LA CASA DE ARENAS MOVEDIZAS (2013) – Carlton Mellick III

Autor: Carlton Mellick III
Título: La casa de arenas movedizas (Quicksand House)
Editorial: Orciny Press
Año: 2016 (2013)
Páginas: 249
ISBN: 978-84-945181-0-2
Valoración: ★★★★★

 

Tras el éxito de Fantasma, de Laura Lee Bahr (nominada este año a los Premios Kelvin 505 y a los Igntous), Orciny Press vuelve a la carga con otro título de bizarro (el segundo de la colección Midian): La casa de arenas movedizas, de Carlton Mellick III. Mellick es uno de los autores más destacados dentro de este particular subgénero, el bizarro, a medio camino de la ciencia ficción y la fantasía más weird, si bien en nuestro país es prácticamente un desconocido, seguramente porque hasta ahora no se había traducido al castellano ninguna de sus novelas.

Intentar explicar de qué va La casa de arenas movedizas es un ejercicio complicado. Se trata de una novela tremendamente extraña, desmesurada, tierna, alocada, irreverente, crítica, salvaje… y cincuenta cosas más. Pero nada de esto (ni de lo que podáis leer en esta reseña o en cualquier otra sobre el libro) os dará una imagen aproximada de lo que realmente es. Hay que leerlo, para entenderlo. Como un viaje lisérgico, hay que experimentarlo en carne propia. Ninguna explicación de lo que es le hará justicia…

La casa de arenas movedizas es una novela distópica, pero como las buenas distopías está construida sin mucho disimulo sobre aspectos de nuestra realidad contemporánea. El libro nos cuenta la historia de dos hermanos, Polly y Pulga, que viven en una casa terriblemente grande, tan grande que no han conseguido nunca ver a sus padres. Su infancia y adolescencia, sin embargo, no es triste. Todo lo contrario: viven felizmente a cargo de su niñera en una habitación donde todo está automatizado y se relacionan con otros niños en la guardería. Juegan, se pelean, aman y odian como cualquier niño normal de hoy en día. Pero viven constantemente atentos a la idea de que algún día llegarán sus padres, idea que inevitablemente siempre se acaba postergando.

Es posible que el lector prevenido encuentre que en estas primeras páginas no haya para tanto (¿Bizarro? ¿Donde está todo lo que me habían dicho del bizarro?), pero sutilmente las fronteras del mundo real comienzan a desdibujarse a medida que vamos girando las páginas del libro y, poco a poco, todo se vuelve más y más extraño. Hasta que, sin darnos cuenta de ello, Mellick nos ha engatusado con su caramelito y ya nos tiene en el interior de su furgoneta oscura y con intenciones nefastas. No lo hemos notado, pero ya se ha producido nuestra particular caída por la madriguera del conejo.

Nuestros padres no pusieron sobre huevos en la arena de una playa: los pusieron en arenas movedizas.

El punto de inflexión se produce en el momento en que los niños se ven obligados a salir de la habitación donde han vivido toda la vida y a emprender un viaje por la casa en busca de sus padres. Evidentemente, se trata del típico viaje del héroe y, atendiendo a que son un par de chiquillos, la dimensión simbólica de este viaje a lo desconocido, al mundo de los adultos, es muy clara: es un viaje de descubrimiento. Pero no podemos cometer de nuevo el error de subestimar la capacidad de sorprendernos de Mellick. No pisamos terreno firme, sino arenas movedizas. Fuera de la zona de confort donde han estado toda la vida, la realidad es peligrosa, agresiva, cruel. Pero también auténtica. Polly y Pulga harán su entrada en el mundo de los adultos de la única manera posible, con dolor y resentimiento hacia aquellos que, de buena fe o no, los habían condenado a una felicidad basada en mentiras. Polly y Pulga descubren que los reyes no existen, que los padres no son omnipotentes y que, en el fondo, todo lo que creían saber es un engaño.

Pero la lectura simbólica no se queda únicamente en eso y nada más. Mellick nos empuja a ir más lejos y a ver la habitación en la que han vivido toda la vida Polly y Pulga como la caverna de Platón, de la que tienen que salir para ver el mundo de verdad con sus propios ojos. La casa. Si la casa es el mundo, o la nación, por analogía, pues, la mirada ingenua de los dos niños la podemos entender también como nuestra propia mirada, la de los ciudadanos, y la actitud displicente de los propietarios de la casa como la de nuestros propios gobernantes, insensibles, impasibles, ante nuestro dolor.

La novela había comenzado como una historia amable, que parecía querernos hablar de lo que significa hacerse mayor desde los ojos de un par de niños, lo que es crecer en una sociedad con adultos irresponsables que desconocen el verdadero valor de lo que es el compromiso. La típica historia de Roald Dahl, vaya. Pero cuando creías que habías cogido el toro por los cuernos resulta que el autor arremete por otro lado y te retuerce por tierra, te da una patada en las pelotas y te deja sin sentidos. La fábrica de chocolate se convierte entonces en la casa de los horrores y Charlie en el protagonista involuntario de una snaf movie.

El acto final, el epílogo, es en este sentido una nueva vuelta de tuerca. Después de la crueldad y la indiferencia, en el mundo también hay lugar para la ternura y la esperanza. Únicamente hay que dirigirla hacia quien lo merece. Hacia quien siempre ha estado allí. Poco se puede imaginar el lector (que a estas alturas ya cree que tiene el culo pelado en esto de ver venir los juegos de manos del señor Mellick) que, al final de todo, se le acabarán saltando las lágrimas. Y pasará, vaya si pasará.

Cuando terminé la lectura de este libro, recuerdo que lo primero que pensé fue que la extraña sensación que me embargaba debía de ser la misma con la que se quedaron los lectores de Lewis Carroll en 1865, cuando terminaron de leer sobre las aventuras de Alicia en el país de las maravillas. ¿Conejos con chaqueta y reloj de bolsillo? ¿Orugas fumando en un narguile? ¡No jodas, menuda maravilla! La casa de arenas movedizas es una lectura alucinante y prodigiosa en la misma medida, con altas dosis de mala leche, una lectura que seguro que sabrán apreciar los lectores exigentes e inteligentes.

Grande, muy grande el señor Mellick.

Mejor libro traducido al español
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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