CORALINE (2002) – Neil Gaiman

Autor: Neil Gaiman
Título: Coraline (Coraline)
Editorial: Salamandra
Año: 2003 (2002)
ISBN: 978-84-7888-579-4
Valoración: ★★★★

 

Siempre es un placer leer a Neil Gaiman. Ya sea en su faceta de autor de cómics (inolvidable la mítica Sandman) o en la de novelista de ciencia ficción (no menos inolvidable el clásico moderno American Gods), ambas de inminente aparición en la pantalla (grande la primera; de la TV la segunda). No es un placer menor leer sus cuentos infantiles. ¿Infantiles? Bueno, esta etiqueta siempre resulta reduccionista y en realidad dice mucho más de los prejuicios y los complejos de los lectores y los críticos de mirada miope que se acercan a ella que de la verdadera dimensión de la obra en cuestión. Hace poco reseñamos en este mismo espacio La joven durmiente y el huso, una deliciosa actualización de varios cuentos clásicos. Ya hacíamos notar en aquella reseña nuestra admiración por la grandeza de Gaiman a la hora de explicar de manera diferente lo que ya se ha dicho cien veces. Hoy os traemos uno más antiguo, Coraline, otro de esos cuentos infantiles que harán las delicias de los buenos lectores de todas las edades.

Coraline es una niña extraña, diferente. Desde el inicio algunos deforman su nombre y la llaman Caroline, lo que la hace enfadar. Sólo empezar, el autor ya nos advierte de cuál será el propósito del libro: la alteración de la realidad, pero sólo a medias. La puntita y basta. Caroline tiene mucho de Coraline, sin ser exactamente iguales. Esta será la naturaleza ambigua del relato.

coraline+mouse+illustrationSus padres, siempre atareados, le prestan poca atención y ella se entretiene explorando. La mudanza a un nuevo hogar no la ayudará a ser más sociable, pero le brindará la oportunidad de descubrir vecinos nuevos y lugares nuevos. Será así como conocerá a las señoras Spinck y Forcible, y al señor Bobo, que adiestra ratones. También será así como se topará con una extraña puerta cerrada en el salón de su apartamento, que lleva a un apartamento adosado al suyo e idéntico. Algo tendría que decir H.G. Wells de esta puerta en el muro, sin duda. Cuando Coraline consiga atravesarla y adentrarse en el otro apartamento comenzará de verdad el cuento. Pero no de hadas, sino de terror. Del mismo modo que Alicia tuvo que atravesar un espejo para adentrarse en su particular mundo de las maravillas, Coraline lo hace por esta puerta. Al otro lado, un mundo reverso de su mundo cotidiano (otra casa casi igual, otra madre casi igual, otro padre casi igual; visiones reflejadas en un espejo que deforma), nos sumerge en una pesadilla inquietante que no puede menos que llevarnos a cuestionar la consideración de literatura exclusivamente infantil de esta obra.

Niños atrapados en la pared, víctimas antiguas que claman venganza, otra madre que es y no es la misma, un monstruo falto de afecto e incapaz de saber darlo. Trágico y terrible a la vez. La sensación de extrañamiento es increíblemente poderosa, como la tristeza y la melancolía que impregnan de lirismo la prosa de Gaiman en este relato extraordinario, con un portentoso sentido de la maravilla. En la línea de los grandes relatos infantiles para niños de todas las edades (desde el Momo de Michael Ende a El castillo ambulante de Diana Wynne Jones pasando, claro, por los viajes a lo maravilloso de Lewis Carroll) esta novela se inserta en la mejor tradición fantástica y, por tanto, termina hablándonos no tanto de un mundo imaginario sino de otro absolutamente real. Cualquier amante del género sabe bien que la fantasía es metáfora de nuestra realidad. Este otro apartamento paralelo al de Coraline es una distorsión del apartamento real, como la fantasía es una distorsión de nuestra realidad cotidiana.

Escribía C.S. Lewis:

Ciertas historias que no son mitos en sentido antropológico, que han sido inventadas por autores conocidos en periodos de alta civilización, tienen lo que llamo “calidad mítica”: historias como las del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, La puerta del muro de Wells o El castillo de Kafka.

¿También Coraline?

Igual como en La joven durmiente y el huso, recomendamos esta vez también la lectura del libro en formato papel y no en digital, para poder disfrutar en todo su esplendor de los excelentes dibujos de Dave McKean.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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