LA REPÚBLICA PNEUMÁTICA. BAILE DE SERPIENTES (2015) – Jaume Valor

Autor: Jaume Valor Montero
Título: La República Pneumática. Baile de serpientes
Editorial: Fantascy
Año: 2015
Páginas: 464
ISBN: 9788415831495
Valoración: ★★★

 

Hacía tiempo que quería abordar la lectura del primer acto de esta trilogía del barcelonés Jaume Valor, “Baile de serpientes”, pero por diferentes razones hasta ahora no había tenido ocasión. El hecho de ser finalista en los premios Ictineu, y que yo sea jurado, me ha dado la oportunidad definitiva e inexcusable para leerla. Lo poco que sabía, y que casi se podía inferir de la portada, hacía referencia únicamente al escenario, pero ya resultaba alentador: La República Pneumática, como también se explica muy correctamente en la Auctoris Nota con la que se inicia, es una ucronía. Es decir, el libro nos expone una realidad histórica diferente a la nuestra y que no ha ocurrido nunca. En alguna medida, y como dice el autor, el concepto ya fue expuesto por el historiador Tito Livio en su Historia de Roma, donde imaginó cuál podría haber sido el mundo si Alejandro Magno, en vez de encarar sus conquistas hacia Grecia las hubiera dirigido hacia el oeste.

El momento clave que marca la disociación entre nuestra realidad y esta otra es el invento de la máquina de vapor por Herón de Alejandría (hecho ocurrido verídicamente en el siglo I d.C. pero que pasó sin pena ni gloria). En la historia de Valor, en cambio, este descubrimiento habría revolucionado absolutamente Occidente, llevando a una nueva República llena de avances tecnológicos inimaginables (coches neumáticos, rascacielos con elevadores, dirigibles voladores, etc.) que habrían prolongado mucho más la hegemonía de Roma. A la realidad ucrónica, pues, hay que sumar el elemento steampunk. Asimismo, también habrían tenido lugar todo tipo de problemas inherentes a estos avances y que el mundo no ha conocido hasta mucho más tarde (contaminación del aire y del agua, accidentes aéreos, migración campo-ciudad, desigualdades sociales mucho más acentuadas, etc.).

En un escenario tan atractivo como éste, únicamente faltaba ver qué tipo de trama proponía el autor. Valor, enamorado de la capital catalana y su historia, y perro viejo en esto de la escritura y las nuevas tecnologías (sólo tenéis que echarle un vistazo a la página Barcelona-Robot, que conduce junto con Laura Llimós, y el rompedor concepto de Narrativa Aumentada) ha querido situar todo este entramado donde conoce mejor: en Barcelona. Será a Barcinomagna, pues, donde llegará el protagonista, un joven de provincias llamado Marcus, y donde intentará encontrar las pruebas para liberar a su padre de una falsa acusación de asesinato. Sí, efectivamente, se trata de la archiconocida estructura del viaje del héroe, del ritual iniciático.

Será por las calles de una Barcinomagna de ecos dickensianos que el pobre Marcus deambulará, maravillándose de todo (tantas razas, lenguas y credos diferentes), al tiempo que menospreciado por todos y buscando respuestas a su drama particular. Valor sabe jugar bien estas bazas y a menudo, en vez de estarnos imaginando la antigua Barcino, estamos viendo las calles de la Barcelona actual, con su inmensa diversidad. Los Verdaderos Romanos, en este sentido, son una triste (por acertada) metáfora de tantos grupos xenófobos de nuestra realidad real. El enemigo, sin embargo, el “otro”, no está en la ucronía de Valor en el sur, como hoy, sino en el este. El lejano reino de Ch’in es la amenaza a los valores romanos tradicionales y son muchas las voces que claman para someterlos merced a la tecnología romana, mucho más avanzada. Será precisamente Jian, una china, la única que acogerá a Marcus en su casa, y quien lo introducirá en los secretos de la filosofía oriental.

Empiezan a continuación una serie de capítulos ágiles y bien escritos, donde aparecen algunos toques de humor bastante divertidos. Ahora bien, como en otros aspectos de la novela (la propia caracterización de los personajes), hay cosas que pecan de excesivamente arquetípicas y convencionales: en las tareas cotidianas que Jian encarga a Marcus se escucha la voz del señor Miyagi (“Poner cera, pulir cera”) en la misma medida que sus enseñanzas recuerdan el lethani que Kvothe se ve obligado a aprender para progresar en su camino de realización personal. Incluso, sin mucho esfuerzo, se pueden identificar algunas frases sospechosamente parecidas a las que el maestro Yoda dedica a un joven Luke en su aprendizaje Jedi en Dagobah. Y si la llegada de Lutu puede hacer pensar en la introducción de algún elemento nuevo, rápidamente vienen a la cabeza las páginas de Le Guin en el primer libro de Terramar, con las prisas del joven Gavilán por aprender la magia a cualquier precio y su caída en el lado oscuro.

A estas alturas, que el protagonista de un libro sea un humilde don nadie que resulta que está llamado a cumplir un destino mucho más grande de lo que esperaba, suena a tópico y no sorprende a casi nadie. A casi nadie adulto, al menos. En este aspecto, la novela es evidente que está hecha pensando exclusivamente en un público juvenil y, de ahí, que quizás a veces la acción sea excesivamente complaciente con lo que espera el joven lector. Por ello, es posible que el lector adulto y con un mayor bagaje, pueda sentirse un poco defraudado al final. Con todo, La República Pneumática es una entretenidísima lectura, muy recomendable, con un final lo suficientemente abierto como para que queramos seguir leyendo de las aventuras de Marcus Novus en la segunda parte, aparecida recientemente con el título de “Los cuatro confines”.

[P.S. Un último apunte, en cuanto a esto: Bravo por Cruïlla por hacerle confianza. Muy mal Fantascy, en cambio, que después de una edición excelente (con un extenso apéndice final que falta en la edición catalana, sólo on-line en la web) ha dejado a medias a los lectores en castellano.]


Baile de serpientes ★★★
Els quatre confins [sólo en catalán]
[pendiente]
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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