LA MUERTE DEL PADRE (2009) – Karl Ove Knausgård

Autor: Karl Ove Knausgård
Título: Mi lucha I: La muerte del padre (Min Kamp. Første bok)
Editorial: Anagrama
Año: 2012 (2009)
Páginas: 504
ISBN traducción: 978-84-339-7844-8
Valoración: ★★★★

 

El escritor noruego Karl Ove Knausgård (Oslo, 1968) comenzó a publicar a partir de los veinte años y su carrera tuvo un arranque meteórico, con reconocimientos del público y de la crítica escandinavos, y con el otorgamiento de diferentes premios de gran prestigio. Ahora bien, del mismo modo que su ascenso fue vertiginoso, llegó a un punto que ya no era capaz de escribir como él quería, una crisis creativa como la que tienen muchos autores y que a menudo termina de la misma manera: rebuscando en la propia autobiografía temas lo suficientemente interesantes como para hacer literatura. Así es como se gestó Min Kamp (Mi lucha), una obra que cuenta con seis volúmenes de unas quinientas páginas cada uno.

El primer volumen, La muerte del padre (el original noruego no tiene subtítulos, son un añadido de las ediciones anglosajonas), se puede resumir diciendo que narra dos momentos vitales de la vida del autor: el paso de la niñez a la juventud en la primera parte, y la muerte del padre, propiamente, en la segunda. Sólo dos partes en las 500 páginas de la edición en castellano, ningún capítulo, sólo algún punto y aparte espaciado.

La primera parte es una narración que se alarga en el tiempo y se centra en el momento que el autor comienza su primer año en el gymnasium, el equivalente al bachillerato. En esta parte nos pone de manifiesto como su madre estaba ausente, su padre, a pesar de estar próximo, también se puede considerar ausente y con unos cambios de actitud notables, que desconcertaban y provocaron la marcha de su hermano mayor, Yngve. En este contexto, Karl Ove comienza una etapa de experimentación que le llevará a descubrir a las chicas y el amor, la vida social, el alcohol, la música, el fútbol… de esta parte destaca la cotidianidad de un chico en plena efervescencia juvenil, un punto precoz respecto a los otros, pero también que muestra sus inseguridades, debilidades y crueldades:

Nuestras relaciones se encontraban en un punto intermedio entre el mundo infantil y el del adulto, y los límites entre ambos eran cambiantes.

Un recuerdo sincero y atrevido con la aparición de una serie de amigos y no tan amigos, de chicas con quien tuvo algún romance y de un catálogo extenso de todos los grupos de música y canciones que escuchaba. Y que tiene como punto final el divorcio de los padres.

La segunda parte es mucho más cruda e intensa. Si bien comienza con el relato de cómo es la vida actual del autor, en Estocolmo, con su segunda mujer y sus hijos. Como alquila un despacho para escribir y como le llega la crisis creativa que será el motor de Mi lucha. Es en este punto cuando recibe la noticia de que su padre ha muerto, una muerte prematura pero anunciada. Hace tiempo que no tiene relación con él, su hermano tampoco tiene. Tras el divorcio, el padre se volvió a casar y tuvo una hija, que sólo aparece de nombre, nunca directamente. Poco a poco dejaron de tener relación i él se divorció de nuevo y comenzó una vida de autodestrucción marcada por el alcoholismo y la violencia contra sus hermanos. Por si fuera poco con destrozarse la vida, lo hizo en casa de su madre, incitándole también a beber, lo que le impidió tener el cuidado que ella merecía.

Después de explicarnos su actualidad en Estocolmo, la narración se traslada a Stavanger, donde vive Yngve, con quien irá hasta Kristianstad, que es donde vivía y ha muerto el padre. Se convierten en:

Los hijos que salen de casa para enterrar al padre, esta es la historia donde de repente me encontré.

Esta situación le sirve al autor para hacer varios flashbacks y narrar la relación que tuvo con su hermano mayor durante los años de la universidad en Bergen. Una relación que comienza con la admiración y la subordinación a su vida, hasta que consigue hacer una vida propia en la que su hermano siempre está presente. En este ejercicio de sinceridad, se puede ver como hay mucho afecto hacia Yngve y también mucha complicidad, aunque como hermanos, a veces casi ni se hablan.

Ahora bien, el punto culminante de esta segunda parte es la llegada a la casa de la abuela, donde había vivido y ha muerto el padre, que también es un flashback. La desolación es total, la casa está llena de botellas vacías, de ropa abandonada y podrida, de suciedad por todas partes, pegada a los baños, en la cocina… un panorama desolador y que es un correlato del derrumbe moral y vital que vivió el padre durante los últimos tiempos y cómo arrastró a la abuela, que observa senil como los dos hermanos intentan poner orden a todo aquella podredumbre. Y mientras limpian, se dan cuenta, ya no de la demencia de la abuela, sino que ella también depende completamente del alcohol, afectada por el síndrome de abstinencia, y como su padre violentó a sus hermanos cuando se instaló en la casa. Por si fuera poco, se gastó mucho del dinero que sacó de vender la casa donde vivía. Un panorama muy duro y que Knausgård sabe explicar de manera magistral, sin ocultar nada:

¡Por favor, que no nos pregunte dónde tenemos que ir!, pensé. La palabra funeraria seguro que rompería el clima del momento. Y entonces nos quedaríamos allí sentados como una madre que ha perdido al hijo y dos hijos que han perdido al padre.

Es este el gran valor de la obra de Knausgård, la valentía, porque es capaz de explicar sus miserias, la dureza de un momento como la muerte de su padre, con quien no tenía relación, pero al que se siente ligado. Y también la sinceridad, no es fácil explicar todo lo que cuenta y con los detalles que lo hace, sin caer en la tentación de ocultar según qué episodios. En ningún momento parece que se calle, que se contenga, más bien lo contrario, siente la necesidad de explicarlo todo, ser sincero y valiente, a pesar de las consecuencias que pueda tener. Ahora bien, del mismo modo que habla sin tapujos de los demás y que según se dice mucha gente le ha negado la palabra, también deja por escrito lo que él piensa y hace, no se esconde, no se deforma positivamente, sino que se describe tal como es y escribe lo que pensaba en el momento que pasó todo:

Siempre he sentido una gran necesidad de soledad. Necesito extensas franjas de soledad y cuando no es así, como ha ocurrido durante los últimos cinco años, a veces mi frustración puede llegar a ser casi desesperada, o agresiva.

Y si el trabajo de estructura y fondo de la narración es como se ha descrito hasta ahora, la forma, la prosa es austera, sin exceso de retórica, pero detallista con una combinación muy acertada de descripción e introspección, ya que utiliza , como no podía ser de otra manera, la primera persona. Esta combinación hace que los párrafos se alarguen, una, dos y más páginas sin ningún aparte. Tan curioso como agradable, ya que la lectura fluye sin necesidad de pausas y atrapa al lector, ávido de compartir la vida que se le expone delante.

Enric Bassegoda

Enric Bassegoda

Doctor en Filología. Profesor de lengua catalana en secundaria. Ha publicado varios relatos y ha ganado el Premi Ictineu 2016 a mejor cuento fantástico en catalán.

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