LA SANGRE DE LOS ELFOS (1994) – Andrzej Sapkowski

Autor: Andrzej Sapkowski
Título: La sangre de los elfos (Krew elfow)
Editorial: Alamut
Año: 2015 (1994)
Páginas: 253
ISBN: 978-84-9889-045-7
Valoración: ★★★★

 

La Saga de Geralt de Rivia fue indudablemente una de las lecturas más originales y estimulantes en que me embarqué el año pasado. En un género, el de la fantasía épica, donde muchas veces da la impresión de que se repiten los mismos tópicos hasta la extenuación, Andrzej Sapkowski representa un soplo de aire fresco revitalizador. Actualización de los clásicos centroeuropeos, mitología particular pero familiar, un antihéroe con quien es fácil empatizar, un lenguaje desenfadado y grosero a veces, pero con un estilo extraordinario y una estructura compleja, poco habituales en la literatura de género más convencional… son algunos los ingredientes que lo particularizan. O que, al menos a mí, me lo hicieron ver diferente al resto. Por eso empecé con entusiasmo esta tercera entrega de las peripecias del mago de Rivia.

La sangre de los elfos arranca justo después de finalizar la segunda parte de la saga, La espada del destino, pero es un libro de características absolutamente diferentes a los dos anteriores. Si El último deseo y su continuación eran la suma de varias historias casi independientes, relatos cortos ligados apenas por alguna anécdota, personaje, historia o motivo, La sangre de los elfos se aleja de esta estructura encadenada (que particularmente me parecía un acierto y una de las señas de identidad de la saga) para convertirse en un libro formalmente más convencional. Siete capítulos. Al estilo clásico. Ciri, la pequeña huérfana que Geralt rescató del bosque de Brokilón, y con quien le une un vínculo muy fuerte, cobra protagonismo en esta tercera aventura, eclipsando todo lo demás. Incluso al propio Geralt, que aquí desarrolla una acción bastrante subalterna, secundaria. Yennefer, en cambio, cobra más protagonismo que en capítulos anteriores, y se convierte en una de las tutoras de la joven Ciri en su aprendizaje de los caminos de la Fuerza. Sí, habéis leído bien: la Fuerza.

Kaer Morhen, la fortaleza donde los brujos como Geralt aprenden los caminos de su arte ancestral, será el hogar de la pequeña Ciri (a quien se le han desvelado unos poderes mágicos de manera natural bastante inquietantes) en los primeros compases del libro. Aquí aprenderá lucha, lengua antigua, principios mágicos… Resulta difícil no establecer paralelismos con otros ilustres aprendices de mago: desde el Gavilán de LeGuin hasta el Kvothe de Rothfuss, pasando, claro, por el bueno de Harry Potter. El estilo Sapkowski, sin embargo, nos lo aleja de sus congéneres. Quizás estas páginas sean de las mejores del libro: tirando de ironía y humor negro (señas de la casa y que quizás en este volumen abundan menos que en los anteriores), el autor nos habla de la condición femenina y del trato discriminatorio a que, sin ser conscientes de ello, la troupe de magos someten a su joven pupila. La hilaridad de estas páginas, sin embargo, contrasta con la seriedad del tema general del libro: un gran daño, profetizado por la sibila Ithlinne, amenaza el mundo, y la pequeña Ciri parece formar parte de este plan del Destino.

La niña, debido a su parentesco, se convierte sin saberlo en la clave de los diferentes reinos que se disputan la hegemonía política y militar del mundo conocido. Sapkowski, con su particular habilidad para trasladar a la ficción los conflictos del mundo real, parece retratar la vieja y decrépita Europa del siglo XX en los hechos de este libro, donde las naciones se mueven por discusiones y desavenencias absurdas, pequeñas intrigas ridículas, pero de repercusiones trágicas. En la misma línea, el discurso podríamos decir moral de libros anteriores se mantiene aquí: Sapkowski siempre está muy interesado por el tema de la igualdad. De sexos. De razas. Para ello se sirve de las diferencias entre los humanos, los elfos y los enanos (pocos monstruos monstruosos aparecen en esta tercera entrega) para introducir el tema de la diferencia y la xenofobia. Europa, de nuevo. Quizás aún más la de hoy que la de entonces.

Ya he oído esto antes. Por el pescuezo a todos y a las minas, a campos de concentración, a las graveras. Todos. Los inocentes també. Mujeres, niños. ¿No se eso?

Resulta arriesgado decir si la pretendida equidistancia (neutralidad) entre las partes en conflicto es la voz del autor, la del juicio o únicamente una voz más en la amalgama de matices que nos ofrece el libro. Geralt es contrario a las grandes causas y a las guerras. Es un antihéroe, escéptico y experimentado. Tiene una visión mucho más global que el resto, especialmente que la visión pequeña y miserable de los humanos, tan mezquinos siempre en los libros de Sapkowski. Y esta visión va ligada, en mayor o menor medida, a un sentimiento global de pertenencia superior a la simple especie. En Geralt de Rivia flota un maravilloso mensaje ecologista, nada ramplón. Ahora bien, no está exento de controversia y el autor no evita mostrarnos la ambigüedad moral de la elección de su protagonista: ¿Cómo se puede ser neutral ante el holocausto?

Ser neutral no significa ser indiferente o insensible. No hay que matar el sentimiento dentro de uno mismo. Basta matar el odio dentro de uno mismo. ¿Lo has entendido?

Es cierto que Sapkowski mantiene su habilidad narrativa, la que nos empuja a seguir leyendo el comienzo del siguiente capítulo cuando acabamos el anterior, pero algo se ha perdido en esta nueva manera de hacer. La concreción de la emoción en un número reducido de páginas, que por sí mismas englobaban un planteamiento, un nudo y un desenlace; la presencia de varios clímax narrativos en el libro (al menos uno para cada capítulo-relato); la polifonía de tramas y de protagonistas; etc. Todo esto ha dado paso ahora a un libro que, si bien conserva buena parte de las virtudes de sus predecesores, da la impresión de haber perdido algo por el camino. ¿Ritmo? ¿Acción? Quizás sea premeditado.

De hecho, si analizamos la trama con más profundidad (y no únicamente a partir de los recursos que emplea el autor para desplegarla) nos damos cuenta que este libro tiene poca entidad por sí mismo, pero que en cambio sirve muy hábilmente a la función por la que seguramente lo escribió su autor: La sangre de los elfos da la impresión (al menos a mí me la da) que es un libro bisagra, una parada y fonda para tomar aire y poner orden en el mundo y las aventuras de Geralt. Las propias canciones del trovador Jaskier, que nos hacen un resumen bien cuidadoso de las peripecias vividas por Geralt y Yennefer, parecen obedecer a este propósito. El mundo, la mitología y el plan de la obra original han crecido y lo que eran una suma de individualidades da la impresión de que el autor quiere canalizarlas hacia una obra mucho más grande y trabada. ¿Será el comienzo de una gran historia, al estilo más típico de la fantasía épica? Habrá que confirmar esta impresión con la lectura de la cuarta parte, Tiempo de odio.


Saga de Geralt de Rivia:
El último deseo ★★★★
La espada del destino ★★★★★
La sangre de los elfos ★★★★
Tiempo de odio
Bautismo de fuego
La torre de la golondrina
La dama del lago
Estación de Tormentas
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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