EL ESPÍRITU DE LA CIENCIA FICCIÓN (2016) – Roberto Bolaño

Autor: Roberto Bolaño
Título: El espíritu de la ciencia ficción
Editorial: Alfaguara
Año: 2016
Páginas: 224
ISBN: 9788420423913
Valoración: ★★★★★

 

Son cuantiosas las veces que he imaginado (y aún imagino, aunque puede que con menos frecuencia) a Roberto Bolaño pariendo paulatinamente Los detectives salvajes mientras mercadeaba productos de bisutería en una paradita situada en una anodina esquina del casco antiguo de Blanes. He de reconocer que esta fantasía erótico-literaria se expande de vez en cuando en mi mente como un nubarrón abrupto. Pero yo no me corto y también me tomo la licencia de visualizar a Bolaño cuando regentaba el local de juegos de rol y estrategia en el 39 de la calle Bellaire, manteniendo disputas sórdidas aunque amistosas con los convecinos del pueblo. Blanes, un pueblo que se puede jactar de haber acogido hasta los últimos suspiros de una ajetreada vida a uno de los escritores hispanoamericanos más influyentes ‒sino el que más, el tiempo hará justicia‒ de nuestros tiempos. Precisamente, su interés por los juegos de mesa no debería sorprender. Alfaguara ha publicado recientemente El espíritu de la ciencia ficción, donde Bolaño, sediento de palabras, conceptos y letras, juega con la literatura ficticia para escapar y enfrentar-se al mismo tiempo a la quimérica y ominosa realidad.

Como bien declama, en el prólogo de dicha edición, Christopher Domínguez Michael, Roberto Bolaño accedió a la ciencia ficción no para especular sobre el futuro o escupir predicciones, sino más bien para evadirse momentáneamente de un entorno opresor y corrosivo. Para el chileno, y concretamente en este volumen, la ciencia ficción se entiende como un estado moral. Un bunker que ofrece una cálida protección ante los fascismos y los totalitarismos latinoamericanos. Acabada en 1984 (sic) en la localidad gerundense, pero empezada en la Méjico que lo acogió y arropó durante su exilio, El espíritu de la ciencia ficción supone el primer tanteo de un joven escritor aún dubitativo y fresco pero con un resultado final que deslumbra; un disparo de fogueo con una potencia y una onda expansiva fantasiosamente maravillosa.

La narración se remonta a dos compañeros de buhardilla, jóvenes estudiantes y potencias de escritores. Uno de ellos, Jan Schrella (que encarna a Bolaño), está obsesionado con sus escritores de ciencia ficción favoritos, a los cuales rinde pleitesía enviándoles misivas de admiración. Mientras tanto, su colega Remo Morán, asiste a talleres literarios y se pierde en callejuelas de aventuras, saunas y amaneceres que tienen lugar en distrito federal. La trama se estructura a través de un punto de trifurcación: el primer camino refleja una particular entrevista a un escritor al que se le ha concedido un premio recientemente. Se trata de un reportaje con un contenido misteriosamente bélico. El otro segmento se centra en exclusiva en esas epístolas enviadas a célebres autores de ciencia ficción. Entre ellos: Ursula K. Le Guin, Forrest J. Ackerman, Robert Silverberg, Alice Sheldon o James Hauer. Un último itinerario, probablemente el más convencional, describe en primera persona las experiencias metropolitanas de Remo. Las distintas líneas paralelas de narración se van alternando, como un vals magistralmente ejecutado y con una espléndida orquestra vienesa como fondo.

Pese a que, como se comentaba anteriormente, la ciencia ficción es una válvula de escape anímica, Bolaño escribe El espíritu de la ciencia ficción en clave jovial, divertida y optimista. Por otra parte, este formato para nada arquetípico le concede al libro un aire fabuloso y original. La historia alude al néctar de la juventud, a la vital y enérgica búsqueda de los gustos por el amor y la poética. Fiestas, resacas y canutos, y en medio se halla presente una alegoría al hechizo de la vida y al lado más simpático de los excesos.

Por cierto que en la edición presente viene anexionada una selección de páginas originales y escaneadas que formaban parte de los diferentes cuadernos que Bolaño usó como esbozos para la producción de esta obra. Estos manuscritos se consideran un objeto de deseo y de fetichismo de la exquisitez del reino de los vocablos.

Me pregunto reiteradamente y sin éxito alguno de respuesta, qué diantres tiene Bolaño que no tenga cualquier otro escritor. Hace poco, hablando con el camarada de tripulación Daniel Genís, comentábamos que Bolaño tendía a producir obras eternas y de extensiones siderales. De buen ejemplo puede servir la faraónica 2666. Coincidimos que los libros largos aburren de entrada e incitan al perjuicio causado por la fatiga ocular. Pero eso no pasa con Roberto. No se hace para nada empalagoso. Es la excepción que rompe con este convencionalismo lector. Una vez caes en las redes de la literatura bolañesca, cuesta renunciar a ella. Una misteriosa fuerza en tu interior se aferra a los libros del chileno, para no soltarlos nunca jamás. Cuando uno se matricula en la Universidad Desconocida, haces lo posible para no salir de ella nunca más.

Agus Izquierdo

Agus Izquierdo

Estudiante de filosofía. Blogger en Le miau noir y Pantalla abierta, entre otros. También lo podéis leer en @nuvol_com.

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