EL HOMBRE EN EL CASTILLO (1961) – Philip K. Dick

Autor: Philip K. Dick
Título: El hombre en el castillo (The Man in the High Castle)
Editorial: Minotauro
Año: 2013 (1961)
Páginas: 262
ISBN: 9788445077740
Valoración: ★★★★★

 

Según dicen algunos, la realización de este libro llegó en un momento de profunda crisis personal y literaria de Philip K. Dick, que no conseguía el reconocimiento que deseaba. Por las dudas, las obsesiones y las paranoias que le acompañaron a lo largo de este tiempo podemos entender, pues, la extraña dedicatoria con la que empieza: “A Anne, mi mujer, sin cuyo silencio este libro nunca se hubiera escrito”. Como tantos genios, el reconocimiento le llegó a Dick especialmente después de muerto. Un ejemplo más del eco de su obra (entre los títulos más célebres de la cual se encuentran la fuente de inspiración para filmes tan populares como Blade Runner, Minority Report o Desafío total) es la recién estrenada serie de televisión a partir de esta novela, precisamente.

El hombre en el castillo empieza sumergiéndonos directamente en una historia alternativa en la que Alemania y Japón consiguieron ganar la Segunda Guerra Mundial. Y lo hace sin ningún tedioso capítulo introductorio en el que el escritor, poco a poco, nos vaya enseñando las líneas maestras de su ficción. Siempre me ha parecido mucho mejor el método que encontramos aquí: que tengamos que ser nosotros, a través de lo que narra el autor (es la prueba del algodón para comprobar si es un buen constructor de mundos o no) y de nuestros propios medios (el bagaje personal de cada lector), que vayamos descubriendo cómo funciona esta sociedad futura, o alternativa, a la nuestra. Ciertamente, este recurso resulta desorientador, al principio. Es como coger a un astronauta y dejarlo caer en medio de la corte del rey Arturo, pero es la única manera de reforzar la verosimilitud, elemento clave en este tipo de literaturas, en mi opinión. Ocurría lo mismo, por poner sólo un ejemplo, con otra de sus obras mayores, Ubik (1969).

El hecho clave que propicia la derrota de los aliados en la Segunda Guerra Mundial fue el asesinato en 1933 del presidente Roosevelt, que comportó que EEUU no superaran la crisis en la que estaban inmersos y, así, no llegaran al gran conflicto en el estado adecuado. El mundo alternativo resultante, como decíamos, está repartido entre los países ganadores de la Segunda Guerra Mundial. Y del mismo modo que la Alemania vencida de nuestra realidad temporal fue descuartizada entre los países aliados, los EEUU vencidos de la realidad de Dick viven escindidos entre los estados bajo control del bando japonés y los del alemán. A destacar, las diferencias palmarias que el año en que se sitúa la novela (1962) se manifiestan entre los territorios bajo dominio de uno y otro bando: mientras los nazis gobiernan férreamente los suyos y siguen aplicando impecablemente sus políticas racistas (persiste la persecución a los judíos, se habla de un horno crematorio en Nueva York, se ha producido una esterilización en masa de la población rusa, ha tenido lugar un Holocausto en África, etc.), los territorios bajo dominio nipón gozan de una mayor libertad, aunque sus políticas no reportan un progreso tan manifiesto como las de sus vecinos arios.

La novela es extraordinariamente breve, pero eso no implica que sea simple. Al contrario. El hombre en el castillo ni siquiera tiene una única trama (confluyen desde las intrigas políticas al thriller de espías) ni un solo protagonista, sino que son varias las voces cantantes que irán tejiendo relatos aparentemente independientes, pero que en un momento dado se entrelazan (superficialmente muchas veces) creando una especie de fantásticos crossovers: Robert Childan, el vendedor de antigüedades americanas (relojes de Mickey Mouse o chapas de Coca-Cola), auténtica obsesión de las fuerzas de ocupación japonesas; Frank Frink, despedido de su trabajo y que inicia un prometedor negocio de piezas de joyería con otro socio, piedra de toque de la nueva cultura contemporánea americana y del resurgir del amor por lo propio; Juliana Frink, la ex esposa de Frank, que mantiene un romance apasionado con un personaje extraño, el espía italiano Joe Cinnadella, con una misión secreta por cumplir. Es a través de la cotidianidad de estas vidas, y de otras, que se va desarrollando la historia de la novela.

Dos libros marcan profundamente al nuestro. Por un lado, el I Ching, el oráculo chino de las mutaciones. Se trata de un texto escrito hace 5.000 años y usado a modo de oráculo, tanto por el propio Dick, que confesó que lo había consultado más de una vez cuando escribía esta novela, como por algunos de sus personajes, que le consultan cualquier decisión que deben tomar en su vida. Su inclusión en la novela seguramente responde a la honda influencia que aquellos años todo el misticismo oriental ejercía ya sobre el autor. El otro libro importante es La langosta se ha posado. Este libro, una invención de Dick, representa que ha sido escrito por un tal Hawthorne Abdensen y nos presenta una realidad alternativa a la ucronía de la novela, en la que Roosevelt no fue asesinado y, en consecuencia, los aliados consiguieron ganar la guerra. Se trata de una gran broma, ya que esta realidad ucrónica en la ucronía, en vez de coincidir con la nuestra, añade una nueva (tercera) posibilidad. Magistral.

Abdensen, que vive temeroso de ser asesinado a causa de su libro, prohibido en las zonas de influencia alemanas, se refugia en una fortaleza en las montañas Rocosas. Él es el hombre en el castillo que da título a la novela y, desde muchos puntos de vista, se puede identificar también con el propio Dick. No sólo porque confiesa haber escrito este libro siguiendo las enseñanzas del I Ching, como Dick, sino porque en el fondo este texto y el propio final de nuestra novela dan la clave de todo, planteando una posibilidad inconcebible para los personajes de la ficción libresca: la existencia de otra realidad diferente a la suya, en la que Japón y Alemania realmente perdieron la guerra. Una posibilidad, por otra parte, tan inconcebible como es para nosotros pensar que esto no ha sido así. Es la tesis, defendida en varias ocasiones por Dick, que existe una multiplicidad de universos paralelos, y que a veces se entrecruzan. Los multiversos, hoy tan de moda. ¿Quién puede afirmar, sin temor a equivocarse, que nosotros no estemos viviendo sólo en una de estas realidades, en nada menos real que infinidad de otras, que están teniendo lugar, independientemente a ésta, en este mismo momento, con versiones ligeramente diferentes de nosotros mismos?

Señoras y señores, si acaban de sentir una ligera punzada en el cerebro no se asusten; sean bienvenidos a la literatura de Philip K. Dick, uno de los grandes clásicos contemporáneos de cualquier género o literatura, en este universo o en cualquier otro de paralelo.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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2 thoughts on “EL HOMBRE EN EL CASTILLO (1961) – Philip K. Dick

  • 29 Agosto, 2016 at 10:36 am
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    Philip K. Dick de la literatura de ciencia ficción, un hombre que ademas de escribir grandiosos libros removía conciencias con sus escritos. Soy un profano en el autor, salvo un par de títulos como Ubik o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? no he leído nada más, pero lo peor, es que tengo muchas ganas. Esta ucronía es una de las que más tengo ganas, siempre esta en los tops y pedestales de los lectores del autor, y esa edición de Minotauro en tapa dura es una gozada. Un abrazo^^

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