CERO K (2016) – Don DeLillo

Autor: Don DeLillo
Título: Cero K (Zero K)
Editorial: Seix Barral
Año: 2016
Páginas: 318
ISBN: 9788432229169
Valoración: ★★

 

Indudablemente, Don DeLillo es una de las grandes voces de la narrativa estadounidense actual, y universal. Uno de esos autores que, estando todavía en vida, puede disfrutar del estatus de clásico contemporáneo. Basta echar un vistazo a su bibliografía para corroborar esta afirmación, con un buen número de títulos harto influyentes. Precisamente por ello, lo más habitual cuando publica una novela es que los críticos le dediquen unánimemente encendidos elogios. Podemos pensar que esto es así porque verdaderamente todo lo que hace DeLillo es oro, sin excepción, o bien porque debido precisamente a ese status que comentaba hace un momento, lo más sencillo para el crítico es ensalzar lo que publica sin excepción. ¿Que la obra es digresiva, lenta y aburrida? No pasa nada: se hace uso en la reseña de expresiones altisonantes como “texto mesmérico” o “hermenéutica de la vida” para calificarla, y así da la impresión de que, si no te ha gustado la novela, la culpa es tuya, porque no la has entendido. Porque no tienes el nivel… No seré yo quien diga que es y que no es digno de elogio, pero por lo que a mí respecta, ya adelanto que Cero K no me ha parecido una buena novela.

El libro se divide en tres partes, de longitud desigual. En la primera, situada en un futuro no muy lejano, el autor nos presenta el tema central: fruto de los avances tecnológicos, se ha conseguido desarrollar un sistema de criogénesis que permite mantener una vida humana en suspenso, invernada durante años si hace falta y reanimarla en un futuro indeterminado. El proceso está pensado para personas que sufren algún tipo de enfermedad incurable y que quieren probar suerte con las posibilidades médicas de la sociedad futura. El dilema es si vale la pena sacrificar una parte del tiempo que te queda ahora para conseguir beneficiarte de esta cura hipotética mañana, o no. En paralelo a este asunto central, se abre un abanico de temáticas secundarias igual de interesantes o más, y que nos llevan a reflexionar sobre los grandes temas de la condición humana: la vida y la muerte, en sus múltiples representaciones (enfermedad , accidente, suicidio, eutanasia, la otra vida).

¿Qué sentido tiene vivir si al final no nos morimos?

DeLillo focaliza los hechos y las reflexiones en el drama que viven Joffrey Lockhart y su padres, Ross, el inversor principal del centro de congelación donde tiene lugar el experimento, y su esposa, la madrastra de Joffrey, que está enferma y se quiere someter a ello. Desgraciadamente, el autor decide abordar estos temas, apasionantes, por la tangente, en vez de frontalmente. De este modo, esta primera parte, la más larga, está llena de capítulos digresivos que dan la impresión de estar allí sólo como relleno y de conversaciones entre los personajes absolutamente ociosas. Además, la frialdad en los personajes y el trato aséptico que se dispensan no ayuda a crear complicidad entre los protagonistas y los lectores. Y mientras las páginas fluyen con dificultad, el lector, más que aburrido, se va preguntando a dónde le quiere conducir el autor. A destacar, sin embargo, un par de temas, ligados a la ética: la idea de que es posible acabar con la muerte, lo que supone en el fondo la redefinición de nuestra propia humanidad, asociada desde siempre a ser mortales, y que esta posibilidad de vivir para siempre es únicamente accesible a las personas que tienen un determinado poder adquisitivo.

La segunda parte es únicamente un capítulo. En la línea de Ubik (1969) de Philip K. Dick, DeLillo nos ofrece un capítulo en el que asistimos a una especie de monólogo interior de la madrastra (o de su conciencia, que permanece semidesperta), una vez ha sido congelada y se encuentra en el sistema de almacenamiento. DeLillo se acerca intencionadamente a la literatura onírica en estas páginas, y el lirismo y las reflexiones metafísicas van en esta línea. Resulta interesante, por lo que tiene de experimental, aunque está a años luz de la belleza lisérgica que destila el libro de Dick.

Finalmente, la tercera y última parte, se sitúa unos años después de los hechos narrados hasta ahora. Ross, el padre, decide que no puede vivir sin su esposa y quiere poner en práctica un procedimiento que se ha apuntado muy poco hasta ahora, y que es el que da título a la novela: Cero K. Se trata de que una persona sana se someta al experimento y se congele de manera voluntaria. De este modo, tal vez, en el futuro, Ross podrá reencontrarse con su mujer y continuar las cosas donde las habían dejado. Un punto y seguido. Jeffrey, no obstante, escéptico con todo esto desde el principio, se opondrá. La tecnología, el conocimiento, el lugar del hombre en este futuro científico… también tienen cabida en la lista de cosas sobre las que reflexiona el autor.

-Es humano querer saber más, y más, y todavía más -dije-. Pero también es cierto que lo que no sabemos es lo que nos hace humanos. Y el no saber no tiene fin.

No se hace un retrato exhaustivo de ello, sólo se sugiere, pero en esta última parte aparecen suficientes pistas para considerar que el futuro que nos propone DeLillo no es ninguna utopía. Todo lo contrario, es un futuro distópico en el que hay guerras, impera el fundamentalismo y únicamente los ricos tienen asegurada la vida (tal vez incluso la vida eterna). Recuperamos en este acto final las divagaciones y los pasajes de introspección extrema de la primera parte, una de las marcas de la casa, como ya sabrán los seguidores de la prosa de DeLillo.

Personalmente, que no me considero muy fan de ella, ya hice notar cuando reseñé una de sus obras mayores, Americana (1971), que no me acababa de satisfacer mucho este estilo y que las derivas descriptivas y metafísicas creía que tenían el defecto de alejar al lector del auténtico meollo de la historia. En definitiva, pues, Cero K pienso que es un libro que gustará a los que les gusta siempre DeLillo. Y son unos cuantos. Es más que probable, en cambio, que muchos lectores acostumbrados a la literatura de género o simplemente lectores en general (pero no acérrimos de DeLillo) queden decepcionados con este libro. Y no por el género, precisamente. Otro autor que tampoco puede considerarse habitual del fantástico, Cormac McCarthy, y que también se acercó a las distopías hace unos años, supo ofrecer un libro potentísimo, una de las mejores reflexiones sobre la condición humana de este principio de siglo XXI, y fue apreciado unánimemente por todo tipo de lectores. En las primeras páginas, sin embargo, ya queda claro que Cero K no es La carretera (2006).

Ya que este libro nos habla también del tiempo y de cómo lo invertimos, que cada lector piense a conciencia antes de empezar a leer si le parece una buena inversión dedicar tiempo a su lectura. No hay opciones más correctas que otras. Sólo lectores diferentes. Y que nadie os haga pensar que no tenéis el nivel suficiente si no os gusta, por más que use palabrotas como “texto mesmérico” y “hermenéutica de la vida”.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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2 thoughts on “CERO K (2016) – Don DeLillo

  • 24 Agosto, 2016 at 11:24 am
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    A mi la verdad que no me termina de llamar, no he leído nada del autor y tampoco paro de ver reseñas por todos lados, pero no me despierta ese sentimiento de querer leerlo como si lo hace la pila de ciento y pico libros que me espera. Un abrazo^^

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