LA AMÉRICA DE UNA PLANTA (1937) – Ilf y Petrov

Autores: Ilf & Petrov
Título: La América de una planta (Odnoetazhnaia Amerika)
Editorial: Acantilado
Año: 2009 (1937)
Páginas: 512
ISBN: 9788492649198
Valoración: ★★★

 

A  mediados de los años treinta los escritores soviéticos Iliá Ilf y Yevgueni Petrov – seudónimos de Iliá A. Fainzilberg (1897-1937) y de Yevgueni P. Katáyev (1903-1942) – emprendieron un viaje a los Estados Unidos como corresponsales del periódico Pravda. El periódico no podía haber escogido dos enviados más populares para relatar la realidad norteamericana. Esta pareja había triunfado literariamente en 1928 cuando se publicó su libro Las doce sillas, un clásico de la literatura satírica de ese país que todavía es muy popular entre los rusos pero que no es tan conocido en Occidente (aunque Mel Brooks hizo una versión cinematográfica en 1970 y el libro ha sido traducido al español).

Que un periódico soviético quisiera publicar unas crónicas sobre la vida norteamericana nos puede parecer extraño, pero hemos de tener en cuenta que no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial, durante la Guerra Fría, que surgió animadversión entre la URSS y los EUA; antes, las relaciones aunque no eran fluídas al menos sí que eran pasables. El intercambio entre los dos países era bastante remarcable. Escritores y cineastas soviéticos como Maiakovski o Eisenstein visitaron los Estados Unidos, e ingenieros y fabricantes americanos se establecieron en la Unión Soviética. Es en este contexto de intercambios y curiosidad mutua que debemos entender el viaje de los dos escritores. El público soviético sentía curiosidad por los Estados Unidos y Ilf y Petrov eran los más indicados para explicar ese país con alguna pizca de humor.

Los escritores llegaron a Nueva York en octubre de 1935 y recorrieron todo el país – del Atlántico al Pacifico- hasta su regreso a Europa en enero de 1936. Fueron tres meses de estancia muy intensa y bien aprovechada. Y es que La América de una planta es un buen libro tanto para conocer los Estados Unidos de la Gran Depresión como para saber  cómo los soviéticos veían al resto del mundo en los años treinta. Aparecen todos los aspectos de la sociedad americana de la época (los centros comerciales, los cines, los indios, los cow boys, la población negra del Sur…) pero también los prejuicios comunistas contra el capitalismo. Pese a éstos prejuicios (dictados seguramente más por el miedo a la censura soviética que no por la opinión personal de los escritores) Ilf y Petrov no pueden ocultar del todo la admiración que sienten por el American way of life.

Después de unos días en Nueva York, Ilf y Petrov partieron hacia el Oeste guiados por Mr. Adams y su esposa Becky. Mr. Adams (un ingeniero americano que había trabajado en Rusia y que conocía su idioma) es un personaje importantísimo dentro del relato. Se trata de una figura cómica que siempre se despista con los mapas, se discute con su esposa por nimiedades y pierde objetos constantemente. Creemos que es más una exageración de Ilf y Petrov para meter humor en el libro, pero gracias a esto resulta ser un personaje entrañable.

 Los americanos no tienen que reflexionar sobre nada. Las grandes compañías comerciales se ocupan de esa labor.

Al dejar Nueva York, Ilf y Petrov se sumergen de golpe en la América profunda, la de las casas unifamiliares de madera de una sola planta (de ahí el título del libro), la de los drugstores  de pueblo y la de las gasolineras solitarias. Es esta América la que más admiran.  Al visitar una gran ciudad como Chicago no pueden evitar definirla como terrible e infernal. En cambio, las visitas a Hannibal (pueblo donde vivió Mark Twain y que le inspiró Las aventuras de Tom Sawyer) o a Taos (Nuevo México) resultan ser memorables por las descripciones que hacen de la vida en el Misisipi y en un poblado indio navajo.

Después de atravesar los desiertos y de haber visitado el Gran Cañón del Colorado llegaron a San Francisco, ciudad que, a diferencia de la terrible Chicago o de la hiperactiva Nueva York encuentran muy acogedora. Pero ya que están en California no pueden dejar de visitar un lugar: Hollywood.

El capítulo dedicado a Hollywood nos demuestra que el cine norteamericano era bastante conocido en la Unión Soviética de los años treinta (no pasaría lo mismo durante la Guerra Fría). Nombres como Greta Garbo, John Ford o Disney (aparte del de Chaplin, éste de una generación anterior) desfilan por las páginas del libro sin necesitar presentación. De todas formas -dejando de lado éstas celebridades- Ilf y Petrov no pueden dejar de criticar la forma de trabajar de algunos cineastas americanos: los acusan de hacer películas en serie (ocho o diez al año) que tienen una calidad ínfima o un contenido vacío (comedias románticas acarameladas, películas de gangsters, etc.). Según ellos, una muestra más del afán de lucro capitalista que ofrece cualquier cosa a un público sin espíritu crítico o buen gusto.

Igual que un camello puede pasarse una semana sin agua, cierta clase de norteamericanos pueden pasarse veinte años seguidos viendo películas sin pies ni cabeza.

A finales de 1935 el viaje se acerca a su fin y Ilf y Petrov (acompañados por supuesto del entrañable Mr. Adams y su esposa Becky) emprenden el retorno a Nueva York pasando por los estados del Sur, dónde la segregación racial era una cruel realidad. Pese a la dura situación, la música y el folclore de la población negra muestran -según los escritores- una concepción de la vida alegre y llena de vitalidad.

A principios de 1936 Ilf y Petrov se embarcan en un transatlántico rumbo a Francia. Las crónicas que enviaron al periódico Pravda  se publican en forma de libro en 1937. Fue un éxito de ventas en la Unión Soviética. Incluso ese mismo año se traduce al inglés y se publica en los Estados Unidos, dónde consigue un éxito de ventas considerables: muchos americanos sienten curiosidad por ver cómo son vistos por los soviéticos.

Por lo que se refiere a los autores, Ilf muere ese mismo 1937 a causa de una tuberculosis (enfermedad que arrastraba desde hacía años) sin haber podido ver la publicación del libro. Petrov muere en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando el avión en el que viajaba mientras hacía de corresponsal de guerra fue abatido por un caza alemán.

Oriol Ribas

Oriol Ribas

Rusófilo. Estudioso de la Historia y la Filología Eslava. También escribe en @Historieseuropa.

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