Artículo: Otaku. De la parodia al género de culto

Nota antes de empezar: A los que ahora os preguntáis que tiene esto que ver con El Biblionauta:

El Manga convive de forma natural con el cómic, incluso con la novela, además de tener una vinculación directa con el cine. ¿Cuantas veces al leer una buena novela nos hemos llevado las manos a la cabeza al ver la versión en pantalla grande? Con el Manga es común ver como una historia se inicia como un cómic, continua la trama en serie anime y culmina en un OVA (original video animación). Todo ello sin destruir la historia ni los personajes, creo que es algo que solo ocurre en este género y es debido a la versatilidad del tipo de gente que es fan de estas historias, ya que están más predispuestos a seguir a sus personajes a través de medios diferentes.

¿Preparados…? ¡Vamos allá!

Todos tenemos una serie o película de animación, clavada como una espinita en el corazón.

Las afirmaciones absolutas suelen caer por su propio peso, sin embargo, déjame que te ponga a prueba con esta pequeña lista:

  1. Mazinger Z.  Gō Nagai. 1972
  2. Heidi. Isao Takahata. 1974
  3. Space Battleship Yamato. Leiji Matsumoto. 1980
  4. Dr. Slump. Akira Toriyama. 1981
  5. Akira. Katsuhiro Otomo. 1982
  6. Dragon Ball Z. Akira Toriyama. 1984
  7. Neón Génesis Evangelion. Yoshiyuki Sadamoto. 1995
  8. Ranma 1/2. Rumiko Takahashi. 1987
  9. Pokémon. Masamitsu Hidaka. 1997
  10. El viaje de Chihiro. Hayao Miyazaki. 2001
  11. El castillo Ambulante.  Hayao Miyazaki. 2004

Si ninguna de estas propuestas no te ha arrancado un suspiro, tanquilo, simplemente me reafirmo: eres la excepción que confirma la regla.

Las series anime japonesas fueron durante décadas consideradas parodias de la animación occidental. Gracias a un mal concepto generalizado de lo que tendría que ser un largometraje de animación, el estilo al que nos tenía acostumbrado los estudios Disney marcó durante décadas lo que la gente esperaba de una película de dibujos animados. Aquí en casa, el anime luchó por hacerse hueco entre el público infantil, destacando brevemente en los 70’S con series como Mazinger Z, Heidi o Marco, de los Apeninos a los Andes. Luego tuvo una larga época de series de baja calidad hasta que llegó Dr. Slump y Dragon Ball Z.

Es interesante observar que fueron las TV de cadenas autonómicas las que apostaron por este tipo de contenido. Siendo TV3 la primera en emitir Bola de Drac Z, haciendo resurgir el género anime entre el público infantil y un público que ya había dejado atrás la adolescencia.

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Apertura de la serie de animación japonesa Dragon Ball (Akira Toriyama, 1984).

A partir de este punto la evolución de lo que hoy se conoce cono Cultura Anime o Manga se desarrolló exponencialmente de forma que hoy en día es difícil seguir la pista de todas las sub-divisiones que se han creado.  Shonen, Shojo, Gore, Harem, Harem reverso, Yaoi, Yuri, Kodomo, Maho Shojo, Loli, Shota, Spokon.

Podemos decir que el anime llegó a su edad adulta más o menos a la vez que sus fans. En una época en la que los amigos te podían avergonzar en público preguntado: “¿Ah, a ti te gustan los dibujos animados?” Se estrenó Akira.

Una película de anime dirigida a un público adulto, una animación adelantada a su época y un argumento que solo podía ser explicado en formato anime.

Tengo que reconocer que la primera vez que vi Akira no entendí el argumento. Todo era demasiado raro, demasiado diferente a lo que estaba acostumbrado. En visualizaciones posteriores fui apreciando la complejidad de los detalles, la calidad indiscutible de la animación y la estructura de los atormentados personajes.

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Fotograma de la película de animación japonesa Akira (Katsuhiro Otomo, 1982).

Akira se ha convertido para mí, en mi película de culto, y con esto llegamos al tema del día: ¿Qué hace que una serie o película se convierta con el tiempo en adorada o despreciada?

¿La técnica de la animación? ¿el argumento? ¿la financiación de la productora? ¿Por qué tus amigos dicen que es buena o que es mala? No, se crea en el momento de la visualización, ese breve periodo de tiempo que puede ser de una a dos horas. En donde variables tan efímeras como el estado de ánimo, la compañía del momento, las ganas de dejarte sorprender por algo nuevo, pueden convertir ese momento en algo que recordarás para siempre.

Para mi “serie de culto” es todo aquello que te encanta y no sabes por qué. Y eso está bien, en un mundo cada vez más informatizado y analizado es bueno que todavía nos queden, “no se” o “porque sí”.

Carlos Acedo

Carlos Acedo

Aficionado a la programación informática. Culturalmente disperso. Le apasionan los géneros fantásticos. Él es también @Tendenciaweb y Girona Fictícia.

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