LA POLILLA EN LA CASA DEL HUMO (2016) – Guillem López

Autor: Guillem López
Título: La polilla en la casa del humo
Editorial: Aristas Martínez
Año: 2016
Páginas: 170
ISBN: 9788494379444
Valoración: ★★★★★

 

Si El librero del Mal te dice de un libro que es la mejor ciencia ficción española que ha leído en años, Alexander Páez en su reseña (la primera que salió del libro, creo) habla del autor como de uno de los más talentosos del panorama fantástico nacional y Miquel Codony aboga por convertirlo ipso facto en clásico instantáneo (¿o era contemporáneo?), es que algo especial debe de tener el libro en cuestión. Y este no es otro que La polilla en la casa del humo, del castellonense Guillem López. A los habituales del género seguro que el nombre no os es desconocido. Su anterior novela, Challenger (2015), ya hizo correr ríos de tinta y recogió encendidos elogios. ¿Son justificados tantos cumplidos? ¿Está llamado este libro a ser realmente un referente en el género fantástico español? Vayamos por partes.

La polilla en la casa del humo es una distopía post-apocalíptica situada en un mundo subterráneo, donde malviven en condiciones precarias hordas de hombres. Drogas, prostitución, condiciones de vida insalubres, jornadas de trabajo extenuantes. Poco menos que el Infierno en la Tierra. Y para poder sobrevivir en estas durísimas condiciones, da la impresión de que los hombres hayan tenido que convertirse en demonios. El libro, en este aspecto, no hace concesiones: es una obra dura, descarnada, sin sentimentalismos ni lugar para falsas moralidades. La polilla en la casa del humo nos cuenta desde el final, a modo de confesión casi, la historia de un capullo, un tramposo, un mentiroso. Alguien que no tiene suficiente con sobrevivir en un mundo donde sobrevivir parece ser una proeza, sino que quiere progresar, a cualquier precio.

Como en las mejores distopías clásicas (pienso en Nosotros de Zamiatin, por ejemplo) los personajes están tan despersonalizados, han perdido tanto su condición de seres humanos, que no les hace falta ni un nombre convencional y son conocidos por alguna característica de su físico o su personalidad o, sencillamente, por un número. Es el caso de nuestro protagonista, Veintiuno. Pero este proceso de pérdida de la condición humana no es sólo metafórico en la novela, sino que va mucho más allá: son muchas las personas que han sustituido partes de su cuerpo por implantes mecánicos, de tal manera que en muchos ya no se sabe dónde termina el hombre y comienza la máquina.

Todos caminaban sobre piernas mecánicas excepto Trampas, que rodaba con una serie de cadenas dentadas. Allá iban, al tajo. Ganar cristales para comprar basura y aceite, modificarse el cuerpo, colocarse con savia. En unos años habrían sustituido lo poco que les quedaba y ya no serían unos hermanos sino otra cosa.

Algunos han destacado las semejanzas de esta novela con el universo mecánico, post-apocalíptico y desesperanzado de Mad Max. Desde un punto de vista meramente estético puede ser cierto. Confieso que por un momento incluso me ha parecido ver una referencia bastante clara a aquel extraordinario personaje del Maestro-Golpeador de la tercera entrega. Pero (quizás por deformación profesional), a medida que me iba adentrando más y más en la lectura no era hacia el futuro que me parecía que íbamos, sino hacia el pasado. La historia de este sátrapa que vive en la inmundicia y se esfuerza por salir de ella y que no consigue sino recibir palizas, me ha recordado aquellas maravillosas historias, llenas también de pillastres malnacidos, de la novela picaresca del Siglo de Oro. Desde El Lazarillo de Tormes y El Guzmán de Alfarache a El Buscón de Quevedo hay una rica tradición en la literatura castellana de personajes que viven su personal “epopeya del hambre” a través de un mundo miserable, donde sólo se sobrevive gracias a la estafa y el engaño y donde toda expectativa de ascenso social es una ilusión. Además, ¿no es común en estas novelas el recurso de la autobiografía a modo de confesión, también?

Este es el trato. Yo contaré mi historia, la de verdad, y vosotros la escucharéis os guste o no, porque hablaré de drogatas y marginados, de sexo, violencia y muerte.

El tema de los nombres no es la única referencia a la ciencia ficción clásica. Como en Un mundo feliz (1932) de Huxley, en el que el “soma” era un elemento indispensable para mantener la cohesión social y una falsa sensación de satisfacción, el bok, la droga que consumen los desarraigados de la novela de Guillermo López, tiene unos efectos similares en el ánimo de la población: para los desgraciados es la única manera de huir, por unos instantes (los que se pueden pagar), a un lugar mejor. Los fumaderos de bok son precisamente la “casa del humo” a la que alude el título.

En contraste con la sordidez de este mundo subterráneo, existen historias de un lugar mejor en la superficie, al que algunos afortunados han conseguido llegar. Este es el anhelo de los que viven en el subsuelo. Es la típica visión utópica de la Arcadia clásica, del locus amoenus, donde todo es abundancia y beatitud. No es nada nuevo. En la prehistoria de la ciencia ficción catalana, por ejemplo, Josep Maria Francès ya había construido una sociedad distópica parecida a esta de Guillem López en su novela Retorn al sol (1936). Más allá del escenario donde se ambientan, luego una y otra siguen caminos diferentes, pero las ansias de los sepultados por llegar al Sol, a la superficie, las acercan.

En cuanto a las “polillas” (nombre de una banda de chicas que se dedican a delinquir a pequeña escala para sobrevivir), ¿qué puede decirse de ellas sinó que ya es sabido por todo el mundo que las polillas tienen una suicida atracción por la luz? También Ancas, la hermana de Veintuno, una polilla, albergará la secreta (suicida) esperanza de alcanzar la luz, el Sol, la superficie.

Quizá habían imaginado una vida en la superfície, caminando erguidos, la piel tostada, el aire fresco. Sí, deberían haber escapado. Había algo optimista en ello, un deseo obsceno de ser mejor, vivir mejor.

Es precisamente de esas ansias que se servirá Veintiuno para conseguir sus propósitos, que no son llegar a esa superficie, sino encontrar un buen lugar bajo tierra. Él tiene muy claro que es preferible ser un pez gordo allá abajo que un don nadie arriba. Veintiuno es el ejemplo máximo del pragmatismo, el individualismo y el hijoputismo. Un ser en el fondo muy actual. No es ni siquiera un antihéroe. Es un cobarde, un manipulador y parece estar absolutamente falto de nada parecido a los remordimientos y a la moral. Pero extrañamente, en aquel lugar desesperado (están literalmente en el fondo del Pozo), sus acciones mezquinas y reprobables parecen lo más natural y lógico del mundo.

Las mentiras son necesarias para el normal funcionamiento del mundo. ¿Qué haríamos sin mentiras? Probablemente yo no estaría aquí y vosotros tampoco.

En realidad, el libro es un gran tratado sobre la mentira: Veintiuno es un maestro en el arte de inventar historias, de mentir. De hecho, la única historia que es absolutamente cierta es la propia que leemos en el libro, y parece que Veintiuno nos la cuenta a regañadientes, mal queriendo. La recta final, en este aspecto, resulta prodigiosa, con el autor discutiendo de tú a tú con el lector la manera idónea como enfocar la conclusión del relato. Auténticamente genial: el personaje en diálogo directo con sus lectores, desde el propio libro. Un recurso nivolesco que habría encantado al propio Unamuno. Y todo ello para acabar constatando que las pequeñas grandes mentiras de Veintiuno no son nada comparadas con las grandes mentiras que sustentan aquella sociedad. Cualquier sociedad.

¿Y al final, qué? ¿Son merecidos o no todos los elogios?

He valorado el libro con cinco estrellas, pero podrían haber sido cuatro. O cincuenta. La verdad es que sigo dándole vueltas en la cabeza a esta novela. No sé si La polilla en la casa del humo será o no una piedra de toque de la ciencia ficción española, pero lo que puedo decir es que no se trata de un libro que deje indiferente. Te estruja, te maltrata y te pone del revés. La historia es potente, y tiene múltiples y ricas lecturas, y la lengua de Guillem López es tremendamente atractiva, dúctil. Un libro diferente, sin duda, que vale la pena leer.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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3 thoughts on “LA POLILLA EN LA CASA DEL HUMO (2016) – Guillem López

  • 3 Mayo, 2016 at 11:55 am
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    Hola 🙂 Como tu, desde las palabras de esas tres personas mi interés por la novela creció exponencialmente hasta hacérmelo apunta instantáneamente. Con tu reseña, que es la más concienzuda que he leído hasta ahora, sigo teniendo claro que necesito y tengo que leer este libro, al igual que Challenger del mismo autor, que aun lo tengo pendiente y cuya estructura me fascinaba. Un abrazo^^

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    • Daniel Genís
      3 Mayo, 2016 at 12:04 pm
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      Como siempre, gracias por tu comentario, Daniel. Hay tanto por ahí que leer, que siempre es bueno escuchar a los que saben (las más de las veces ahorra tiempo). Gracias a los citados, llegué a esta novela y a este autor. ¡Y qué novela! ¡Y qué autor! 🙂 De Challenger también he leído cosas muy buenas, aunque carece de una virtud que cada vez valoro más en un libro: la brevedad. Pero vaya, que tarde o temprano acabará cayendo… Un abrazo.

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