Round #6: SUPERMAN VS. SUPERLÓPEZ

Título: Grandes autores Superman: Alan Moore
Guión: Alan Moore
Dibujo: Curt Swan, Dave Gibbons, George Perez, Rick Veitch
Editorial: ECC Editorial
Año: 2014
Páginas: 128
ISBN: 978-84-15990-74-1
Valoración: ★★★★★
Título: Superlópez
Guión: Jan / Efepé
Dibujo: Jan.
Editorial: Bruguera 1982
Páginas: 320
ISBN: 84-02-09053-2
Valoración: ★★★★★

APERTURA: Hablar de Superman es hablar del mito, el principio de todas las cosas, de la referencia universal, del personaje que es de todos y de nadie, del origen de la cultura de masas, de la evolución de nuestra historia. Superman es todo eso y más. Pero Superman es también un cómic. Es posiblemente el personaje más universal de la historia de los cómics pero no es, ni mucho menos, el cómic más leído de la historia. Parece imposible imaginar alguien que no conozca Superman -quizás a Pyonyang? -, pero a veces cuesta encontrar a alguien que haya leído Superman. No ya con regularidad, sino alguien que lo haya leído alguna vez. Porque esta es la grandeza y la desmesura del personaje; más allá de su historia editorial, es el mito, la creación polimórfica y polifónica, obra de todos y de nadie, patrimonio de la comunidad, ni los autores ni los editores, algo que trasciende cualquier limitación.

De todos es sabido que Superman vio la luz en 1938 en las páginas del comic book Action Comics y que fue creación de Jerry Siegel y Joe Shuster; como en toda historia americana que se quiera ejemplar, hay que recordar que los creadores arrastraron el proyecto a lo largo de seis años hasta que finalmente vio la luz para convertirse en un éxito que desbordó cualquier expectativa. Al poco de publicarse comenzó su expansión a otros formatos; primero al de tiras de prensa, después a los seriales de radio, luego a magníficos dibujos animados de la factoría Fleischer, ya en los años cuarenta hizo el primer salto al cine para luego convertirse en serie de televisión, musical, superproducción hollywoodiense en los años setenta, de nuevo serie de animación, de televisión –Lois y Clarke y la memorable Smallville– y de nuevo gran espectáculo cinematográfico en la actualidad si recordamos el Batman vs Superman de este 2016. Esta traslación a otros medios convirtió desde un primer momento el héroe de papel en algo más que un personaje de cómic hasta transformarse, sin lugar a dudas, en uno de los iconos del siglo XX.

Uno de los elementos que nos puede ayudar a valorar la magnitud de un éxito cualquiera es la aparición de parodias de gran repercusión popular. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha es un gran éxito en el siglo XVII porque lo habían sido las novelas de caballerías que quería parodiar; de hecho, la novela nace con el objetivo declarado de exterminar este popular género que Cervantes detestaba pero que había leído con fruición. Superman siempre ha tenido la parodia como un compañero de viaje, nunca como un enemigo destructor sino más bien como un espejo deformante que ha sido necesario para poder aceptar la grandeza del héroe, una especie de filtro que nos permitía aceptar su talante todopoderoso sin quedar deslumbrados o fulminados por su magnitud. Desde un primer momento, de Super-ratón a Superlópez, la parodia ha sido el elemento compensatorio que permitía la existencia del superhéroe, del superhombre que no era hombre sino que venía de los cielos enviado por el padre y tenía la misión de salvar la humanidad. Y que moría y resucitaba. Nunca, sin embargo, esta parodia no ha querido, ni ha podido, como hizo Cervantes, derrotar el referente original; en todo caso, y en una curiosa paradoja, aún lo ha hecho mayor.

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La historia editorial de los tebeos de Superman en nuestro país ha sido bastante errática, por decirlo de manera amable, hasta los últimos tiempos. Durante decenios las aventuras llegaban desde México a través de los tebeos de la Editorial Novaro; la edición mexicana, bastante caótica, y la distribución, a menudo azarosa, provocó que fuera digno de un superhéroe poder ser seguidor de los tebeos. A finales del siglo pasado la editorial Zinco hizo un esfuerzo meritorio para intentar ordenar y dignificar por primera vez la edición de los comic books de la DC Comics en España, y consiguió resultados más que dignos; en la actualidad, lleva a cabo una notable labor ECC Ediciones. Igualmente, la historia editorial en Estados Unidos también ha sido cargada de versiones azarosas y múltiples, versiones y reversiones que en algún momento se quisieron ordenar, especialmente a mediados de los años ochenta a partir de Crisis en tierra infinitas, la monumental saga de Wolfmann y George Pérez que intentó redefinir el universo DC y poner un poco de orden en él; en ese contexto de revisión finisecular, el propio Superman, sobre todo gracias a las aportaciones brillantes de John Byrne, recuperó una cierta coherencia.

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Porque hablar de Superman se hablar de autores excepcionales que han asumido en un momento u otro de su carrera esta empresa titánica; son docenas los artistas que se han hecho cargo del personaje. Algunos han realizado trabajos memorables –Alan Moore, de quien escogemos sus guiones para hacer la ficha técnica de nuestra reseña, Grant Morrison, Alex Ross o Curt Swan-, otros han contribuido con aportaciones excepcionales -desde la Fortaleza de la Soledad a un personaje único como Lex Luthor- o creaciones ridículas -el Superperro delos años cincuenta es imbatible, o los trocitos infinitos de kryptonita que cíclicamente llegan a la Tierra-, pero nada ha hecho disminuir la grandeza de un personaje que parece dotado del más poderoso de todos los superpoderes: permanecer eterno en nuestra cultura, más allá de guerras y cataclismos, de modas y épocas, de revoluciones y reacciones. Superman queda siempre eterno, como un faro, todopoderoso, más allá de las viñetas y los autores. Como los mitos.

© Joan Manuel Soldevilla


Me encantan los superhéroes desde que soy pequeño. Pero hoy me encuentro con un gran dilema: luchar en el ring biblionáutico nada menos que contra el profesor Soldevilla y el superhéroe Superman. Será complicado, difícil y emocionalmente confuso —citando al poeta andaluz Alejandro Sanz, “tengo el corasón partío“.

Él lo empezó todo (Superman, digo, no Alejandro Sanz). La portada del primer número de Action Comics generó el mismo efecto en el mundo de los tebeos que el Génesis en la tradición judeocristiana; que Flash Gordon en las series sobre viajes espaciales; que Maradona en la combinación de fútbol y cocaína. Superman puso en marcha el bum del cómic de superhéroes desde finales de los años 30 y  a lo largo de los 40, con una estética y un logo que se convertirían en un icono pop, como la foto del Che, la botella de Coca Cola de Andy Warhol o las camisetas de los Ramones.

Para este combate tenía un comodín escondido en la manga: como Superman ha pasado por manos de tantísimos dibujantes y guionistas, podría buscar alguna etapa floja y criticarla. Pero no lo haré, porque me gusta Superman —y porque prefiero ser James Bond  a ser Le Chiffre en la partida de póquer de Casino Royal.

No estoy solo para enfrentarme al profesor Soldevilla y al chico de Kripton. Vengo de la manita con el grandísimo Superlópez, Él, una parodia del superhombre.

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¿Que por qué defiendo a Superlópez en este combate? ¿Por qué defiendo la copia del original? Me vienen tres motivos así, a bote pronto:

1.-Porque, dependiendo del momento, me lo paso mejor leyendo las viñetas de Jan —o de Efepé y Jan— que con las aventuras contra Doomsday o las del Red Superman (por muy buenas que sean, que lo son).

2.-Porque Superlópez me hace reír de lo lindo (no estoy hablando de un breve alzamiento de las comisuras labiales que se torna en leve sonrisa, no. Hablo de lágrimas y de falta de aire en el cerebro).

3.-Porque una vez que empiezas a pensar en Superlópez como un personaje autónomo, las historias se complican y te enganchan.

En definitiva, me encantan los superhéroes, pero también su parodia. ¿Han leído Miracleman? Me refiero a la etapa de los años 80 de Miracleman, la guionizada por Alan Moore. Para los que no la hayan leído o tengan la memoria más atrofiada que Wolverine, les contaré lo que pasa en el primer número:

—¡Señoría! Protesto —replica el profesor Soldevilla—, este combate no es de Miracleman. El sr. Casals está hablando de hechos irrelevantes y ajenos al caso para confundir a los miembros del jurado.

—Psss, Psss —el Biblionauta me dice al oído— Casals, neng, que te has confundido, que esto va de Superman y Superlópez. Empanao.

—Con la venia, o por la vena, o como se diga. Si me permiten, enseguida verán a dónde quiero ir a parar).

Miracleman, después de dieciocho años, recupera sus poderes y la memoria, y como buen chico enamorado, lo primero que hace es ir corriendo a contarle a su amada quién es en realidad. Liz se troncha de risa cuando Mike le explica que, al pronunciar la palabra Kimota ( “atómic” al revés) se transforma en superhéroe. La sra. Moran ríe aún más cuando Miracleman le cuenta que sus enemigos tienen nombres como Dr. Gargunza o Young Nastyman y le hace ver que a la llamada familia Miracle (formada por MiracleMan, MiracleBoy y MiracleKid) sólo les falta en Miracle Perro …

Además soy chava. “Say it loud: I’m chava. I’m proud “. Si todo el mundo sabe que Metrópolis es New York, tampoco nadie duda de que Superlópez vive en Barcelona. La ciudad queda retratada de forma esperpéntica, con detalles barrocos divertidos e intrascendentes para la trama en los márgenes de las viñetas (marca Bruguera) y con cambios de nombres con un humor tan infantil como efectivo. Unos ejemplos: el barrio de Horta se convierte en Torta, las motos son marca Fonda, o el autobús recorre la línea Madrid-Tokyo.

La primera aparición del superpersonaje de Jan fue a principios de los 70, en la editorial Euredit. Eran unas tiras cómicas, mudas y de cuatro viñetas en las que se parodiaba al Hombre de Acero. Después, ya en Bruguera, llegarían historias más largas, a color, escritas a veces por Jan solo o con la colaboración de algunos guionistas como Coti o Efepé.

El cómic que reseñaré para combatir a Superman será el primer volumen de Superlópez publicado por Bruguera. El dibujo, evidentemente, será siempre obra de Jan, aunque no todos los guiones serán suyos: algunas de las historias están guionizadas por Efepé (AKA de Francisco Gómez Navarro). El volumen, lo podemos dividir en cuatro bloques.

El primero son 8 aventuras de Superlópez, desde sus orígenes, cuando nos cuenta cómo llegó por accidente desde el planeta Chitón, pasando por grandes combates con peligrosos enemigos. Luchará contra supervillanos del nivelazo de Luz Luminosa, un personaje completamente alopécico —como Lex luthor— que utiliza el brillo de su calva para proyectar rayos de luz con una linterna y cegar a sus contrincantes. También se enfrentará con monstruos típicos de la ciencia ficción, como robots o extraterrestres. Y es que aquí ya aparecen todas las señas de identidad del personaje de Jan: costumbrismo barcelonés y cambios de nombres con carácter cómico que hemos comentado unas líneas más arriba.

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La segunda parte son trece historietas protagonizadas por el inmenso << Supergrupo >>. Si Superlópez parodia a Superman, el Supergrupo es una parodia de los Avengers y / o la JLA. Aparecen las versiones caricaturas de Spider-man, Capitán América, Wonder Woman, Dr. Strange, La Cosa, Thor y un robot que se parece mucho a Iron-man y que tienen nombres tan sugerentes como Capitán Hispania, Bruto, Thoro o Latas.

Las desavenencias entre los miembros del grupo, las ridículas batallas por el control de poder y los chistes que ridiculizan los superpoderes de los héroes DC / Marvel, hacen que sean, sin lugar a dudas, mis aventuras favoritas de Superlópez.

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En la tercera parte llamada Los invasores, el superhéroe retoma su vida “normal” después de dejar a sus superamigos. López vuelve a trabajar en el periódico y continúa su relación peculiar con la compañera de redacción Luisa Lanas mientras lucha esta vez con alienígena que copia —como el Terminator más vanzado de T2— la imagen humana de los terrícolas.

Finalmente llegamos a una de las etapas más famosas del héroe de Jan: El señor de los chupetes. Las historias de chupetes convertidos en armas de destrucción y el caos que provocan han quedado ancladas en la retina emocional de todo aquel que las haya leído.

Una lectura divertida, lenta —si queremos apreciar el barroquismo de las viñetas— y reparadora del histrionismo que a veces sufren los superhéroes con superpoderes y superesponsabilidades.

CIERRE: ¿The Man of Steel? … Acéptalo, kriptoniano: igual que le pasó al bueno de Mike Moran cuando trató de explicárselo a su mujer, tu historia es cómicamente inverosímil. Porque lo que colaba en los 40, 50 o 60 … no cuela desde los años 80. Ha de haber un poco de parodia para tener los pies en el suelo, antes de volver a coger un cómic de la Liga de la Justicia o del Detective Marciano. Parar para darse impulso.

Por eso Alan Moore desmontó a los superhéroes de la edad dorada con Watchmen o con Miracleman; Frank Miller transformó a Batman de héroe a héroe pirado; y Jan se encargó de quitar hierro… al Hombre de Hierro: de Superman a Superlópez para poder volver a Superman.

© Jordi Casals


timbreRIIIIING! Se acaba el sexto asalto. Se nota que los contrincantes se habían tomado un descanso más largo, porque han vuelto con energías de sobra y los golpes han sido demoledores. De momento, Jordi Casals lleva ventaja por puntos, pero Soldevilla ha venido armado esta vez con nada menos que el Hombre de Acero, y ahí es nada la de leña que le ha dado al simpático Superlópez. Al fin, como siempre, debéis ser vosotros quienes decidáis: ¿con cuál de los dos superhéroes os quedáis? ¡Votad!

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