EL MURO DE LAS TORMENTAS (2016) – Ken Liu

Autor: Ken Liu
Título: El muro de las Tormentas (The Wall of Storms)
Editorial: Alianza/Runas
Año: 2017 (2016)
Páginas: 891
ISBN: 978-84-9104-601-1
Valoración: ★★★★

 

No hemos tenido que esperar mucho para poder leer en castellano la continuación de La gracia de los reyes, del sino-estadounidense Ken Liu, uno de los libros más populares del género fantástico del año pasado, e iniciador del denominado “silkpunk” (esta especie de steampunk venida de oriente que tanto interés despertó entre los lectores de nuestro país). Como ocurrió en aquella ocasión, este segundo volumen (de dimensiones aún más colosales) nos viene servido magníficamente por Alianza/Runas, que nos ofrecen una edición auténticamente sublime, con tapa dura y con preciosos mapas a todo color de los lugares donde transcurre la acción, en las contracubiertas. A destacar también la buena labor en la traducción, que corre a cargo nuevamente de Francisco Muñoz de Bustillo.

El muro del las Tormentas tiene buena parte de las virtudes de aquel primer volumen y, tal vez, algún inconveniente menos. Me explico. Nos encontramos unos años después del final de La gracia de los reyes. Kuni Garu es actualmente el emperador de Dara, tras su dramática victoria en la Guerra del crisantemo y el Diente de León, donde venció a su amigo Mata Zyndu, y se le conoce por Ragin. La historia que pudimos leer en el primer libro se ha convertido en leyenda y corre por todos los rincones del Imperio, en forma de cantares de gesta. Como todas las historias, sin embargo, se ha exagerado, mitificado. El Kuni Garu que cantan los trovadores no se parece mucho al real, que con el paso del tiempo y la paz acumula años y barriga. Tampoco sus preocupaciones actuales tienen mucho que ver con las estratagemas militares y los actos de heroísmo: las circunstancias lo han llevado a sustituir los dolores de cabeza del campo de batalla por las peleas domésticas. Timo, Phyro y Théra, los hijos tenidos con la emperatriz Jia y la consorte Risana son los causantes.

No hay que creer, sin embargo, que el libro se ha trivializado. De lo que ocurra en el seno familiar acabará dependiendo, en buena medida, el futuro de todo el Imperio. Así, a las travesuras de los mocosos hay que sumar las intrigas (complejas y maquiavélicas) de sus madres, que comenzarán a sufrir por un tiempo que pasa veloz e inexorablemente, y que aboca irremisiblemente el Imperio a un dilema inevitable: ¿quién será el heredero del emperador cuando éste muera? En consonancia a lo que ya leímos en el primer libro, hay que decir que resulta muy interesante todo el discurso de Liu a propósito del papel de la mujer, perfectamente extrapolable al mundo actual. Aunque todos los hijos del emperador demuestran tener virtudes y aptitudes para diversas tareas, quien tiene el perfil más idóneo para ser un buen gobernante, digno sucesor de su padre, es precisamente Théra, la hija de Kuni. Y la constatación de este hecho encenderá un primer foco de preocupación en la tranquila existencia del emperador: ¿Será capaz de preparar al pueblo y a su propia familia para un cambio tan radical, llegado el momento?

Algunas veces el mundo exige que un hombre o una mujer den un paso adelante para encarnar el deseo de muchos y así nacen los héroes y las leyendas.

Las islas de Dara, como la propia sociedad en general, vive obsesionada con algunas tradiciones, costumbres. No es amiga de los cambios y venera el pasado con una devoción a veces contraproducente. Ken Liu se encarga de hacer una crítica, sutil pero demoledora. En esta misma línea encontramos otro personaje femenino, igualmente extraordinario: Zomi Kidosu, alumna secreta del gran filósofo y estratega de Dara, Luan Zya. Zomi será un elemento de desestabilización de este entramado tradicional por muchos motivos, y está llamada a ser el catalizador de cambios muy importantes (y trágicos) en el devenir del Imperio. También en la propia estructura del libro que, alejándose de su predecesor, no se limita a la conocida multiplicidad de pequeñas historias (una de las gracias del primer volumen y que también se mantiene acertadamente en este), que nos llevaba a saltar constantemente en el espacio por los diferentes territorios de Dara, sino que también saltamos adelante y atrás en el tiempo, por lo que es necesario que el lector esté aún más atento si no quiere perderse.

Otro discurso de plena actualidad que introduce hábilmente el autor es el referente al tema de las desigualdades no únicamente de género, sino sociales. Kuni ha intentado corregir los desajustes del antiguo régimen, pero la vida de las personas de Dara continúa ligada inexorablemente a su nacimiento: los nacidos en familias ricas tienen mayores posibilidades de alcanzar puestos de responsabilidad en el gobierno que los de familias humildes. Las revolucionarias ideas de Zomi cuanto a los ideogramas anu (la manera tradicional de reproducir el pensamiento de los viejos filósofos) viene a ser un desafío en toda regla a este statu quo, a pesar de que no se derrame ni una sola gota de sangre. De hecho, en la primera mitad de la novela la violencia y la acción bélica no son los protagonistas, pero personalmente no los he echado de menos. Las reflexiones en torno al lenguaje con los ideogramas (una constante en el autor chino, como ya comentaremos también cuando hablemos de su antología de cuentos Zoo de papel) resultan muy interesantes, y es necesario que el lector los lea con la calma y la atención necesarias para disfrutarlos. Ya comenté en la reseña al primer volumen que si se quería disfrutar del libro, había que leerlo con calma. Este también.

Poco a poco, sin embargo, las dosis de acción van aumentando, en un tempo perfectamente controlado. La victoria de Kuni Garu trajo cosas positivas al Imperio y es cantada hiperbólicamente en canciones, pero también muchos antiguos reyezuelos que apoyaron durante la Guerra a Mata Zyndu han visto como su poder quedaba aniquilado con la victoria de Kuni y cómo los lujos del pasado se han transformado en el presente en pobreza y privaciones. Del descontento de esta situación nacen envidias y complots, y el recuerdo del hegemón se empieza a usar interesadamente como símbolo para alimentar la revuelta. Doru Solofi y Noda Mi, dos personajes ridículos y absolutamente faltos de valores apreciables, representan estos nobles que han venido a menos con el nuevo orden. Sin embargo, muchos los toman como los nuevos Kuni y Mata, y los siguen en su descabellada revuelta. Son la chispa que prende en Dara y que empieza a sacudir aquella tranquilidad.

Puede que Dara esté pacificada, pero los corazones de los hombres nunca están en paz

Es en este momento cuando la novela cambia drásticamente de rumbo. Todo lo que eran intrigas palaciegas, pequeñas riñas, etc. queda como en suspenso ante la aparición del pueblo de los lyucu, venidos del otro lado del Muro de las tormentas (una aparentemente inexorable fuerza de la naturaleza que mantenía aislado del archipiélago de Dara del resto del Mundo). De alguna manera, sin embargo, los lyucu han conseguido atravesarlo y pondrán a prueba la civilización de Kuni y el compromiso de los dioses, mucho menos participativos en esta segunda parte que en La gracia de los reyes. Podría haber sido una especie de deus ex machina algo forzado para justificar la unión de Dara en un solo puño para hacer frente a la amenaza externa, y hasta cierto punto es cierto que es esa la función que el autor otorga a este pueblo venido de ultramar, pero a la vez lo ata convincentemente con algunos cabos que había dejado sueltos antes, para hacernos reflexionar a propósito de los colonialismos, los nacionalismos y demás ismos de triste memoria.

Es sobretodo en el último tercio del libro (que no es poco) donde se acumulan los episodios bélicos y donde podemos leer nuevamente a propósito de los inventos mecánicos, las estrategias militares y los animales fabulosos de la zoología de Dara. Y en este caso también de fuera de Dara, ya que el elemento guerrero desestabilizador del pueblo de los lyucu es nada menos que el uso de dragones enormes. Quien haya leído La gracia de los reyes ya sabe que en Liu no hay magia, sino arte y técnica. Quien disfrutó de las crubens mecánicas y de las cometas en la primera parte no quedará decepcionado del ingenio desplegado por el autor en esta segunda. La ardua tarea de construcción del mundo de fantasía ya quedó suficientemente cumplida en el primer volumen, por lo que en este segundo el autor se puede explaiar en otras cosas, como en recrearse en estos artificios. Quizás, y si se le puede criticar algo a Liu, sea precisamente una cierta delectación en los detalles. La voluntad de ser verosímil llega a extremos a veces un poco excesivos.

Una dinastía joven debe atravesar un muro de tormentas antes de la primera sucesión.

Si La gracia de los reyes era la historia de Kuni y Mata, éste es la de los preparativos para la sucesión y, desde este punto de vista, los lyucu cumplen la misión de ser la prueba de fuego para los jóvenes príncipes, hasta entonces acostumbrados sólo a los juegos y la algazara. Un libro magnífico desde todos los puntos de vista, bellamente escrito y magníficamente editado, repleto de lecturas profundas y que propician reflexiones muy actuales y críticas. Quizás no sea la originalidad su punto fuerte, pero la suma de sus virtudes lo convierte en una de las lecturas imprescindibles del año en el género de la fantasía épica. Igual como el primero, también es autoconclusivo en la peripecia central que nos presenta, y como el primero, deja de nuevo la puerta abierta a la continuación de la historia general de los destinos de Dara, ahora ligados al del pueblo lyucu. Esperamos poder disfrutar pronto del desenlace.

 

Saga de la Dinastía del Diente de León:
La Gracia de los Reyes ★★★★
El Muro de las Tormentas ★★★★
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Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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