BRÚJULA (2015) – Mathias Enard

Autor: Mathias Enard
Título: Brújula (Boussole)
Editorial: Random House
Any: 2016 (2015)
Páginas: 448
ISBN:9788439731818
Valoración: ★★★★★

 

Terminé de leer Brújula un domingo de otoño justo cuando Estado Islámico había hecho una razia sobre Palmira y la había reocupado temporalmente. Poco después se había retirado a la ciudadela medieval hasta que abandonó la ciudad de nuevo. Era como si la lectura se alargara con los hechos de la actualidad y me transportara hacia aquel Oriente que acababa de leer en esta obra fabulosa que nos ha ofrecido Mathias Enard y que fue reconocida con el Premio Goncourt de 2015.

La novela comienza cuando el protagonista, Franz Ritter, un musicólogo austríaco de ascendencia francesa, se acuesta después de haber tenido un día dual, primero tuvo que visitar al médico que le ha confirmado que tiene una enfermedad grave con el nombre del médico que la descubrió y que se convierte en un nombre funesto; esta enfermedad, por cierto, queda oculta durante toda la novela. Por suerte, también ha recibido la separata de un artículo, sin ninguna nota que la acompañe, sobre el orientalismo en la obra Balzac que le ha enviado Sarah, una antigua colega, con quien enseguida se ve que hay una relación que va más allá de la amistad.

Ritter empieza a leer el artículo y no lo encuentra especialmente acertado, pero entre la lectura, una cierta angustia por la enfermedad y los nervios para volver a tener noticias de Sarah, que se encuentra en Indonesia, al oriente de Oriente, queda desvelado, tal como el protagonista de Un hombre en la oscuridad de Paul Auster. Es en esta vigilia nocturna cuando comienza un repaso apasionante, erudito y lleno de ironías de su relación con Sarah, de la visión de Oriente que se ha tenido desde Occidente, también de historias de orientalistas que con más o menos fortuna viajaron e hicieron estudios de Oriente. Las historias son continuas, tal como un flujo mental, con páginas y páginas sin puntos y aparte, sin separación, como de hecho lo son los pensamientos que enlaza alguien cuando padece insomnio. Sí se van encontrando unas pausas, las horas, y otras, unos pequeños títulos sobre tratados de la locura en Oriente, pero que se funden entre el resto de pensamientos y de historias, que no se convierten en pausas ni en separaciones temáticas. La noche de insomnio se convierte, sin que lo diga el protagonista, en sus Mil y una noches particulares, en la historia que debe explicar para mantener el recuerdo y sobre todo el amor hacia Sarah.

Mientras Sarah está al oriente de Oriente, Ritter vive en Viena, la puerta de Oriente, la ciudad sitiada por los otomanos durante la Edad Moderna y que fue capaz de proteger a Europa. Pero también es en Austria donde se conocieron ellos dos en un congreso de orientalistas en el castillo de Hainfeld, residencia del primer orientalista austriaco, Joseph von Hammer-Purgstall. Después de este encuentro, vinieron muchos otros, a menudo en el Oriente que tanto los apasionaba, pero que nunca es mítico, sino que lo describe tal y como es, fascinante, sí, pero también lo critica cuando toca.

El orientalismo debe ser un humanismo.

Y no como los occidentales que llegaban a Oriente para estudiarlo a su manera, mientras se olvidaban de sus habitantes, y se colgaban medallas o se repartían parcelas de estudio y de gloria

En Siria se encontraba de todo, desde especialistas suecos de literatura femenina árabe hasta exegetas catalanes de Avicena.

En el transcurso de estos viajes conocieron las historias de personajes muy curiosos, como Marga d’Andurain, conocida como la Zenobia de Palmira, y que fue la primera mujer occidental que intentó llegar a la Meca, o Annemarie Schwarzenbach, una orientalista suiza, con una vida marcada por el opio, esta droga y la relación con los protagonistas será otro tema que se irá encontrando a lo largo toda la novela. Es curioso cómo, mientras los episodios que protagonizan él y Sarah los explica en pasado, las peripecias de los orientalistas históricos son narradas en presente.

Los orientalistas históricos no serán los únicos que tendrán un papel en la narración de Ritter, también sus compañeros de viajes y aventuras serán descritos con originalidad, así presenta al histriónico Bilger, un arqueólogo británico, saqueador de yacimientos y amante de la buena vida, o también a Marc Faugier, adicto a los barrios marginales, la lujuria y con una vida marcada por la adicción al opio que lo llevará a un mal desenlace. Con ellos recorrieron Siria, pasaron la noche en la ciudadela de Palmira y fue allí donde Franz pudo acercarse a Sarah y dormir sobre su estómago cuando ya estaba completamente enamorado a la vez que completamente cohibido por aquella mujer mágica:

Notaba contra mí el calor del cuerpo de Sarah y mi embriaguez era doble.

Y es esta relación la que es mítica, que sobrevive al paso del tiempo, y que siempre tiene a Oriente como punto de encuentro. Es la brújula del título, un objeto que se encuentra en los hoteles árabes para saber donde está la Meca, como en Occidente hay Biblias, es decir, su punto de referencia, el hogar donde siempre se regresa, el amor que marca vidas.

Desgraciadamente es la visión de Franz, porque nunca confesó su amor a Sarah y tuvo que ver como ella se casaba con un iraní durante la Revolución Islámica, magistralmente relatada a través de una historia de amor y de traición de un de estos amigos comunes, Gilbert de Morgan, que engañó a Fred Lyantey, convertido al islam y firme partidario de Khomeini, para conseguir infructuosamente los amores de Azra. Enard consigue así que lo importante sea la historia personal y que la Revolución sea el decorado, aunque está mejor explicada que muchos libros de ensayo histórico y con el añadido curioso y humorístico de las dificultades para conseguir vino y bebidas alcohólicas que tenían las delegaciones diplomáticas.

También quisiera destacar en este ámbito histórico las explicaciones del papel que tuvieron los estudios orientales en Alemania, sobre todo durante las dos guerras mundiales y como trabajaron para atraer a los árabes a su favor. Una historia dentro de la historia acompañada de reproducciones de fotografías que ilustran todo lo que se dice. También merece atención especial como se entretiene contando la historia del arte europeo a base de autores enfermos o bien de tuberculosis o de sífilis, o de ambas a la vez.

Entre insomnio y explicación, Franz Ritter decide enviar un correo electrónico a Sarah con muchas esperanzas, pero se conforma, simplemente, con recibir una respuesta, porque después de la muerte de su hermano, Sarah desapareció para volver solo espontáneamente a la vida de Ritter. Él, en cambio, la tiene siempre presente, como se puede apreciar en esta noche de vela a la que hemos asistido, hemos conocido sus vidas y hemos aprendido muchísimo. Pero sí, recibirá respuesta con un correo electrónico al final de la novela, en un episodio muy poético y con una lectura poliédrica que cierra de manera espectacular una obra que ya lo era de por sí, pero que con estas páginas finales asciende al sublime. Y si por algún momento la novela tal vez se había hecho larga, con este último episodio se constata como Brújula merece estar en el Olimpo literario y como Mathias Enard es, además de un conocedor experto de Oriente y un gran erudito, un escritor con un gran talento literario.

Si se habla de Oriente, de la actualidad y de Palmira, ¿cómo es tratada la Guerra de Siria? Pues bien, Enard vuelve a ser magistral, porque aparece rara vez en el texto y no toma partido, simplemente se lamenta de la guerra en sí, que todo lo que Franz Ritter había visitado y disfrutado ahora, tal vez, ya no existe. Con todo, a las dedicatorias finales sí aparece un lacónico, pero extraordinariamente expresivo:

A los sirios.

Enric Bassegoda

Enric Bassegoda

Doctor en Filología. Profesor de lengua catalana en secundaria. Ha publicado varios relatos y ha ganado el Premi Ictineu 2016 a mejor cuento fantástico en catalán.

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