FESTÍN DE CUERVOS (2005) / DANZA DE DRAGONES (2011) – George R. R. Martin

Autor: George R. R. Martin
Título: Festín de cuervos (A Feast for Crows)
Editorial: Gigamesh
Año: 2007 (2005)
Páginas: 863
ISBN: 9788496208995
Valoración: ★★★★
Autor: George R. R. Martin
Título: Danza de dragones (A Dance with
Dragons)
Editorial: Gigamesh
Año: 2012 (2011)
Páginas: 1145
ISBN: 9788496208582
Valoración: ★★★★★

Tal y como han hecho otros en reseñar los dos últimos volúmenes publicados hasta ahora de la Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin, me he decidido por hacer una reseña doble que incluya tanto el cuarto volumen, Festín de Cuervos, como el quinto, Danza de dragones. Y también, siguiendo las indicaciones de algunas páginas de internet, he optado por una lectura simultánea de los dos libros, alternando capítulos ahora de uno ahora del otro según las guías de lectura que se pueden encontrar en cualquier parte. El resultado: una auténtica gincana literaria.

El autor, que es quien ha sufrido más todo esto, por supuesto, ya expresaba elocuentemente las dificultades de escribir estos dos libros en el epílogo del cuarto. Y vuelve a hacerlo en el del quinto.

Todavía estaba escribiendo cuando me di cuenta de que el libro estaba quedando demasiado largo para publicarlo en un solo tomo… Y ni siquiera estaba cerca de terminarlo. Para contar todo lo que quería contar iba a tener que dividirlo en dos (…) El anterior fue jodido. Este ha sido el triple de jodido y además un hijo de puta.

De hecho, en la tercera parte de la saga, Tormenta de espadas (2000), ya comentamos que la obra amenazaba con desbordarse. Y efectivamente, en estas dos partes asistimos a un espectáculo desbordante, desmesurado (no necesariamente en un sentido negativo) y de una complejidad narrativa enorme que pedía medidas de “corrección”. Como dividir la trama en dos novelas y, consecuentemente, enfrentarse a la decisión de elegir de qué se ocuparía cada novela. Martin nos cuenta que el dilema era o bien explicar toda la historia que tenía pensada en cada libro de únicamente la mitad de los personajes, o bien explicar la mitad de la historia pero de todos. Al final, consideró que los lectores apreciarían más la primera opción.

Y así tenemos que en Festín de cuervos el autor se centra en los hechos que ocurren justo después del final de Tormenta de espadas en Desembarco del Rey y alrededores, Dorne y las Islas del Hierro y Danza de dragones, en cambio, se ocupa de los hechos del Norte y del otro lado del Mar Angosto. No son dos libros consecutivos, pues, sino simultáneos. No están divididos cronológicamente, sino geográficamente. Un auténtico reto, tanto para el autor, evidentemente, como para los lectores.

Una vez sabido todo esto, pues, el lector es libre de escoger leer primero uno y luego el otro, tal y como hicieron los lectores fieles de 2005 empezando por Festín de cuervos, o bien elegir el sistema que hemos seguido nosotros en el blog, reordenando los capítulos de los dos libros en la línea tradicional de la saga y alternando episodios de Oriente y Poniente, y de todos los personajes. Como si en vez de dos libros (largos) tuviéramos en realidad sólo uno (muy largo). De hecho, da la impresión de que si no hubiera sido por razones externas al propio autor y a imperativos editoriales (la espera entre un volumen y el siguiente es vivida como una auténtica travesía del desierto por los millones de seguidores de la saga), ésta habría sido también la elección que él habría preferido a la hora de presentar el cuarto libro.

El libro comienza sosegado. Es como si Martin hubiera decidido retroceder unos pasos después de la descarga de adrenalina del tercer volumen y se estuviera preparando para coger impulso. Por ello, pueden hacerse un poco tediosos algunos de los numerosos eventos que se nos narran en buena parte de las primeras páginas. Uno de los principales puntos de interés en este inicio de la historia es Dorne. Tras la muerte del príncipe Oberyn Martell al final de Tormenta de espadas a manos de Gregor Clegane, sus ocho hijas bastardas, las Serpientes de la Arena, claman venganza. Son episodios de cierta intriga palaciega y que sirven sobre todo para construir la personalidad de Doran Martell, el hermano débil y enfermo de Oberyn y señor de Lanza del Sol. Personaje que promete ser cada vez más y más importante en el desenlace de la trama, a pesar de su apariencia secundaria y esmirriada.

También el Muro tendrá un protagonismo enorme en la trama de estos libros. Más que nunca, nos damos cuenta de que es uno de los ejes del mundo. Y haciendo equilibrios sobre este eje, el Lord Comandante, Jon Nieve. Un bastardo atrapado entre las obligaciones de la Guardia de la Noche y sus sentimientos hacia la casa Stark e Invernalia. Jon, que pese a ser hijo bastardo de Eddard Stark es seguramente el hijo que se le parece más (¡ay!), es todo honor y lealtad y, por ello, debe llevar a cabo un doloroso proceso de despersonalización. Dejar de ser Jon Nieve para pasar a ser el Lord Comandante.

Por otro lado, al otro lado del mundo, como quien dice, nos encontramos tanto con Tyrion Lannister, en un exilio forzado tras haber asesinado a su padre y viviendo humillantemente bajo la identidad de un payaso, y la mesiánica Daenerys Targaryen, la Madre de Dragones, cada día más sola y desesperada en su tarea de asegurar la libertad de los esclavos. En el mismo continente de Esso, concretamente en la ciudad de Braavos, está la pequeña (ya no tan pequeña) Arya Stark, que busca desesperadamente algún dios que la escuche. Lo ha creído encontrar en la Casa de Blanco y Negro, donde se venera el misterioso Dios de Muchos Rostros. Como su hermano Jon, como el propio Tyrion, también Arya debe dejar de ser quien es y cambiar de identidad, de rostro. Se trata de unos capítulos extraños, llenos de un misticismo particular que, personalmente, se me han hecho largos y bastante tediosos.

En Desembarco del Rey, Cersei parece que por fin ha conseguido lo que había deseado toda su vida y una jugarreta del destino (su condición de mujer) le había negado: mandar en el Trono de Hierro. Aunque sea como regente mientras su hijo Tommen es menor de edad. Ahora bien, Cersei ve enemigos por todas partes y se revela como una soberana incompetente, movida por el rencor y el miedo. No por la astucia, como el malogrado Tywin al que tanto admira. El destierro de los consejeros más competentes y las concesiones al nuevo Septón, personaje que poco a poco se convierte en un auténtico contrapoder en la sombra, son una buena muestra de este mal juicio. Su hermano Jaime, muy secundario en estos dos libros en comparación a los anteriores, y sobre todo su tío Kevan, serán los que sufrirán más por esto.

Más allá de la complejidad añadida que hemos comentado en la lectura alternada de los dos libros, propia sólo de estos volúmenes 4 y 5, lo cierto es que la vieja técnica del viaje de dos se mantiene, aunque no de forma tan acentuada como en el tercer libro. Si funciona, ¿por qué tocarlo?, pensaría Martin. Y seguramente tenía razón. Es así que seguimos el viaje de la leal Brienne de Tarth en su tarea de encontrar la hija de la malograda Catelyn. Un personaje, sin duda, dramáticamente entrañable. Una especie de Galahad de la mitología artúrica, caballero esforzado y puro que gracias a sus virtudes fue galardonado después de un viaje interminable con el honor de encontrar el santo Grial.

Tampoco el Nido de Águilas, siempre al margen de las guerras de los señores de Poniente, estará libre de sacudidas en estos volúmenes, aunque el intrigante Petyr Baelish, regente tras la muerte de su esposa Lysa Tully al final de Tormenta de espadas, usará hábilmente sus artes de persuasión para ganarse voluntades entre los fieles a la difunta reina. Y de rebote, para ocultar a Sansa Stark bajo la falsa identidad de una hija suya bastarda.

Asha Greyjoy y los acontecimientos en las Islas del Hierro ocuparán el protagonismo a lo largo de buena parte del inicio de la historia, para pasar a ocupar un discreto segundo plano más adelante. De hecho, en este panorama tan cambiante de Poniente, las Islas del Hierro no escapan al juego de tronos, y tras la muerte fortuita (?) del rey Balon, se alzan las espadas entre los pretendientes. Resulta interesante la profundización en los rituales religiosos del Dios Ahogado, la divinidad que se venera en aquellas latitudes.

De hecho, el elemento religioso (o supersticioso o fanático) será clave en este punto de la historia: En Desembarco del Rey los gorriones, con su nuevo Septón Supremo; en las Islas del Hierro los sacerdotes del Dios Ahogado; en el Muro, con los ejércitos de Stannis Baratheon, la bruja de Asshai Melissandre y su dios de fuego R’hollor; en Braavos, Arya y el Dios de Muchos Rostros; y, más al norte aún, Bran, el hijo tullido de Eddard Stark y considerado muerto, que con su gigante Hodor logra alcanzar el objetivo de su viaje y conocer los verdevidentes, aquellos seres sobrenaturales, mitad humanos y mitad arcianos, tan viejos y sabios como el propio mundo. De verdad os digo que las páginas en las que se nos habla del momento que Bran accede a los secretos de estos verdevidentes son de las más bellas y líricas de toda la saga. Una auténtica maravilla, con un mensaje ecologista que me ha recordado lo mejorcito de Sapkowsky.

Para los hombres, el tiempo es un río. Estamos atrapados en su corriente; nos precipitamos del pasado al presente, siempre en la misma dirección. Las vidas de los árboles son diferentes. Echan raíces, y crecen y mueren en el mismo sitio, y ese río no los arrastra.

Más allá de los personajes conocidos, en estos dos volúmenes aparecen muchos nuevos. Precisamente es tanta la complejidad genealógica de algunas familias que no es difícil perderse. Y es que cada personaje podemos decir que tiene su propia intrahistoria, perfectamente narrada, para otorgarle profundidad psicológica. Pero la profusión de personajes alarga mucho la acción. A veces parece que innecesariamente. Si esto ocurre y nos perdemos, será necesario hacer uso de los utilísimos apéndices del final del libro.

Algunos de estos personajes serán simplemente testimoniales. Otros prometen convertirse en protagonistas de las futuras (y decisivas) maniobras de la trama. Sobre todo podemos hacer referencia a dos (o tres) pretendientes que, al más puro estilo de los culebrones sudamericanos, emergen por sorpresa de los lugares más recónditos del mundo para dirigirse a Meereen y pedir la mano de Daenerys. Y, de este modo, precipitar lo que llevamos cuatro mil páginas esperando: el retorno a Poniente por sus fueros de la legítima heredera del Trono de Hierro con un gran ejército. Y con sus tres dragones, claro, la noticia de los cuales ya ha llegado a Occidente, donde su amenaza empieza a tomarse más en serio.

Conjuras dentro de conjuras dentro de conjuras, pero todos los caminos llevan a la boca del dragón.

Hay que advertir que en la segunda mitad de Danza de dragones las tramas oriental y occidental se unifican y es por eso que reaparecen algunos personajes de Festín de cuervos. La divergencia geográfica desaparece y la acción se unifica. La acción ha avanzado más allá del final de Festín de cuervos y, a partir de este punto, la narración discurre ya por unos caminos más convencionales en cuanto a ordenación de los capítulos se refiere.

Hemos dicho al empezar esta reseña que estos dos volúmenes se desbordaban, que eran desmesurados. Allí nos referíamos al aspecto más técnico. Pero lo cierto es que también se pueden aplicar estos adjetivos a otros aspectos. Por ejemplo, Martin se gusta mucho en los episodios explícitamente sexuales (quizás los más explícitos y los más sexuales de toda la saga) y, si es posible, hace alarde de un sadismo, de una crueldad y de un refinamiento en la violencia que supera todo lo leído hasta ahora en los libros anteriores. ¿Gratuito? Esto queda al gusto de cada consumidor. Pero no olvidemos la naturaleza del mundo de la Canción de hielo y fuego.

Así eran las cosas en aquel mundo frío, donde los hombres pescaban en el mar, cavaban en la tierra y morían, mientras las mujeres parían niños de vida breve en lechos de sangre y dolor.

Como novedades (relativas) respecto a los otros volúmenes, destacar sobre todo dos: por un lado la proliferación de capítulos no centrados estrictamente en uno de los personajes conocidos, sino de tipo más generalista (sin duda para conseguir dar una mayor coherencia a todo el entramado) y, por otro, una mayor presencia de todo lo que son las canciones, las historias y las leyendas, encaradas a reforzar lo que es el aparato mitológico de la novela. Ahora bien, la alternancia entre el conocido narrador general en 3a persona y la voz en 1a de los propios protagonistas (normalmente marcada entre comillas en cada capítulo), en una especie de monólogo interior, que tan buenos resultados le ha dado al autor hasta ahora, se mantiene.

Más sexo, más sangre. Más frío. Más Martin que nunca. 20 años después de aquel Juego de tronos, y con 67 días del nombre a las espaldas, Martin aún parece en condiciones de dar mucha guerra. Ahora sí: llega el invierno.

Pero, y Los vientos de invierno, ¿cuando llegará? Esta es la cuestión…


Saga Canción de Hielo y Fuego:
Juego de tronos ★★★★★
Choque de reyes ★★★★★
Tormenta de espadas ★★★★★
Festín de cuervos ★★★★★
Danza de dragones ★★★★★
Vientos de invierno
A Dream of Spring
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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