un título que supo conectar con los lectores de varias generaciones hasta convertirse en una referencia compartida por millones de lectores; y no exageramos, las tiradas semanales de la revista en sus momentos álgidos superaban los 700.000 ejemplares. Porque si algo era La familia Ulises era una serie familiar, transversal, pensada para todos, para la abuela, la tía, el padre, el sobrino, los niños pequeños, los adolescentes, la madre, los yernos, la suegra y el perro; en aquellas viñetas pequeñas y densas, cargadas de texto e imagen, todos encontraban un retrato en apariencia amable pero sutilmente sarcástico de su cotidianidad.

La serie vio la luz en 1944, inicialmente con guiones de Joaquim Buigas, director de la revista, y dibujos de Marino Benejam, responsable gráfico de otros iconos del TBO como Eustaquio Morcillón o Melitón Pérez. Desde un primer momento el éxito acompañó su publicación y rápidamente pasó a ocupar un lugar preferente como era la contra de la revista, lugar que prácticamente nunca abandonó. La muerte de Buigas en 1963 hizo que el todopoderoso Carlos Bech, un autor capaz de redactar más de 100.000 guiones asumiera la tarea de guionizar la serie, que supo mantener la complicidad con los lectores. La huella gráfica de Benejam fue decisiva para explicar la popularidad del proyecto, y tan indisociable de ella que cuando tuvo que dejar de dibujarlo en 1969 por motivos de salud, un ilustrador ya consagrado como Josep Maria Blanco continuó la serie imitando el dibujo del maestro hasta su última página, publicada en 1979.

Las historias de La familia Ulises estaban protagonizadas por una familia pequeñoburguesa barcelonesa que vivía el ciclo del año celebrando San Juan, la noche de Navidad o la llegada de los Reyes Magos y se enfrentaba a pequeñas aventuras cotidianas; un malentendido con los vecinos, la visita del novio de la hija, el pastel que se había dejado demasiado tiempo en el horno … Don Ulises era el pater familias, pero en ella también encontrábamos la mater amatisima, doña Sinforosa, Lolín, la chica que la madre quería casar con un buen partido, los niños Policarpio y Merceditas, el perro Treski y la abuela, doña Filomena, uno de los pilares cómicos de cada una de las entregas de las aventuras gracias a su hablar iconoclasta. Los cambios de la sociedad española se reflejaban de manera ejemplar y así pasábamos de una ciudad de coches con gasógeno y cartillas de racionamiento a retratar el desarrollismo de los años sesenta y el incipiente consumismo donde emergía el deseo de comprarse un 600 y de tener un lugar de veraneo tan digno como el de los vecinos y parientes.

Bajo la apariencia de una serie amable, de humor blanco, dicen a menudo los estudiosos, La familia Ulises era mucho más triste de lo que parecía a primera vista; más allá de su valor como documento histórico del vivir cotidiano en los años del franquismo -en esto se convierte en un documento ejemplar-, las peripecias de don Ulises Higueruelo y compañía eran un retrato inapelable de la vida pequeña, aquella que no tiene expectativas, que se emociona por banalidades, que se preocupa obsesivamente de las apariencias, que fracasa en la mayoría de sus objetivos. La odisea de los Ulises -llamados así con crueldad joyceana- es asfixiante, poco ventilada, mohosa, castrada, poco estimulante en definitiva, y el protagonista se convierte en un Leopold Bloom menestral y catalán, apocado y ridículo que vive encorsetado por una familia absorbente en una Barcelona provinciana. Y ese es uno de los méritos incuestionables de la propuesta de Benejam y Buigas-Bech, haber sabido retratar la tristeza de la vida contemporánea, que no se convierte en tragedia sino, como mucho, en sainete de tercera división con el olor intenso del potaje de garbanzos.

Una serie es importante cuando establece vasos comunicantes con sus contemporáneos y con las generaciones posteriores; podemos leerla por sí misma, pero crece si lo hacemos al tiempo que visionamos La gran familia y La familia y uno más, las memorables películas de Fernando Palacios. O si lo comparamos con la alocada Familia Cebolleta de Vázquez, o con los infatigables Los Hollister de las novelas de Jerry West, hoy afortunadamente olvidadas. O con The Simpson, donde Matt Groening quizás quiso homenajear a Ulises bautizando a su cabeza de familia, también calvo, torpe pero en el fondo bondadoso, con el nombre de Homero.

Una serie es significativa cuando puede trascender su época y generar revisiones posteriores; a inicios del noventa se generó una magnífica versión actualizada como fue La familia Rovellón, de Efepé y Sempere, y en 2007 vio la luz un álbum de los que vale la pena leer, Estraperlo y tranvía, de Alfons López, una historia a partir de los personajes del TBO pero sin el almíbar bondadoso que caracterizaba todas las planchas publicadas.

Es posible que hoy La familia Ulises quede como una pieza extremadamente alejada de nuestra sensibilidad debido, entre otras razones, al dibujo pequeño y abigarrado de Benejam, a las largas parrafadas escritas por los guionistas, a los gags previsibles y reiterativos. Todo ello nos hacen extraña la lectura de la serie, pero es innegable que si obviamos estas particularidades encontraremos uno de los retratos más sólidos de lo que puede llegar a ser la vida familiar. Y descubriremos cosas demasiado cercanas que nos molestarán; por eso vale la pena redescubrirla.

Por cierto, recién acabada la redacción de este artículo, me informan de que el gran Antonio Altarriba acaba de publicar un magnífico análisis de La familia Ulises en Tebeosfera; leer su texto, de una solidez y rigor impecables, quizás empequeñece mis reflexiones, pero demuestra que no hay familia como la Ulises.

© Joan Manuel Soldevilla

Imágenes: ANTONIO ALTARRIBA (2017): “LA FAMILIA ULISES”, en REVISTA TEBEOSFERA, 2, Sevilla. Disponible en línea el 10/V/2017 en: https://www.tebeosfera.com/documentos/la_familia_ulises.html


Cuenta la leyenda que en el año 1960, mientras Jack Liebowitz, editor de DC Comics, disputaba un partido de golf con el propietario de Marvel, Martin Goodman, le contó que con La Liga de la Justicia habían juntado en un mismo título a Superman, Batman, Flash, Linterna Verde, Wonder Woman, Aquaman y Detective Marciano. Y le confesó que, literalmente, se estaban forrando.

Goodman quería copiar esa idea pero aún no podía publicar a Los Vengadores. ¿Por qué? Muy sencillo: ¿con qué superhéroes? Tenía al Capitán América, creado por Joe Simons y Jack Kirby en los 40, y… poco más. Ni Thor, ni Hulk, ni el Hombre Hormiga habían sido creados por el increíble tándem que formaban -relaciones personales a parte- Jack Kirby y Stan Lee.

Cuando Goodman se encontró con su guionista y director creativo le ordenó que creara un grupo de superhéroes que pudieran competir con los de DC. Lee llevaba ya dos décadas trabajando en Marvel –en aquella época aún se llamaba Timely- pero después de la Edad de Oro del cómic de los treinta y cuarenta, la decadencia de los años cincuenta hacía peligrar seriamente la viabilidad de la empresa.  Las ventas no acompañaban, y en 1957 Stan Lee había recibido el encargo de despedir a prácticamente toda la plantilla de dibujantes y guionistas.

La mujer de Lee explica –así lo recoge Sean Howe en su libro sobre Marvel- que su marido llegó a casa preocupado y decepcionado. Le comentó el encargo de crear un supergrupo, pero también le confesó que estaba planteándose muy seriamente dejar el negocio. Su mujer le animó a que realizara ese último encargo, pero que lo hiciera a su manera, algo así como que escribiera el cómic que realmente le gustaría escribir. “Total qué es lo peor que te pueden hacer, ¿despedirte?”.

Stan Lee llamó al mejor dibujante que trabajaba en Marvel, el inconmensurable Jack Kirby, para que se encargara de los lápices de esta nueva colección. La versión del creador del Capitán América es muy diferente. El Rey de los Cómics, muy dolido por la falta de reconocimiento social y económico que sufrió por parte de Marvel y de Lee, se atribuyó íntegramente la autoría de los 4F.

No es el momento de entrar ahora en las disputas en las que se han enzarzado los dos mayores creadores del cómic americano sobre autorías, famas o royalties. Con una curiosa manera de trabajar, la pareja Kirby-Lee es al cómic lo que Lennon & McCartney a la música pop. No se entiende el comic-book, ni los tebeos heroicos, ni las novelas gráficas, ni las sagas galácticas sin este tándem que, a pesar de todo, trabajó conjuntamente.

En 1961 salió a la venta el primer número de los 4F. En él, el científico Reed Richards, su guapísima mujer Sue Storm, el díscolo de su cuñado Johnny y el amigo común Ben Grimm se lanzan al espacio con la doble intención de avanzarse a los comunistas y de conseguir grandes logros científicos. El viaje espacial queda truncado cuando son acometidos por una tormenta de rayos cósmicos. Tras un aterrizaje forzoso, los cuatro tripulantes descubren asombrados sus poderes y deciden ponerlos al servicio de la humanidad.

Para dar mayor suspense, Lee-Kirby utilizan la estructura narrativa del in media res: al principio una bengala en el cielo de Nueva York dibuja el nombre del grupo. Los diferentes miembros, al  ver por primera vez la señal con la que se habían comprometido, dejan lo que estaban haciendo y se dirigen al piso –aún no es la Torre Baxter- en el que Richards les ha convocado. De este modo se nos presentan el carácter y los poderes de los personajes.

Cuando los cuatro se reúnen, en un flashback se explica el robo de la nave, el accidente espacial y el descubrimiento de los poderes, hasta que de vuelta al presente y liderados por Richards, lucharán contra un gran peligro: el supervillano Hombre Topo, que será el primero de los Dr. Muerte, Galactus, el Vigilante, Annihilus o Estela Plateada.

Hoy en día nos puede parecer un argumento arquetípico pero era un cómic singular por diversos motivos.  Se aproximaba al lector con esos personajes extraordinarios, ya que cada uno de ellos es un arquetipo estereotipado: a Sue la bengala la pilla tomando el té en casa de una amiga; a Ben Grimm, con su sempiterno puro (“es la hora de las tortas”) en una tienda de ropa a medida para caballeros; y a Johnny, en el taller mecánico recogiendo su coche que, como si de un personaje de Grease se tratara, ha llevado a tunnear. Reed Richards, por su parte, es el genio absorbido por su inteligencia y su sentido del deber. La identificación con los personajes se afianza todavía más al ser superhéroes sin capa ni disfraz que visten como cualquier neoyorquino de los primeros sesenta –en vez de un traje de colorines y barras y estrellas, en una decisión pragmática, se vestirán para ir a la batalla con el mono de la misión espacial-. Tampoco ocultaran su identidad secreta, e incluso con el paso de los números, todo el mundo sabrá dónde encontrarlos.  Otro factor de acercamiento serán las tensiones entre los miembros del equipo, especialmente las que hay entre Richards y Grimm, o años después la paternidad de los Richards-Storm o incluso su ruptura.

La mujer invisible, el genio con el cuerpo elástico, una mole de piedra y un hombre que se cubre de fuego a voluntad. Los cuatro elementos: aire, agua, piedra y fuego. Y hablando de agua y fuego, no todo es creación desde la tabula rasa. En la serie se reutilizan a dos buenos personajes de Timely de la Época Dorada: Namor y la Antorcha Humana. Uno de los primeros enemigos de los 4F es el Hombre Submarino, un personaje creado por Bill Everett en la década de los treinta y que protagonizaba impresionantes batallas contra la Antorcha Humana original,  un androide que se cubría de fuego  creado a finales de los años treinta por Carl Burgos y cuyos poderes son los mismos que los del pequeño de los Storm.

El cómic no sólo fue un éxito sino que provocó el despegue de la Edad de Plata de los cómics (que había comenzado a finales de los cincuenta en DC con Flash). Entre 1961 y 1963 el tándem Lee-Kirby creará a Thor, Hulk, La Patrulla-X, Nick Furia… A los que hay que añadir los personajes que Lee crea junto a Steve Ditko como Dare Devil, Dr. Extraño y, cómo no, el colega y vecino Spiderman. Ahora ya se podrían crear supergrupos de héroes famosos o viajar a la zona negativa.

Los 4F, nave insignia de la Casa de las Ideas, ha continuado publicándose hasta hoy. Cambió de manos, primero a las de Roy Thomas y a los lápices de John Buscema. Estuvo guionizado, escrito y dibujado por John Byrne. Han estado siempre presentes en los grandes acontecimientos del Universo Marvel: Todos menos Sue participaron en las Secret Wars, la familia se dividió en dos bandos durante la Civil War, y desde su versión Ultimate se inició la saga Marvel Zombies.

CIERRE: Pero si por algo destacan los 4F es porque hicieron explosionar el mundo del cómic. Lo llevaron a su segunda época gloriosa. Salvaron de la quiebra, si no a la industria, sí a Marvel y fueron la base para que la empresa fundada por Goodman superara en ventas y fama a DC. No se me ocurre ninguna otra familia, ni la de Mafalda, ni los Summers de X-Men (Scott, Alex, Cable…), ni los Simpson, ni siquiera la Familia Ulises, que haya influido más en el mundo del cómic.

© Jordi Casals


Un día u otro alguno de los dos caerá a la lona, pero mientras tanto, vamos sumando combates. Tras Maus vs. Mickey Mouse, Superman vs. Superlópez, Avengers vs. Hazañas bélicas, etc. llega hoy un combate de familias (ambas fantásticas a su manera). Los estilo son diferentes, pero Soldevilla y Casals nos garantizan golpes de gracia como nunca. Al final, ¿tú de quién eres?

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J.M. Soldevilla y Jordi Casals

J.M. Soldevilla y Jordi Casals

Autores de nuestra sección fija “Soldevilla vs Casals”, en la que periódicamente enfrentan en un combate imposible lleno de conocimientos y entretenimiento dos de sus cómics favoritos.

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