Artículo: La fórmula de la lluvia artificial

Estáis a punto de conocer otra verdad. Una verdad alocada. Una verdad pseudocientífica. Estáis a punto de penetrar en un mundo desconocido de misterios y hechos inexplicables: Las “The X-Lies”, del inefable “Callahan” Ruiz, nuestro investigador de lo paranormal. Su verdad está aquí dentro… Leedla si os atrevéis.

Barcelona ha roto últimamente todos los registros de días consecutivos sin lluvia, lo que me ha llevado a reflexionar sobre el escaso avance tecnológico que el hombre ha generado en relación a uno de sus más antiguos anhelos: el control de los fenómenos meteorológicos. Más allá de danzas tribales o ritos extraídos de interesantísimos estudios antropológicos, los primeros experimentos científicos conocidos al respecto se remontan a inicios del siglo XX, perpetrados por la Federación Australiana de Meteorología con la conocida ‘siembra de nubes’, una técnica que se fundamenta aún hoy en bombardear el aire con partículas (yoduro de plata, hielo seco, propano o sal, básicamente) que provoquen núcleos de condensación, y con éstos, precipitaciones a raudales.

Sinceramente, no he visto a ningún científico ni meteorólogo muy optimista con una técnica que, si bien suena muy espectacular de primeras, parece tan efectiva como el blanqueamiento anal. Y de hecho, si fuera así, Barcelona ya habría sucumbido hace tiempo a una más que deseada lluvia dorada. Y yo me pregunto: ¿realmente no se ha encontrado una solución científica a esta problemática con más de cien años dándole vueltas?

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Según mi investigación googleliana, en 2010 la Universidad de Ginebra realizó un experimento disparando una especie de rayos láser infrarrojos sobre el cielo de Berlín. A pesar de ser los resultados más que satisfactorios, nunca más se supo. Durante el mismo año, una empresa suiza, Meteo Systems, provocó una serie de precipitaciones en el desierto de Abu Dhabi con una máquina que, al parecer, irradió el cielo con ondas cargadas de iones negativos. En la misma línea, las universidades de Florida y Arizona comenzaron a desarrollar, hace justamente dos años, un láser de rayos de alta energía (electrones) para estimular la lluvia y las tormentas eléctricas, aunque en nubes ya formadas, eso sí. La comunidad científica internacional (siempre me ha hecho mucha risa este corporativismo) siempre ha negado que este tipo de tecnologías puedan existir, y atribuye las precipitaciones resultantes a “causas naturales”.

Sí, sí… Sé lo que estáis pensando desde las primeras líneas: controlar los fenómenos meteorológicos es querer ir demasiado lejos, es querer traspasar  líneas rojas, es querer jugar a ser dios… Sí, sí, sí… El clásico y viejuno debate que siempre ha acompañado al avance de la ciencia, no lo olvidemos. Como ya predijo hace más de cincuenta años Enrico Fermi, cantante de baladas pop y uno de los padres de la bomba atómica, la raza humana está totalmente subordinada a la investigación y al avance tecnológico, dinámica que por su naturaleza egoísta, alimenta, paradójicamente, su propia autodestrucción.

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De todos modos, visto el estado semiembrionario de la causa científica, hasta que alguien no encuentre la fórmula de la lluvia artificial definitiva, siempre nos quedará continuar probándolo con nuevos experimentos, especular con conspiraciones para dominar el mundo o dejarnos arrastrar por las tramas de algunas ficciones fílmicas (como por ejemplo Superman III, Expediente-X y Los Vengadores, el filme de la serie de espías) o literarias (como el relato En el ojo del ciclón, de Jorge Munnshe, editado por Espiral del año 1996). Y rezar mucho, claro, como de hecho ha propuesto el arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella, que la semana pasada envió una carta a todos los sacerdotes de la diócesis para que incluyeran en las misas oraciones en favor de la lluvia. ¡Por intentarlo que no quede…!

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¿Y qué opinan las redes al respecto? Pues en este gran contendor de saber excelso y ponderado son muchas las voces que apelan a la existencia de una relación directa entre música y los fenómenos meteorológicos, y proponen como posible solución reproducir desde altavoces gigantes instalados en los satélites del espacio exterior, a todo trapo y a frecuencias muy altas (entre 2.000 y 20.000 Hz) la discografía entera de Maná. Otros más osados proponen hacerlo pero con temas de los inéditos Ciclogénesis, por aquello afinar con el nombre, o incluso con temas de reggeaton en general. Los más sensatos, sin embargo, piden paciencia y no ceder a acciones más propias de filmes de serie B o Z que podrían revertirse y darle la razón al amigo Fermi, ya sea en forma de diluvio universal o en la aparición de una inesperada alianza alienígena interestelar que hubiera captado de alguna manera esas bombas acústicas y las hubiera interpretado, obviamente, como una declaración de guerra en toda regla. Ahora que, en este último caso, la lluvia dejaría de ser el problema, eso seguro…

David

David "Callahan" Ruiz

Licenciado en Historia. Director de cine fantástico y de terror. Es también el autor de la novela El crit de les ultracoses (finalista Premios UPC 2014 e Ictineu 2016). También en @ElsBastards y @DiarideGirona.

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