Round #7: MAUS VS. MICKEY MOUSE

Título: Maus
Guión y dibujo: Art Sipegelman
Editorial: Reservoir Books
Año: 2015
Páginas: 297
ISBN: 978-84-397-2071-3
Valoración★★★
Título : Mickey Mouse Antología
Guión: Ted Osborne, Tito Faracci, François Corteggiani
Dibujo: Floyd Gottfredson, Paul Murry, Romano Scarpa, Giorgio Cavazzano, Miquel Pujol
Editorial: Planeta De Agostini
Año: 2009
Páginas: 264
ISBN: 978-84-67466-71-3
Valoración★★★

APERTURA: Está muy bien ir a Eurodisney, educar a nuestras hijas con los valores de las nuevas princesas Disney  (decididas y valientes como Mulan o Vaiana). Leer  a Thomas Pynchon y que éste te haga notar que el Pato Donald se afeita todos los días, porque cuando  se queda dos días perdido en una balsa en alta mar tiene barba. Reflexionar acerca de que los cuervos de Dumbo son negros y hablan como negros, mientras que en la traducción de los años cuarenta hablan como gitanos andaluces… Ahora que Disney tiene Star Wars, ahora que es dueña y señora de Marvel Cómics, no exagero cuando digo que la obra de Spiegelman debería ser lectura obligatoria a todos los institutos del mundo. Porque  es ética y estética o, como decía don Juan Manuel (no Soldevilla, sino el sobrino de Alfonso X) en el prólogo de El Conde Lucanor, se debe mezclar la medicina amarga con un poco de miel.

Creo que, por mucha imaginación y capacidad de empatía que uno tenga, es prácticamente imposible ponerse en la piel de un judío  (o un gitano, o un negro) que mira atrás y estudia el holocausto. Más difícil debe ser aún afrontar una aberración tan descomunal si, además de judío, tus padres fueron prisioneros de los campo de exterminio más aterrador de todos  (si es que puede haber gradación en este horror).

Los padres de Art Spiegelman fueron prisioneros en Auschwitz y sobrevivieron de milagro. Su hermano de sólo cuatro años, sus abuelos y otros familiares, murieron a manos de los nazis. Pero a pesar de la fuerte implicación emocional, Spiegelman consigue profundizar en uno de los capítulos más oscuros de la Historia con un equilibrio fantástico, equidistante, entre el melodrama y la frivolización. ¿De qué manera logra este punto intermedio tan difícil? Sobre todo lo consigue mediante la Verdad.

En el cómic hay dos planos temporales, uno a finales del siglo, en los Estados Unidos y el otro que va desde los años veinte hasta el final de la Segunda Guerra, en Europa.

En Maus,  Art Spiegelman nos cuenta la vida de su padre, Vladek Spiegelman, durante el dominio de Hitler. Vladek es un judío polaco a quien los nazis robaron sus bienes materiales, separaron de su mujer y su familia, mataron a su hijo y encerraron en Auschwitz, de donde salió gracias a su ingenio y a la suerte.

Pero la verdadera historia no es la vida de Vladek, la verdadera historia es el proceso de creación del cómic. El dibujante y guionista, convertido en un personaje más, irá visitando a su padre para que éste le explique, con todo tipo de detalles, los años que vivió durante el nazismo.

Todos los personajes que aparecen en el final del siglo XX tienen graves defectos morales, defectos que parecen inadecuados de explicar, pero que Spiegelman no oculta: su madre se suicidó a mediados de siglo. La nueva mujer de su padre es una interesada que sólo está con el viejo Vladek por su dinero. El propio Art es ya un hombre cerca de la treintena que no hace demasiado caso de las obsesiones de su padre y que está muy lejos de ser el hijo perfecto.

Pero el personaje con más sombras es sin duda Vladek. No parece ningún héroe. Es un abuelo rabietas de salud delicada (sufre del corazón y tiene un ojo de cristal) que vive en Estados Unidos y que frecuenta los ambientes judíos. Vladek se ha convertido en un anciano rancio de una avaricia que roza lo miserable (por ejemplo, discute con su mujer porque no quiere pagar con el dinero común el cepillo de dientes de ella). Un cascarrabias que somete a su hijo a diversos tipos de chantaje emocional.

Esta exultante Verdad, estos personajes y sus oscuras sombras, ayudan a humanizar la historia del holocausto, a hacerla aún más real, más cercana. Aumenta la sensación de que esto nos podría haber pasado a cualquiera de nosotros porque sus protagonistas no son superhéroes, ni mártires, ni mesías. Sólo son gente normal.

En cuanto al dibujo, Art Spiegelman, se sirve de la animalización (más que de la personificación) de las diferentes nacionalidades. Los judíos son ratones; los alemanes, gatos; los americanos son perros y los polacos, cerdos. Con esta sencilla (y arriesgada) opción queda descifrada la metáfora: los gatos se comen  a los ratones; los perros cazan  a los gatos; y los polacos, que tan poco ayudaron a los judíos, se representan con aspecto de cerdos.

Spiegelman, que ganó el Pulitzer con este cómic, también reflexiona sobre el mundo de la Industria y la presión mediática que recibió tras el éxito obtenido con la publicación de la primera parta de esta novela  gráfica.

Estamos saturados de obras de arte o de entretenimiento que tratan acerca de la Segunda Guerra Mundial en general y de los campos de exterminio en particular. Pero por más películas, novelas, biografías, cómics o series de televisión, sigue haciéndose muy cuesta arriba entender cómo pudo suceder.

Que en los jardines de infancia miren dibujos de Mickey Mouse o Pocoyó y en los institutos lean Maus.

© Jordi Casals


El mundo Disney ha sido posiblemente la más universal creación de los medios de comunicación de masas del siglo XX. Ante un gigante de esta magnitud, las opiniones son diversas e incluso contrarias, desde las que lo atacan como un monstruo del imperialismo liberal hasta los que lo veneran como un mundo ideal que educa en exquisitos valores a los niños. Cualquier aproximación a un coloso de estas dimensiones siempre resulta parcial, pero si nos liberamos de prejuicios y apriorismos posiblemente descubriremos cantidades ingentes de talento en muchas de sus manifestaciones.

Uno de los elementos que ayudó a la universalización de las creaciones de la Factoría Disney, más allá de cortometrajes y largometrajes, de programas de televisión y de parques temáticos (por no hablar del merchandising) fue, sin duda, la historieta. Desde los años treinta, los tebeos Disney se difundieron por todo el mundo con una proyección realmente hiperbólica. Y aunque hablamos de millones de viñetas y de centenares de autores y, por lo tanto, de una obra dispar y casi inabarcable, no debemos negar una evidencia palmaria: los tebeos Disney son magníficos y, en ocasiones, absolutamente geniales. Durante décadas, tras la firma del Gran Patriarca se publicó la obra de una serie de artistas anónimos que forjaron un universo de ficción sólido, imaginativo, brillante y dotado de una enorme coherencia que supo generar unos lazos afectivos y emocionales muy intensos con los lectores de medio mundo.

Si bien los dibujantes y guionistas del Pato Donald y del Tío Gilito han llegado al Hall of fame de los grandes clásicos de la historieta (especialmente Carl Barks, y ya en las últimas décadas Don Rosa y Van Horn) los creadores de los tebeos de Mickey Mouse no han obtenido un reconocimiento tan unánime, lo cual no deja de ser una injusticia flagrante si consideramos que este personaje constituye el icono de toda la Factoría. De todos es sabido que Mickey nació en un corto de animación, Steambot Willie (1929), y que desde ese momento generó una corriente de simpatía y popularidad que lo convirtió en un personaje universal. Al poco de nacer en las pantallas ya tuvo su traslación al mundo de las viñetas, pero no en revistas infantiles, sino en las tiras de prensa publicadas en los periódicos. Ahí, en la prensa americana, dirigido al público adulto, empezó la andadura de Mickey Mouse en la historieta. El responsable gráfico fue un dibujante excepcional, Floyd Gottfredson, que dotó al personaje de una entidad gráfica única, y que desarrolló los guiones de, entre otros, Ted Osborne o Merril De Maris creando una serie enmarcada dentro del género de aventuras donde lo exótico y lo sorprendente se combinaba con lo policíaco, en historias de ritmo ágil y trama sólida y bien construida. Javier Coma, un crítico fundamental en los años ochenta y hoy ya olvidado consideraba estas historietas auténticas obras maestras, y no estaba alejado de la realidad; en todo caso, recordar que en los años treinta, con el título Aventuras del ratón Miguelín, las tiras ya se publicaban diariamente en La Vanguardia, en la página 2, junto a un lugar tan serio como era la sección de esquelas.

Paralelo a este camino en la prensa, a mediados de los años cuarenta Mickey empezó a aparecer en los comic books americanos, especialmente en Walt Disney Comic Stories, donde el personaje fue perdiendo su dimensión aventurera (quizás las peripecias del Tío Gilito se apropiaron de este género) y empezó a vivir una doble vida; por un lado narraciones de corte costumbrista con Minnie, Pluto y Goofy (en una línea paralela, que no igual, a la que vivía Donald con Daisy y Jorgito, Juanito y Jaimito) y por otro lado desarrollaba una vertiente policíaca cada vez más sólida. Convertido en una suerte de investigador privado, en compañía de Goofy y colaborando con el inspector O’Hara, Mickey fue definiendo una identidad detectivesca enfrentado a Borrón el Encapuchado, un villano excepcional, malvado ladrón de guante negro, o al violento y agresivo Pete Patapalo. En esos años destaca como dibujante Paul Murry, que sabe dotar al personaje de un carácter gráfico dinámico y moderno.

A mediados de los años sesenta la demanda de material Disney se desborda y en diversos países europeos (especialmente los escandinavos e Italia) se crean divisiones de la Factoría que producen sus propios cómics que, a su vez, se distribuyen por todo el mundo;  Italia se convierte en una nueva capital Disney y surgen autores brillantes como Scarpa, Carpi y Cavazzano. Se debe subrayar que no fueron pocos los autores españoles que trabajaron  (y trabajan) para esos mercados, y quizás conviene recordar que el celebrado Juanjo Guarnido (Blacksad) empezó su carrera como dibujante Disney.

En España, así como hasta los años setenta las publicaciones se abastecían de material norteamericano (las de Molino y los álbumes Dumbo fueron un gran éxito editorial), desde finales de los setenta la popular revista Don Miki editó casi exclusivamente excelente material italiano. Con el nuevo siglo, el crítico Alfons Moliné capitaneó el proyecto Planeta De Agostini de editar con solidez estos tebeos; la propuesta no acabó de cuajar, pero dejó algunos hitos memorables mientras duró.

En los últimos años los tebeos de Mickey siguen manteniendo un gran nivel, y así recordamos aproximaciones brillantes e innovadoras como la saga Wizards of Mickey, de Ambrosio y Pastrovecchio o la brillante versión noir del personaje ideado por Faracci y Cavazzano. Y a finales de 2016, el gran Régis Loisel acaba de publicar Café Zombo, un brillante homenaje a la obra de Gottfredson.

CIERRE: En todo caso los tebeos de Mickey Mouse son un patrimonio que aún hemos de descubrir. Inmenso, diverso y disperso, necesita de una reivindicación y, quizás, de un poco de orden. Pero en todo caso, conviene recordar a los excelentes artistas que hubo tras sus aventuras y cómo han marcado nuestra cultura. Y digámoslo claramente: una obra maestra como Maus de Art Spiegelman solo se explica a partir de la lectura que su autor hizo de los tebeos Disney durante su adolescencia. Y como el propio Maus nos recuerda, para nazis y fascistas Mickey Mouse era el enemigo a batir y aniquilar: pero, por suerte –o gracias  a su inteligencia y coraje-, los villanos siempre son derrotados por el Ratón Miguelín.

© Joan Manuel Soldevilla


Combate de regusto clásico entre dos viejas glorias de la viñeta en blanco y negro, tan célebres y extraordinarias como dispares. Ambas, no obstante, lucharon a su modo contra el Mal. Jordi Casals se enfunda los guantes de los valores éticos y testimoniales, mientras que Soldevilla prefiere el símbolo a batir. ¿Vosotros, quién creéis que pega más fuerte? ¡Votad!

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J.M. Soldevilla y Jordi Casals

J.M. Soldevilla y Jordi Casals

Autores de nuestra sección fija "Soldevilla vs Casals", en la que periódicamente enfrentan en un combate imposible lleno de conocimientos y entretenimiento dos de sus cómics favoritos.

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