LAS COSAS QUE PERDIMOS EN EL FUEGO (2016) – Mariana Enríquez

Autor: Mariana Enríquez
Título: Las cosas que perdimos en el fuego
Editorial: Anagrama
Año: 2016
Páginas: 197
ISBN: 9788433998064
Valoración: ★★★★

 

Hace unas semanas se puso de moda hacer recomendaciones de libros en las redes sociales, usando la etiqueta #RecomiendoEsteLibro. Fue gracias a esta iniciativa, pues, que conocí el libro que reseño hoy. La recomendación venía nada menos que del escritor castellonense Emilio Bueso, autor de Extraños eones (2014) y Ahora intenta dormir (2015), entre otros. Bueso destacaba el acierto de Anagrama y decía que se trata de un libro de terror sutil, preciosista, con toques costumbristas, escrito desde una óptica femenina, con momentos de realismo sucio y un punto de crítica social “a la argentina”. Además, advertía, el idioma no es ningún inconveniente. Los seguidores de este blog ya saben que aquí hemos valorado muy positivamente las aproximaciones que hemos hecho a Bueso, así que no quise pasar por alto una recomendación tan entusiástica.

Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enríquez es una antología de doce relatos de terror, pero con un estilo muy particular. De hecho, el terror es únicamente un elemento más de una amalgama muy diversa que la autora combina con maestría para tejer un mundo literario ficcionado, pero lo suficientemente acercado a nuestro (al de cada uno), para que cualquier lector, sea de donde sea, lo pueda sentir como propio. Y, por tanto, reconocerse en las historias, en mayor o menor medida.

El primer relato, por ejemplo, “El chico sucio”, es una curiosa aproximación a la literatura de fantasmas, pero a partir de una historia centrada en un niño de la calle y su relación con una vecina de clase acomodada. La violencia de las calles de Buenos Aires (extrema en algunos casos) y la pobreza son señas de identidad de todo el volumen. En una línea similar discurre “La Hostería”, el segundo relato. Haciendo gala de la misma sensibilidad, la autora nos habla en esta historia (también con ecos fantasmales) de amor, política y venganza. No es terror que provoque chillidos. En cualquier caso, sin embargo, estos dos primeros relatos no son en mi opinión los mejores de la recopilación.

Ahora bien, a partir de “Los años intoxicados” (una bella metáfora sobre el tema de la posesión que recuerda a una historia de vampiros, muy bien envuelta con el tema de la crisis económica) y sobre todo de “La casa de Adela”, una auténtica joya, la antología me atrapó y ya no me soltó hasta el final. Este último relato aborda el popular tema de los poltergeists, de las casas embrujadas, pero desde una óptica nueva, diferente y original. Terror psicológico. Mariana Enríquez sabe manipular al lector hábilmente para infundirle el sentimiento que busca. No he podido evitar recordar, precisamente, un relato de Emilio Bueso al leer este cuento: “Vecina“.

Tras el infantil título del siguiente, “Pablito clavó un clavito: una evocación del Petiso Orejudo”, se esconde la historia de Cayetano Santos Godino, célebre asesino de niños de 9 años en la Argentina de principios del siglo XX. La autora, sin embargo, aborda el tema indirectamente, a pesar de que la presencia de Petiso es lo suficientemente intensa como para que la elipsis final pueda ser interpretada en el peor de los sentidos. “Tela de araña” es otro ejemplo de lo que decía antes: que en estos relatos suele ser más importante lo que se calla que lo que se dice. Las desavenencias matrimoniales, la visión más bien negativa de la figura masculina (ausente en varias historias y directamente maligna en otras) y la idea del asesinato del marido son algunos de los leit motivs que aparecen.

“Fin de curso”, también con protagonista femenina, profundiza en los desórdenes mentales de una adolescente que se autolesiona. El siguiente relato, “Nada de carne sobre nosotras”, parece ser igualmente una incursión en uno de estos desórdenes psicológicos tan habituales hoy en día: en este caso la anorexia. A partir del hallazgo de una calavera, la protagonista del cuento fabulará con la idea de reconstruir el esqueleto entero. Entre irónico y escalofriante. De hecho, la ironía cruza varios relatos, a veces de manera muy sutil. En el siguiente, por ejemplo, “El patio del vecino”, uno de los mejores de la antología, Mariana Enríquez nos presenta de nuevo el tema de los conflictos cotidianos en una pareja: ella es una chica depresiva y con tendencias alucinatorias y él manifiesta prejuicios con la labor de los psiquiatras (¡en Argentina!), por lo que le prohíbe ponerse en manos de ningún terapeuta. Realidad y ficción, locura y cordura se confunden (nos confunden) el punto justo para hacernos dudar de todo. Magistral.

No menos extraordinario es “Bajo el agua negra”. En este relato cambiamos de registro (a medias) y la autora, circunscribiendo nuevamente la acción en los barrios marginales que tanto le interesan (miseria, delincuencia, corrupción), nos hablará de un tema que no había tocado hasta ahora: la contaminación del medio ambiente y los funestos resultados que esto puede llegar a comportar. Si prestan atención, los amantes del Soñador de Providence seguro que encontrarán más de un guiño. “Verde rojo anaranjado” me ha dado la impresión también de ser una historia realmente apreciable, sobre todo por el referente real, que desconocía y me ha parecido curiosísimo. Enríquez aprovecha el fenómeno japonés de los hikikomori (adolescentes y adultos jóvenes que se ven abrumados por la sociedad y se sienten incapaces de cumplir los roles sociales que se esperan de ellos, reaccionando con un aislamiento) para contarnos la historia de un chico sempiternamente enclaustrado en su habitación. Los problemas de la comunicación y el uso de internet se encuentran en el fondo de esta historia.

Paradójicamente, y después de tantos relatos memorables, el último de la recopilación, el que da título al libro, “Las cosas que perdimos en el fuego”, no me ha parecido de los mejores. Es una pieza que toca muchos temas, pero se centra especialmente en el de la violencia de género y la idea del suicidio a través del fuego. Interesante, pero no tan excelso como otros, en mi opinión.

Quizá sea ya un cliché demasiado gastado, tal vez sea un hecho consustancial a la literatura hecha en Hispanoamérica, pero lo cierto es que leyendo a Mariana Enríquez me han venido a la cabeza un montón de nombres y de historias. Todos somos herederos de nuestra tradición, pero en la manera de hacer de los autores de aquellas latitudes parece que esto sea siempre mucho más evidente. Mucho más presente. Esta antología no es una excepción. Y es por eso que tengo que decir que bajo las extrañas, maravillosas, absurdas y bellas historias que nos cuenta la autora, no he podido no sentir el latido de las historias de los grandes clásicos hispanoamericanos: Cortázar, Rulfo, el propio Borges. Y no sólo hispanoamericanos. Si uno lee atentamente y discierne el grano de la paja, seguro que podrá notar también los horrores de Poe o las paranoias de Lovecraft, entre otros. Quizá por esa capacidad de síntesis, manteniendo siempre una voz propia, Mariana Enríquez es considerada una de las voces más prometedoras de la literatura argentina.

Pues sí, Emilio, resulta que es muy recomendable.

Relatos contenidos en esta antología:
El chico sucio ★★★
La Hostería ★★★
Los años intoxicados ★★★
La casa de Adela ★★★★★
Pablito clavó un clavito: una evocación del Petiso Orejudo ★★★★
Tela de araña ★★★
Fin de curso ★★★★
Nada de carne sobre nosotras ★★★★
El patio del vecino ★★★★★
Bajo el agua negra ★★★★★
Verde rojo anaranjado ★★★★
Las cosas que perdimos en el fuego ★★★
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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