CIUDAD REVIENTACRÁNEOS (2015) – Jeremy Robert Johnson

Autor: Jeremy Robert Johnson
Título: Ciudad revientacráneos (Skullcrack City)
Editorial: Orciny Press
Año: 2016 (2015)
Páginas: 333
ISBN: 978-84-945181-4-0
Valoración: ★★★

 

Ciudad revientacráneos, del autor de culto Jeremy Robert Johnson, es la tercera aproximación de la pequeña editorial Orciny Press al género bizarro, a través de su colección Midian, que tan buenos resultados ha recogido hasta ahora. La novela es indiscutiblemente uno de los libros del mes con respecto al género fantástico en lengua castellana e, incluso me atrevería a decir, que del año. Y es que en poco tiempo se ha ido creando una auténtica legión en España de fieles seguidores del bizarro. Esta Ciudad revientacráneos viene avalada por la contrastada trayectoria literaria de su autor y por una excelente crítica en Estados Unidos, donde acaba de ganar el Premio Wonderland. Esto, junto con una portada demoledora de Branca Studio (como es habitual) que hace justicia al título del libro, invitan a dejarse seducir nuevamente por este género. 

El libro es un paso más en el bizarro. Si con Fantasma, de Laura Lee Bahr (finalista en los Premios Ignotus de este año), Hugo Camacho (el editor) invitaba a los neófitos a descubrir un género bastante desconocido en España, a acercarse a él prudentemente y a meter la patita con cierta contención, y la extraordinaria La casa de arenas movedizas, de Carlton Mellick III, era la historia de un viaje de lo real a lo más extraño que en ningún momento perdía de vista el referente de cuento de hadas, esta Ciudad revientacráneos da la impresión de ser bizarro en estado bastante más puro. No hay juegos previos, preámbulos ni delicadezas. Johnson nos precipita casi desde la primera línea a un mundo caótico, gamberro y desligado de la realidad. Esta vez, el lector convencional puede que se sienta mucho antes sobrepasado, arrancado sin miramiento de sus zonas de confort.

La novela nos presenta a S.P. Doyle, un empleado de banca. Un oficio tristemente de moda en la literatura actual, desde la crisis económica, y que engloba lo que podríamos llamar las virtudes del hijoputismo más contemporáneo: egoísmo, beneficio, usura, etc. Lo comenté hace poco en la reseña de otro libro brutal, en este mismo sentido de crítica social: Leyes de mercado, de Richard Morgan. Los negocios son la guerra, los banqueros-empresarios-economistas los guerreros y, nosotros, los pobres desgraciados que necesitamos un crédito o pedir una hipoteca, las víctimas. S.P. Doyle, como el protagonista de la novela de Morgan, tiene dudas y conflictos morales respecto a lo que está haciendo, pero los resuelve de manera diferente a aquél.

Me llamaba S.P. Doyle y era un parásito infrahumano enterrado profundamente en la carne de un dios oscuro.
Sí, lo has adivinado.
Trabajaba en un banco.

S.P. Doyle será nuestros ojos y nuestra conciencia a lo largo de las páginas del libro. Lo que pasa es que nos encontramos literalmente dentro de una mente enferma, alterada por el abuso de las drogas (la hexadrina). Orwell no imaginó un futuro peor que el que nos presenta esta novela, ni una droga más chunga que ésta. La hexadrina altera las cosas de manera tal que todo se convierte en una pesadilla, donde resulta imposible discernir qué es real y qué es alucinación. La hexa dará a Doyle el valor necesario para emprender un plan que destruya el sistema desde dentro, o eso cree. Nosotros, observadores objetivos, nos damos cuenta que es una pobre víctima de sus delirios, de la paranoia inducida por la droga. ¿O no? 

Si a pesar del vértigo resulta que el lector se atreve a seguir avanzando, la cosa no se endereza, al contrario. Si la novela comienza por un tobogán de hielo, rápidamente nos vemos sacudidos por aguas bravas hasta llegar, en un final apoteósico, a un auténtico maelstorm que lo engulle literalmente todo. El hecho de que el protagonista esté siempre colocado hace que todo se mezcle de manera extraordinaria, y que no podamos estar seguros de nada. Es una sensación abrumadora, a veces incluso en exceso. La multiplicación de las teorías conspiratorias, las megasesiones de masturbación lacerante que se inflige Doyle como efecto secundario de la droga y la incursión en este teatro de locos de unos monstruos revientacabezas que siembran el terror por las calles de la ciudad y se alimentan de cerebros, no ayudarán al lector a encontrar puntos de apoyo.

La ambivalencia constante entre lo que es real y lo que no nos aproxima a otras obras de ciencia ficción, desde la popular y gastada Matrix hasta el cyberpunk que inauguró hace ya tantos años William Gibson con Neuromante. Pero Johnson da un paso más y lo que en aquellas obras eran cables y chips e internet, él lo convierte en carne y sangre. Exacto, me refiero a la Liga de los Ceroes, aquel programa demencial donde los concursantes mutilan sus cuerpos y los adaptan de las maneras más aberrantes para buscar el favor del público. Me han venido a la cabeza nombres como el de Clive Baker o David Cronenberg y aquel concepto de “la nueva carne” leyendo esta novela. Sobre todo la segunda parte, en la que aparece de forma bastante más clara el tema de los trasplantes, la unión de hombre y máquina y la experimentación de aquel doctor Tikoshi que remite a un Menguele aún más pasado de vueltas. No he podido olvidar tampoco aquellas películas asiáticas que había visto de joven, y que precisamente jugaban al concepto este de la mutación de la carne: la impresionante Akira, de Katsushiro Otomo o las dos partes del filme Tetsuo de Shinya Tsukamoto, con aquellos subtítulos tan sugerentes: “The iron man” y “The body hammer”.

Pero Ciudad revientacráneos también es una (bonita) historia de amor. No vacilo. La profusión de sangre y pus y esperma en cada página no lo impiden. El personaje de Doyle aparece configurado desde la primera página como un sociópata recalcitrante, incapaz de llegar a más intimidad que con su tortuga Deckard, única confidente de sus planes de redención. Todo cambia cuando conoce a Dara, una belleza… particular. Claro que se trata también de una love story muy particular y basada en la paradoja, como todo en la novela: si a la salvación se llega a través de la destrucción, al amor Doyle llegará a través de la muerte y el dolor. Destrucción del cuerpo y conservación de la mente.

Sin saber cómo, al final resulta que esta aparente “ida de olla” cobra sentido, que todo liga, incluso los monstruos revientacráneos del título, y a su manera resulta que la novela también es una ácida crítica al sistema capitalista que nos devora, a la grotesca sociedad de consumo en que vivimos. No es un libro para todos los públicos. Esto ya ha quedado suficientemente claro. Sólo aquellos lectores más capaces de desligarse de convencionalismos lo sabrán disfrutar. Si debido a todo lo que habéis leído, aquí o en otros lugares, aún dudáis (o precisamente por eso dudáis) de si leerlo o no, hacedme caso: dibujad una sonrisa, armaros de valentía y decid con orgullo: ¡A LA MIERDA! ¿POR QUÉ NO? Y coged el libro.

¿Qué podéis perder? La cordura?

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

dgenis has 197 posts and counting.See all posts by dgenis

2 thoughts on “CIUDAD REVIENTACRÁNEOS (2015) – Jeremy Robert Johnson

Deja un comentario