TRAZOS DE LUZ (2016) – David Sandó y Marc Juera

Autores: David Sandó, Marc Juera
Título: Trazos de luz (El legado de los primeros)
Editorial: Círculo Rojo
Año: 2016
Páginas: 564
ISBN: 978-84-9126-584-9
Valoración: ★★★

 

Si una palabra define la tarea de David Sandó como escritor, esta seguramente sea “ambición”. Carlos Acedo ya reseñó hace unos meses en este mismo espacio La fortaleza de las mil mentes, su debut en el mundo del fantástico, primera novela de una larguísima saga de ciencia ficción que el autor tiene proyectada, bajo el título de Crónicas de las guerras coloniales. Ahora, en colaboración con Marc Juera, nos trae otra saga, de características diferentes, pero igualmente extensa y ambiciosa: El legado de los primeros. En este caso, el escenario es un mundo fantástico, en la mejor tradición de la fantasía épica, y el público potencial al que parece ir dirigida esta obra es el juvenil.

El primer acto de esta saga lleva por título Trazos de luz. Desde la primera línea nos damos cuenta que se trata de una obra de fantasía clásica, en la línea de los grandes autores. De hecho, las deudas con los grandes resultan bastante evidentes, sobre todo con Brandon Sanderson, de quien Sandó-Juera toman algunos conceptos relacionados con la naturaleza “científica” de la magia, aunque hábilmente transformados. Pero no sólo Sanderson: la consideración de una magia rural y una magia más elevada nos acerca a la grandísima Ursula K. Le Guin, en la misma medida que la peripecia y la idea del viaje y la existencia de la Academia de magia lo hacen a Patrick Ruthfuss y las carnicerías y el vocabulario patibulario e hiperrealista de algunos fragmentos lo hace al grimdark de Joe Abercrombie o George R.R. Martin, por poner sólo dos ejemplos (más al primero que al segundo).

El libro está bien estructurado, no da la sensación de improvisación, la mezcla de escenas de acción y pausa se alternan comedidamente y todos los misterios aparecen en su justa medida y en el momento adecuado. Lo que hace pensar que la trama general de toda la saga ya ha sido perfectamente planificada por los autores desde el principio y, por tanto, que existe un plan maestro trazado a conciencia que nos guiará satisfactoriamente por todas las páginas, aventuras y misterios de esta saga. Es de agradecer que un libro no te haga dar vueltas de forma errática e innecesariamente. Ya era también una característica de La fortaleza de las mil mentes, una obra con muchos matices y compleja, pero que tenía como una de sus mayores virtudes la planificación.

Así pues, no sorprende que Trazos de luz tenga un arranque potente. Es la mejor manera de enganchar a los lectores, sobre todo cuando se trata de una obra tan larga. El principio es esencial para asegurar que el lector continuará leyendo (este libro y los siguientes). Sandó-Juera lo tienen claro, y el prólogo (que lo es a este libro pero da la impresión de que también a toda la saga) se devora con rapidez. El nacimiento de la protagonista de nuestro relato y el misterio que rodea su nacimiento no es precisamente de una originalidad nunca vista, pero ciertamente la prosa de los autores resulta muy convincente para invitarnos a seguir leyendo. Y sin darnos cuenta de ello, las páginas se irán escurriendo entre nuestros dedos. Y es que se trata de un libro largo, como corresponde a cualquier libro de fantasía épica que se precie, que no osbtante no se hace largo.

A partir del capítulo 1, en el que nos situamos unos años más tarde, nos sumergimos de lleno en la acción de la historia, propiamente. Nos encontramos en Hefestia, la capital del reino de Atroreth. Es donde se encuentra la Academia de magia. En este mundo fantástico la magia lo envuelve todo, literalmente: es la responsable de que haya luz, agua, medicina, transporte, etc. Es un mundo mágico y quien más quien menos todos tienen acceso a ella. Bueno, todos no: Alia parece estar absolutamente negada para la magia, lo cual no deja de ser sorprendente. Todo lo contrario que Suri (Suricata). Ambos se conocerán fortuitamente en el Coliseo, una especie de taberna donde tienen lugar duelos de magos. Al estilo de los enfrentamientos de quidditch de las peripecias juveniles de J.K. Rowling o, sobre todo, de Patrick Rothfuss. En el Coliseo tendrá lugar precisamente un acontecimiento que precipitará la acción central del libro: venidos de otra dimensión, una especie de lagartos ocasionarán una auténtica carnicería. Suri se dará cuenta de que estos seres parecen buscar a Alia entre la multitud, por lo que decide salvarla de una muerte horrible.

A partir de entonces, Alia, de vida tranquila y mediocre (como corresponde a los protagonistas en este tipo de historia) entra en un mundo que desconocía, lleno de peligros, emociones, tristezas y sí, también amores. Junto a Suri, conocerá la existencia de otros universos paralelos, con otros seres, y sus historias. Como los lorkin, refugiados en la Tierra después de la expulsión de su dimensión, o el malvado Señor de la Guerra Korro’th y sus esbirros, con sus planes de expansión transdimensional. Y conocerá también el lado más oscuro de su propio universo: la Inquisición, una institución claramente inspirada en la que existió en la realidad y que ha hecho de los prejuicios su razón de ser. Y al frente de la Inquisición, el archienemigo de Suri, Mayor Tremeler. Alia también conocerá el poder realmente extraño que posee: a diferencia de la mayoría de la gente, ella no parece poder usar la magia, pero sí la absorbe. Es capaz de contrarrestar cualquier tipo de magia. Una divertida aberración, en un mundo donde todo se mueve a través de ella. A causa de ella. Es el eterno viaje vital del héroe, la búsqueda en último término de la propia realización personal, del esclarecimiento de los orígenes oscuros.

Si la originalidad no se encuentra en los materiales (tampoco era el caso de los referentes que usan los autores), sí hay que destacar el esfuerzo que han hecho en la forma en que se desarrolla el libro. En primer lugar, cabe destacar que no hay elipsis, todo está encadenado. A veces cambiamos de personajes o de escena, pero el tiempo no da saltos bruscos, sino que todo discurre en un continuum. En segundo lugar, resulta interesante que cada capítulo centre la atención en uno de los personajes, de tal manera que a menudo tenemos una misma acción representada desde perspectivas diferentes, con matices diferentes. Es cierto que ya habíamos visto algo parecido en Elantris, o en la saga de Canción de hielo y fuego, pero el efecto está logrado, y se agradece el esfuerzo. Además, son pocas las veces que este mecanismo nos resulta reiterativo y nos obliga a pasar dos veces por lo mismo, de la misma manera, violentando el ritmo del relato, por otra parte trepidante y que no nos ofrece ni un segundo de descanso. El final es espectacular y heroico, como corresponde, y cierra algunas tramas con acierto. Aunque el último capítulo de todos abre interesantes vías para la continuación (como corresponde, también) que, si se cumplen los plazos, debería aparecer en breve.

En conclusión, Trazos de luz es una prometedora primera parte de lo que se insinúa como una saga larga y compleja. Los autores han sabido mezclar con acierto diversos géneros (thriller, policial, de terror, de misterio) bajo el gran paraguas que les ha proporcionado el fantástico. Como puntos fuertes, un planteamiento claro y bien construido, una prosa ágil, un discurso no sólo expositivo, sino reflexivo en algunos momentos, capaz de ser crítico con la realidad extraliteraria incluso (por ejemplo en cuanto a las consideraciones sobre las clases sociales o a la diferencia entre especies) y un worldbuilding convincente. Como inconveniente, quizás el hecho de ceñirse excesivamente a elementos conocidos y referentes que los lectores acostumbrados al género tienen más que sabidos. Además, tal vez serían de agradecer más matices en el carácter de los personajes. Si algo hemos aprendido de la fantasía épica más oscura es precisamente que no hay buenos muy buenos ni malos absolutamente malos.

Se atribuye a Bernard de Chartres la frase “somos enanos sobre los hombros de gigantes”. Aquí Sandó-Juera lo han tenido muy presente a lo largo de todo el libro. Comprensible y prudente, en un primer envite. Ahora hay que esperar que sean capaces en las próximas acometidas de liberarse del corsé de la tradición y dar más libertad a su propia voz. Desconozco cuántos libros de fantasía épica se escriben en castellano a lo largo de un año, pero me atrevería a decir que este se merecería aparecer por méritos propios en la lista de los más prometedores de 2016.

Mención aparte la edición: aquellos que a día de hoy todavía tengan prejuicios sobre la calidad de las obras autoeditadas deberían dar un vistazo a la edición de Trazos de luz.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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