Round #5: LOS VENGADORES VS. HAZAÑAS BÉLICAS

Título: Los Vengadores. Grandes Amenazas
Guión: Jim Shooter
Dibujo: Buscema-Pérez-Byrne
Editorial: Panini
Año: 1977-1978 (2011)
Páginas: 188
ISBN: 9788498857047
Valoración★★★★★
Título: Hazañas bélicas. Tomo 1
Guión: Boixcar (Guillermo Sánchez Boix)
DibujoBoixcar (Guillermo Sánchez Boix)
Editorial: Planeta de Agostini
Año: 2013
Páginas: 80
ISBN: 978-84-684-2086-8
Valoración★★★★

APERTURA: ¿Un combate con Hazañas bélicas? Bueno, seamos sinceros: estamos comparando Salvar al soldado Ryan con un documental del NODO.

Los Vengadores deberían estar compitiendo con sus coetáneos sesenteros como los 4F o La Liga de la Justicia. O si prefieren, comparémoslos en justa lid con Los Defensores, o con Los Campeones —que también aparecen en Grandes amenazas—, o con Los Inhumanos o con cualquiera de aquellos supergrupos que se pusieron de moda durante los 70 después del éxito de Chris Claremont con la Segunda Génesis de la Patrulla-X ideada por Len Wein; Tal vez podrían competir con Alpha Flight o con el Escuadrón Suicida o incluso puede que con la primera Patrulla X. Si me apuran, mezclemos géneros y comparémoslos con el Supergrupo que creó Jan. El de Super López y el Capitán Hispania entre otros… Pero jamás deberían competir con Hazañas bélicas porque no están en la misma liga.

¿Quieren cómics bélicos? Jack Kirby escribió muchos cómics de ese género. Tanto Kirby como  Stan Lee se alistaron para combatir en la Segunda Guerra mundial —Kirby combatió, Stan Lee colaboró desde una oficina—. Búsquenlos si pueden, o si no, los primeros números de Capitán América —los firmados por Joe Simons y Jack Kirby— tal vez podrían servir de contrincante a los cómics de guerra del gran Boixcar pero… ¿Los Héroes más poderosos de la Tierra? Ni de coña.

No es un combate justo. Es como si en un duelo uno de los contrincantes, vestido con la armadura del Dr. Doom, blandiera Excalibur y tuviera las espaldas salvaguardadas por dos Terminators, mientras el otro duelista estuviera armado tan sólo con unos nunchacos —que sí. De los buenos. Oficiales y patentados por el mismísimo Bruce Lee… pero tan sólo con unos nunchacos al fin y al cabo—.

No es que quiera ser condescendiente con Soldevilla —al enemigo ni agua— pero es que le ha tocado bailar con la más fea —me refiero exclusivamente a las batallas comiqueras biblionáuticas, puesto que en la vida real eso de con “la más fea” nada de nada: cuántos quisieran bailar con la suma beldad-sacro-santa que tiene por esposa—.

Sean justos y voten en consecuencia. ¡Vengadores, reuníos!

Los Vengadores han sido un pilar para la adolescencia de muchos que estamos ya, en el mejor de los casos, con crisis de ésas que sólo se subsanan mediante la compra de una Harley. Si la crisis, tus prioridades o tu estética no te permiten hacerte con una american chopper te ofrezco otro remedio: vuelve a releer (o lee por primera vez) las Sagas de Vengadores.

Stan Lee y Jack Kirby los crearon para competir en ventas con la Liga de la Justicia de DC. Y es que, en 1960, la gran editorial Detective Comics, reunió en un mismo tebeo a Superman, Flash, Batman, Wonder Woman, Green Lantern, Aquaman y al Detective Marciano. Incontestable, ¿verdad? Todos juntos formaron un supergrupo supertalentoso conocido como la Liga de la Justicia (JLA, American Justice League). Ni que decir tiene que el aliciente de poder encontrar en la misma viñeta a todos aquellos héroes favoritos hizo las delicias de los fans y provocó un enorme éxito editorial.

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Para competir en ventas con semejante producto, Stan Lee y Jack Kirby (sí, de nuevo Stan Lee y Jack Kirby) decidieron poner a trabajar conjuntamente a algunos viejos conocidos de la afición —Thor, Hulk,  Iron Man, La Avispa y Ant-man— y crear un supergrupo que emulara y aguantara el tirón de ventas de la Superliga de DC[1]

La excusa para reunir a los Héroes más poderosos de la tierra —epíteto épico que les acompañará por siempre— fue la amenaza de Loki (el hermano de Thor con más peligro que una tortilla con mayonesa  fuera de la nevera en el mes de julio) a quien, tal vez, por separado no hubieran podido vencer.

Los primeros Vengadores aguantarían juntos unos pocos números. El Capitán América —a quien Hollywood ha llamado erróneamente “El primer Vengador”— se les uniría en el número 4. Poco después todos los Vengadores-fundadores abandonarían la alianza dejando al Cabeza Alada con el exsupervillano Ojo de Halcón y  los peligrosos mutantes Bruja Escarlata y Mercurio: los hijos de Magneto.

A partir de ahí, la nómina de héroes que han sido miembros de Los Vengadores ha sufrido más cambios que el cinco inicial de los Lakers o el banquillo del Real Madrid. Cada guionista ha ido incluyendo a algunos de sus héroes favoritos. Esto ha provocado algo así como lo que ocurre en Juego de Tronos: ningún personaje es intocable.

 Del mismo modo que los personajes han ido deambulando en las diferentes épocas de los Vengadores, también lo han hecho diferentes guionistas, como Roy Thomas, Gerry Conway, Jim Shooter o dibujantes de la talla de George Pérez, John y Sal Buscema o el mismísimo John Byrne.

Pero hay una máxima que reza así:

Una vez Vengador, Vengador siempre.

Ésta provoca que, a criterio del guionista, los héroes retirados puedan volver a aparecer en la serie —¿cuántas veces habrán abandonado el grupo Ojo de Halcón o el Capi, por ejemplo,  para acabar volviéndose a unir?

Ahora hay que elegir una Saga. Sólo una. Pienso primero en las Guerras Kree-Skull. En Las Guerras Asgardianas. En La era de Ultrón. En La Corona de Serpiente… Y como del tándem Thomas-Buscema ya hablé en Capitán Trueno Vs. Conan, me voy a decidir por el volumen Grandes amenazas. ¿Por qué? Porque encontraremos a un buen número de amigos y enemigos del universo marveliano, pero sobre todo por tres motivos.  Por el conflicto entre La Visión y Wonder Man y también para poder hablar, por primera vez desde estas páginas de Hank Pym y de Jim Shooter.

Creo que no merece la pena insistir en la archiconocida valentía de Los Vengadores, ni en el reconocimiento y confianza que depositan en ellos casi todas las Naciones —incluida la ONU—, ni en las batallas interestelares o interdimensionales —contra el Escuadrón Supremo, por ejemplo—… Prefiero hablar de Los Vengadores en Nueva York. Los héroes en escenarios reales y verosímiles con conflictos humanos y mundanos —guardo con cariño el episodio en el que Jarvis [2], el mayordomo, lidera un movimiento vecinal para luchar contra delincuentes comunes.

Uno de estos conflictos “terrenales” aparecía entre batalla y batalla, en una segunda línea argumental, casi de tono rosa melodramático, en los números de los últimos años de los setenta: el triangulo amoroso formado por Visión, Wonder Man y La Bruja Escarlata. Pero para ello, apreciado lector, antes tendré que hablar de Hank Pym.

Además de miembro fundador, es el responsable de un montón de tramas y de un buen número de los pollos, movidas, problemas y engorros que les acontecen a los Héroes más Poderosos. [3] Vamos a ver si soy capaz de explicar algunas de esas causa-efecto que provoca Pym como si fuera una matrioska, una muñeca rusa de ésas que contienen otra —y otra y otra— en su interior.

Él inventa la <<Partícula Pym>> y gracias a ella podrá convertirse —o podrá convertir a otros— en Ant-man, en Chaqueta Amarilla, en Goliath y a su futura mujer, Janet van Dyne, en la Avispa. Pero Pym —científico y tecnólogo al nivel de Tony Stark o de Reed Richards— es también el creador de, si no el mayor, uno de los mayores enemigos de Los Vengadores: el robot Ultrón. Un ente de adamantium, inteligente e indestructible, con más vidas que un gato empachado de judías mágicas, con el único propósito de destruir al grupo de su creador.

Sin Hank Pym no hay Ultrón. Sin Ultrón no hay Yocasta —la robot creada por Ultrón que se acabará uniendo a los Vengadores—. Pero, sobre todo, sin Pym ni  Ultrón no existiría La Visión.

Ultrón se hará con el cuerpo de aquel androide que, desde las páginas de Timely Comics, con el nombre la Antorcha Humana —hoy conocida como la Antorcha humana original para diferenciarla de Johnny Storm de los 4F— luchaba contra Namor en los años 40.

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A ese cuerpo de robot le implantará las coordenadas mentales de Simon Williams. ¿Que quién es Williams? Simon Williams se convertirá en Wonder Man cuando el Barón Zemo le proporciona poderes para destruir a Los Vengadores. Pero el propio Zemo lo matará cuando éste lo traiciona en pro de los Vengadores. El bueno de Hank Pym había guardado antes una copia de las pautas cerebrales de Williams, que serán robadas por Ultrón e implantadas en el cuerpo del androide para crear La Visión. Números después, Wonder man regresará sin consciencia, como si fuera un zombi —chúpate esa, Robert Kirkman— en La Legión de los Muertos y se enfrentará de nuevo a los Vengadores. Recuperada por completo su consciencia, se unirá al grupo y… aparecerá el conflicto:

La Visión sabe que es un androide creado por un enemigo y que su mente, sus pensamientos y sus sentimientos son una burda copia de los de Wonder Man.  Sufre porque es una foto de las pautas mentales de Simon Williams. Su amada Wanda, la Bruja Escarlata, dice estar enamorada de él, de La Visión, pero ¿cómo conformarse con la copia teniendo a tiro al original? Por si fuera poco, el Segador, hermano de Simon Williams, aparecerá para imponer su justicia y su venganza.

Hay que remarcar que Grandes amenazas no es un título autoconclusivo. Es una recopilación de diez números de la serie regular en los que aparecerá también Yocasta, Ant-man, Gravitón, Pantera Negra, Nefaria…

Los dibujos van a cargo de artistas espectaculares. John Byrne (véase el combate en este blog entre La Patrulla de los Castores vs. La Patrulla X), Sal Buscema y George Pérez. Tres dibujantes que han pasado ya al Olimpo del mundo del cómic.  Sal “the pal” Buscema, quien rápidamente se quitó de encima por méritos propios la alargada sombra de su hermano John en series como Hulk. O el bueno de George Pérez, que dibujó a los Vengadores para Marvel y a La Liga de la Justicia para DC.

El guionista es Big Jim Shooter, editor de casi dos metros de altura que acabará dirigiendo La Casa de las Ideas y que será responsable, entre otros muchos éxitos, de escribir la fantástica serie de 12 números Secret Wars, el primer gran crossover de Marvel en el que los mejores superhéroes se enfrentarán a los peores supervillanos  —por supuesto no podrán faltar unos cuantos Vengadores en las Secret Wars: el Capi, Iron Man, la Avispa, Hulka, Capitana Marvel—.

© Jordi Casals


La serie Hazañas bélicas constituye uno de los hitos más remarcables de la historieta española. La obra fue creación de Boixcar (1917-1964), responsable del guión y de los dibujos, y sin duda la figura de referencia, aunque en la colección también colaboraron otros artistas, como el jovencísimo Jordi Longarón, verdadero niño prodigio del cómic de aquellos años. Empezó a publicarse en 1948, en lo que sería la primera serie de la colección –veintinueve números-, para reemprender su presencia en el mercado en 1950 y mantenerse ininterrumpidamente en él hasta mediados de los sesenta, a lo largo de más de trescientos números; a partir de ese momento las reediciones fueron permanentes y constantes convirtiéndose en una experiencia compartida por diversas generaciones. Así se entiende la creación en 2011 por parte de Hernán Migoya de las paródicas Nuevas Hazañas Bélicas, ambientadas en la guerra civil –con la versión roja y la versión azul-, la recopilación de las Hazañas bélicas de Longarón por parte de EDT en 2012 o ya en 2014 –setenta años después de la aparición del primer cuadernillo- la reedición de las aventuras de los años cincuenta, el grueso de la obra de Boixcar, a través de una colección de setenta y cinco entregas que fue precedida de una intensa campaña publicitaria.

Esta longevidad y permanencia en el mercado y en la memoria colectiva no ha sido el único mérito destacable de la obra; si decimos que es un hito, ello se sustenta en virtudes tanto gráficas como narrativas. Con frecuencia, con esa capacidad tan absurda de criticar al tuntún nuestro patrimonio más valioso, se ha acusado a Boixcar de un innegable hieratismo a la hora de dibujar los personajes, de su escasa capacidad para dotarlos de rasgos diferenciadores, de una cierta limitación gráfica subsanada por el uso abusivo de documentación, procedente en muchas ocasiones de la revista de propaganda de la Werchmat, Signal. Sin negar estos rasgos, no se ha subrayado suficientemente sus extraordinarias virtudes: el grafismo sólido y convincente, el clasicismo compositivo, sus dotes para la ilustración que le permitían crear tanto portadas de una contundencia expresiva insuperable como viñetas sin texto de gran tamaño que condensaban los momentos más dramáticos y espectaculares de cada episodio. Criticar el rigor documental y la dependencia de las fuentes fotográficas o gráficas de otras publicaciones no deja de ser un disparate; en Hazañas bélicas, al mismo nivel que los dramas humanos, las máquinas adquieren un protagonismo demoledor. Ante esa evidencia, Boixcar trabaja con rigor el retrato de las bestias de metal, de tanques, cañones, submarinos y aviones, y lo hace con ese talento único que tienen los grandes dibujantes que saben fundir el documento de origen con su estilo personal. Por no hablar de esas tramas manuales, tejidas pacientemente, que conseguían dotar de texturas únicas cada una de sus composiciones. O de la ausencia de onomatopeyas, silencio gráfico en medio de batallas y explosiones que dota a la obra de una grandeza y solemnidad únicas.

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Pero si Hazañas bélicas es un cómic de innegables virtudes gráficas, en el  campo narrativo ofrece hallazgos incuestionables. Es evidente que nos encontramos ante un magnífico ejemplo de cómic bélico, pero no se puede menospreciar el talento de Boixcar para combinar este género con el melodrama, la serie negra o el drama religioso. Sacerdotes que convierten a comunistas de corazón noble, mujeres fatales que, avergonzadas, se redimen como enfermeras en el frente, cieguitas que son salvadas de la desesperación, inocentes acusados de crímenes que no cometieron, hermanos gemelos enfrentados por una mujer, criminales castigados finalmente en el frente, lores enamorados de simples empleadillasLa pasión estalla en las páginas de un tebeo que, frente a lo que podríamos pensar, también tuvo un amplio éxito entre el público femenino, obligado por el mercado a leer un tipo de historieta más adocenada y cursi.

Se acusó a Boixcar de germanófilo, pero lo cierto es que en la mayoría de sus creaciones siempre hay enemigos claros: o los comunistas o los orientales. O los comunistas orientales. Es cierto que los alemanes surgen con frecuencia como personajes positivos, enfrentados a los desmanes rojos, pero no es menos cierto que, cuando se publica la serie, ya en los años cincuenta, un cierto fatalismo parece recorrer estos triunfos germanos: todos los lectores saben que, a pesar de las victorias puntuales, esos alemanes que han salido vencedores de los atropellos soviéticos, van a ver su país invadido, destruido y derrotado.

La mayoría de los episodios están ambientados en la segunda guerra mundial, la guerra entronizada por el Hollywood de esos años, pero a veces la serie funciona como crónica periodística. Cuando en 1950 estalla la Guerra de Corea, ese va a ser el escenario donde se van a desarrollar infinidad de entregas de la serie convirtiéndose Hazañas bélicas en una suerte de relato de la actualidad. Aconsejamos a los lectores curiosos que lean al mismo tiempo la obra de Boixcar  y los prodigiosos cómics bélicos de la EC publicado en Estados Unidos al calor del conflicto bélico, un ejercicio de historieta comparada que a buen seguro nos despojará de clichés y reduccionismos.

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Fatalismo, épica, mirada amarga sobre la guerra, voluntad moral, grafismo clásico, rigor compositivo, temple narrativo, amalgama de géneros. Guerra y tragedia. La vida convertida en relato. La muerte como fantasma que sobrevuela decenas de viñetas. Frente a eso, las hazañas bélicas de imposibles e inverosímiles superhéroes que viven peripecias fantasiosas solo nos pueden despertar una mirada simpática y una sonrisa indulgente.

CIERRE: Dos maneras de enfrentarse al mal. Con la historia de apariencia real o con la fantasía más desbordada. Hazañas bélicas vs Los Vengadores. Una granada de mano o un martillo asgardiano, el coraje de un sencillo muchacho convertido en soldado o la valentía de un superhéroe dotado de poderes prodigiosos para salvar al planeta. Unos y otros ante el mal, luchando por lo que creen, con los compañeros al lado, sufriendo con ellos, muriendo con ellos. Dos maneras de entender el cómic.

© Joan Manuel Soldevilla


XXX_8804_1312828377_1¡RIIIIING! Final de este nuevo asalto. Y nuevamente, vuelve a ser la hora que los lectores escojan su bando en esta particular civil war entre nuestros expertos en cómics: o bien se quedan con el heroísmo de los grandes superhéroes americanos o con el más humano de los españoles. ¿Soldevilla o Casals? Y vosotros, ¿con qué bando vais?

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[1] ¿Y Spider-man? ¿Por qué Stan Lee no quiso añadir como miembro a Spider-man? DC puso toda la carne en el asador, pero Marvel se guardó al adolescente con poderes arácnidos. Spider-man no sería Vengador —y sólo por unos pocos números— hasta muchos años después.

[2] ¿Por qué demonios Hollywood ha convertido al bueno de Jarvis en un ordenador? A nadie se le hubiera ocurrido hacer algo parecido con Alfred, el mayordomo de Batman.

[3] Algunos problemas son bien humanos, como cuando los Vengadores se dividen después de que Pym pegue a su mujer, la Avispa. Unos Vengadores entendieron que Hank era un enfermo mental y necesitaba ayuda, otros se decantaron por defender a la Avispa, calificando a Hank Pym de maltratador. Al final resultó tener una enfermedad mental, pero resultó una excusa ideal para reflexionar sobre la violencia de género.

J.M. Soldevilla y Jordi Casals

J.M. Soldevilla y Jordi Casals

Autores de nuestra sección fija "Soldevilla vs Casals", en la que periódicamente enfrentan en un combate imposible lleno de conocimientos y entretenimiento dos de sus cómics favoritos.

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