VAE VICTUS (2015) – Albert Sánchez Piñol

Autor: Albert Sánchez Piñol
Título: Vae Victus
Editorial: La Campana
Año: 2015
Páginas: 528
ISBN: 978-84-16457-07-6
Valoración:★★★★

 

Tras los éxitos de La piel fría y Pandora en el Congo, que dieron a conocer a Albert Sánchez Piñol como una de las voces literarias catalanas más importantes de principios de siglo, Victus representó su culminación, con un éxito más que notable de público y crítica. Sólo para hacer un poco de memoria, Victus, originariamente redactada en castellano, narraba la historia de Martín Zuviría, un ingeniero formado por el marqués de Vauban en Bazoches y su papel, tanto militar como personal, durante la Guerra de Sucesión.

Vae Victus es la continuación de Victus, de la que aprovecha dos aspectos, uno es el éxito de la obra original, que casi obliga a una continuación. La otra es la capacidad narrativa del protagonista, que por medio de su transcriptora, la paciente Waltraud Spöring, nos aporta, en esta ocasión, su visión de cuatro fragmentos de la historia del siglo XVIII. Y es que en una entrevista reciente, Sánchez Piñol afirmaba que para los catalanes el siglo XVIII se iniciaba el 12 de septiembre de 1714 y que para todo el mundo se acababa con la Revolución Francesa y que si Martín Zuviría había vivido el tiempo suficiente para vivirlos ambos, era una lástima no aprovecharse para que describiera un sinfín de hechos interesantes que habían sucedido. En el prólogo ya nos deja claro que la obra zuviriana es extensa y que hay muchos episodios para transcribir, pero que, en esta novela, se limitan a cuatro.

Por tanto, nos encontramos con una novela formada por cuatro capítulos de diferente extensión e intensidad también desigual, con un nexo en común: el protagonista. Estas cuatro historias semiindependientes una de la otra llevan un título en latín que refiere al contenido, Americanus, Hipaniensis, Magna parens y Australis y están encabezadas de una entradilla-resumen escrita con un estilo muy propio del setecientos.

La primera de estas historias, Americanus, es la más extensa y la que literariamente está mejor conseguida. Se inicia exactamente después de la caída de Barcelona, donde había terminado Victus, el día 12 de septiembre. El ambiente de derrota es bien visible, la ciudad está destruida, y por si fuera poco, también existe la derrota moral, encarnada en un Zuviría con la cara mutilada, que ha perdido la familia, la casa y la esperanza. Convaleciente da cuenta de que

Si el día que se terminó la guerra tuve alguna duda sobre por qué habíamos luchado, el día siguiente me las disipó todas.

Con todo, la ciudad intenta demostrar al invasor que continúa viva y, aunque no tenga nada, quiere seguir haciendo su vida, a pesar de que pronto se verá que el poder del invasor es asfixiante:

Martín, no es que la gente tenga miedo de hablar; es que tiene miedo de pensar.

Con el miedo de ser purgado como tantos otros oficiales, Zuviría es embarcado en un barco con rumbo a Italia pero que en realidad le lleva a las colonias británicas de América, en concreto a la Carolina del Sur, un viaje que dista mucho de poder ser considerado como agradable.

En América, Zuviría verá la incipiente colonización de Carolina del Sur, podrá captar de primera mano el esclavismo y entrará en contacto con los indígenas yama, con quien convivirá una larga temporada, primero como prisionero y luego casi como miembro de pleno derecho, familiar de un caudillo llamado Caesar. En este episodio se nota la mano del autor, antropólogo de formación, a la hora de describir el mundo yama y aquella América primigenia. Pronto, sin embargo, el lector verá que el mundo indígena, como todas las sociedades, también está cargado de contradicciones políticas y que la llegada de los blancos todavía las ha puesto más de relieve, lo que acentúa el desánimo de Zuviría y hace que sea capaz, al final de la revuelta yama, de abandonar aquel pueblo que lo había acogido, su esposa y el chico que había ahijado para volver al mundo “civilizado” y, casi como una carambola, regresar a Europa.

La segunda historia, Hipaniensis, se sitúa en 1719 y comienza con el encarcelamiento de Zuviría, por parte de Próspero de Verboom, en Burdeos, hasta que es liberado por el duque de Berwick. Como ya había aparecido en Victus, la relación Berwick-Zuviría está llena de ambigüedades, de admiraciones y odios profundos. El caso es que Berwick necesita los servicios de Zuviría en la guerra que está a punto de estallar entre Francia y España, no sólo como ingeniero, sino que también lo quiere a su servicio diplomático, para levantar Cataluña en armas. Aquí es donde aparece la figura de Pere Joan Barceló, Carrasclet, veterano de la Guerra de Sucesión y guerrillero afincado en las montañas de Tarragona que es capaz de levantar un ejército ¡de 10 mil hombres! El problema vuelve a ser el mismo, la alta política que sólo tiene en cuenta sus intereses y se olvida de los aliados.

El siguiente relato, Magna parens, es quizás el más insulso de todos los que contiene la novela, combina el reencuentro con un supuesto general Villarroel en Segovia, de quien Zuviría siempre tiene palabras agradables, con la visita a Barcelona como miembro del cuerpo consular prusiano con el propósito de asesinar a Verboom. En esta tarea se encontrará asistido por un personaje misterioso llamado el Niño. Mientras Zuvi Piernaslargas planea cómo llevar a cabo su plan, los recuerdos del asedio y de la familia que perdió ese día, Amelia y Anfan, se le despiertan con fuerza, sobretodo las palabras de ella para que tuviera cuidado de Anfan.

El último relato, Australis, se sitúa ya avanzado el siglo XVIII, cuando por contacto con Joseph Banks, naturalista y masón inglés, Zuvi viaja del Berlín prusiano a Londres donde es honrado por una logia gracias a que es un ingeniero de nueve puntas de Vauban. Allí, se muestra muy irreverente explicando la batalla de Dettingen, que los británicos creen una gran victoria suya, cuando en realidad fue una venganza de Zuviría contra veteranos franceses del sitio de Barcelona. A continuación, se embarca en el Endevour con el capitán Cook, que no es un personaje principal de la historia, sino sólo un aspecto más del decorado, aunque se le dedican buenos elogios

Cuesta mucho encontrar un hombre que sobresalga en un solo aspecto virtuoso de la vida. Y Cook lo hacía en tres: capitán justo, marinero superior y diplomático excelente.

Si el contenido de las historias es desigual, no lo es la prosa de Sánchez Piñol, ágil y amena, capaz de combinar la descripción con la acción y dar un resultado muy agradable de leer. Además, hay que añadir los constantes improperios que el viejo Zuviría dedica a su amanuense Waltraud. También son muy interesantes las explicaciones de la historia real con la participación de Zuviría, actor clave en muchos de los episodios que narra, pero que es evidente que no tuvo nada que ver. Finalmente también cabe aplaudir el hecho de que la novela se presenta como una edición actual de las obras de Zuviría pasadas por el tamiz de una voz autorizada que, con notas a pie de página, corrige las imprecisiones de su supuesto autor, lo que es un toque magistral y muy irónico del texto. Se incluyen, siguiendo este propósito, muchas láminas con ilustraciones de la época, tanto de personajes como de lugares.

Así pues, aplaudimos la llegada de esta nueva entrega de las obras de Martí Zuviría, esperamos otras, pero a la vez también reclamamos que estén a la altura del original o como mínimo, den un resultado tan positivo como la primera parte de esta novela.

Enric Bassegoda

Enric Bassegoda

Doctor en Filología. Profesor de lengua catalana en secundaria. Ha publicado varios relatos y ha ganado el Premi Ictineu 2016 a mejor cuento fantástico en catalán.

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3 thoughts on “VAE VICTUS (2015) – Albert Sánchez Piñol

  • 4 abril, 2016 at 6:18 pm
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    Lo cierto, independientemente de opiniones políticas, es que esta novela y su antecesora dejan mucho que desear como novelas históricas.
    De hecho, en muchas ocasiones falsea la realidad histórica para ponerla al servicio de las incendiarias ideas independentistas de “Zuvi” que están completamente fuera de lugar en 1714, en 1745… No se puede ser catalanista antes de la llegada del Catalanismo. Es sencillamente absurdo.
    Como muestra este botón:
    https://lanovelaantihistorica.wordpress.com/2016/03/20/un-paseo-por-la-historia-y-

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    • Daniel Genís
      5 abril, 2016 at 4:12 pm
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      Como usted destaca, se trata de una novela histórica. Como blog dedicado a la literatura, con expertos en este campo, ceñimos nuestra reseña al aspecto literario de la novela y dejamos las consideraciones históricas para otros espacios.
      De hecho, ya hicimos notar en la reseña a la primera parte lo siguiente: “Victus es una obra con una evidente intención política, donde los políticos no salen bien parados, pues son incapaces de abanderar con valentía y responsabilidad histórica la voluntad de su pueblo, guiño bien indisimulado del autor a la actual situación política por la que atravesamos y al papel de los partidos soberanistas.” http://elbiblionauta.com/es/2013/01/23/victus-2012-albert-sanchez-pinol/
      Aún así, cabe destacar que el valor literario de la obra no puede resultar menoscabado por su mayor o menor fidelidad histórica (pues la Historia, nos guste o no, es subjetiva en alto grado). En cuanto novela es ficción, y juega a la afinidad sentimental, por lo cual el maniqueísmo es necesario. Austrias = buenos; Borbones = malos. No es exclusivo del caso catalán. La verdad, tampoco me imagino los mejicanos aplaudiendo a rabiar las versiones cinematográficas yanquis de la toma del Álamo, por poner un ejemplo.

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  • 5 abril, 2016 at 12:48 pm
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    Tienes toda la razón, Teo. Cómo iban a ser catalanistas los catalanes cuando ni siquiera se había inventado el concepto moderno de Catalunya, que no era más que el territorio de uno de los muchos condados de Aragón. De hecho, si te documentas un poco, descubrirás que Barcelona es un neologismo romanticista puesto que en 1714 la ciudad aparece en todos los mapas de la época como Terminal Oriental del Real Puerto Fluvial de Zaragoza. Y del catalán ni te cuento… Lo dice la Biblia: cuando Dios repartió idiomas en Babel, los catalanes estaban tan atareados con su laboriosidad y su tacañería que llegaron tarde y fueron condenados a chapurrear en LAPAO por los siglos de los siglos.

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