LO QUE VES CUANDO CIERRAS LOS OJOS (2016) – David Jasso

Autor: David Jasso
Título: Lo que ves cuando cierras los ojos
Editorial: Apache Libros
Año: 2016
Páginas: 331
ISBN: 978-84-946258-0-0
Valoración: ★★★

 

Recién salidas del horno, llegan estas páginas con lo último de David Jasso, uno de los nombres indiscutibles del terror fantástico en lengua castellana, después de aquella lejana novela de debut, La silla (2006) y, sobre todo, después de la extraordinaria (y finalista este año en los Premios Ignotus) Disforia. Lo que ves cuando cierras los ojos participa del mismo universo que el resto de novelas de Jasso pero, como en las ocasiones anteriores, mantiene un perfil propio que la distingue suficientemente. Así pues, las páginas iniciales, a modo de prólogo, recuerdan poderosamente los pasajes insertados en la historia central de Disforia, y protagonizados por una especie de presencias sobrenaturales con el poder de alterar el tiempo. Jasso demuestra en estas páginas su buen uso de los recursos narrativos, en un episodio casi cinematográfico. El resto, en cambio, discurre por caminos diferentes.

Lo que ves cuando cierras los ojos alterna historias y puntos de vista narrativos muy diversos. Cada capítulo lleva el nombre de un personaje, un lector, que será los ojos a través de los cuales veremos el mundo mientras dure. Unos más centrales que otros. Todos atravesados por la tragedia y por la locura, el tema central de la novela. Ernesto del Río (un chalado con una extraña habilidad), pese a no estar con vida, es la presencia que religa con las páginas de su libro maldito las demás historias. Un testamento que nadie debe llegar a ver nunca, pero que en cambio será puesto a disposición de todos fatalmente, deliberadamente. ¿Y si la locura fuera contagiosa ?, parece preguntarse Jasso. Nadie que lea las palabras de Del Río podrá seguir como si nada con su vida. Nadie que mire cara a cara la locura y el abismo puede quedar indemne. La muestra: esta novela.

Azucena siente de repente unas ganas terribels de llorar. Está emocionada, Ernesto acaba de descubrirle el secreto. La locura permite ver las cosas de otra manera, alcanzar el infinito. Crear posibilidades. Visitar mundos. Limpiar. Enloquece.

Una cierta aura mesiánica, deifica, rodea este personaje, capaz de influir en las personas de una manera realmente única. Incluso después de muerto. Casi ejerciendo un poder de seducción (homo)erótico, como el de los vampiros con sus víctimas. Y Verdasco Nolasco, otro chalado, una de estas víctimas, vendría a ser el instrumento a través del cual Del Río llevará a cabo su obra, será su profeta. Como Renfield en el caso del Drácula de Stoker. Lovecraft no se atrevió a escribir el Necronomicon, sólo a hablar de él. Jasso en cambio es más valiente (y arriesgado) y transcribe capítulos enteros del supuesto manuscrito de Del Río, para que nos hagamos a la idea realmente de qué va. Muestra al monstruo, vaya. Lo hace con un narrador en primera persona que se dirige al lector y lo interpela directamente, de tú a tú. Le lanza retos y desafíos constantemente (desde la propia portada).

Se trata de un ejercicio casi metaliterario bastante complejo, y que recuerda por ejemplo el estilo de Fantasma de Laura Lee Bahr, de tal manera que el lector se encuentra inmerso sin darse cuenta en la propia trama del libro. Acaba siendo un personaje más y puede elegir hacer o no hacer lo que le pide el personaje de Del Río. Claro que cuesta resistirse a sus extravagantes peticiones. Sería interesante saber cuántos lectores se han acabado chupando el dedo lascivamente tal como conmina a hacer en uno de los capítulos… Que sea valiente, sin embargo, no significa que funcione siempre, ni que deba ser un recurso que guste a todos los lectores. A más de uno le chirriará. De hecho, este libro no está hecho para todos los públicos, ni parece que la voluntad de su autor haya sido en ningún momento ésta (muy recomendable dar un vistazo al apartado final del libro, donde Jasso responde algunas posibles preguntas que seguramente la mayoría de lectores se hagan).

Personalmente, me ha parecido que a la novela le costaba arrancar después del prólogo, y en general diría que acusa una cierta irregularidad. Sin duda, tiene que ver con los cambios bruscos de argumento y de estilo debido a la alternancia de capítulos y voces narrativas. Pero debo decir que me ha resultado irritante algunas veces ver interrumpidas ciertas historias potentes, líricas y donde se puede encontrar la prosa magnífica del buen narrador que es Jasso por capítulos que me han dado la impresión de ser bastante tediosos, digresivos o simplemente de relleno. No los calificaría ni tan siquiera de cliffhangers, porque no suspenden nuestras ansias de saber la resolución de un caso, sino que sencillamente distraen en el peor momento. O en el mejor de los casos provocan una ralentización poco justificada del ritmo de la narración con divagaciones retorcidas y excesivas por los mundos interiores de la locura de los protagonistas.

Esta es la impresión que me ha embargado cada vez que la bella historia de amor de Hilario y Magdalena se veía interrumpida, por ejemplo. Y es que personalmente me parece que es en los capítulos en los que aparece esta pareja donde se puede leer al mejor Jasso, en este libro. Cuando leemos sobre ellos y sobre la Mari, una bella metáfora de todo y de nada, un enorme signo de interrogación que surca el libro de arriba abajo y que, al final, aún seguimos sin saber realmente quién es. ¿El ángel de la muerte? ¿La personificación de la locura? También es aquí donde se recuperan algunos de sus leit motivs, que ya encontrábamos en sus libros anteriores. Hilario es una víctima (una más) de la crisis económica, y en la recta final de su vida laboral (y cuando debería estar pensando en una agradable jubilación), resulta que está a punto de perder el negocio y el único sostén familiar. Crítica social, crisis de la vivienda, paro… Magdalena, su fiel compañera de toda la vida, no sabe nada. La muerte por amor, el asesinato compasivo, la nobleza del suicidio… son formas de rebelión que el autor ya había explorado antes. Es la idea trágica y cierta que la única forma de protesta para la buena gente es tener una buena muerte. ¡Que al menos eso no nos lo roben los bancos!

Cuando los sueños ya no tienen cabida, solo quedan las pesadillas.

Sin encontrar el equilibrio de Disforia (Lo que ves cuando cierras los ojos fue escrita en una primera redacción antes, a pesar de que se terminó definitivamente a posteriori), esta novela consigue lo que se propone de manera bastante exitosa: profundizar en ideas peligrosas y poco convencionales, insoportables para la mayoría de personas, que viven sin quebraderos de cabeza. Locura, suicidio, enfermedad… Angustia. Pura y simple angustia existencial es lo que destila el libro. Y lo hace nada menos que desde la mente perturbada (y perturbadora) de un loco que habla en primera persona. Hábil recurso para inocularnos aquella locura contagiosa que, desde Cervantes y su Quijote, sabemos que es fuente de las revelaciones más ciertas y terribles. ¿Quién es el loco, al final? ¿Cuál es la locura de este mundo que sufrimos? En cualquier caso, sin embargo, cuidado con leer a David Jasso. Hay verdades que hieren.

Estáis advertidos.

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Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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