LOS CUCLILLOS DE MIDWICH (1957) – John Wyndham

Autor: John Wyndham
Título: Los cuclillos de Midwich (The Midwich Cuckoos)
Editorial: Gaviota
Año: 1986 (1957)
Páginas: 304
ISBN: 8476930267
Valoración:★★★★★

 

John Wyndham es uno de los mejores autores británicos de ciencia ficción, muy leído y conocido en todo el mundo anglófono. Lo que se dice un clásico, vaya. Quizá precisamente por eso (paradójicamente) ha merecido el desprecio por parte de las editoriales de este nuestro país. “Ciencia ficción” y “clásico”… ¿a quién podría interesar? Es el caso de Los cuclillos de Midwich, por ejemplo, que he tenido que leer en una deplorable edición de la Editorial Gaviota de 1986. Calidad ínfima del papel, errores tipográficos, incluso algún salto de línea y párrafos desordenados, etc. Pero todo sea para poder aproximarme a uno de los grandes libros de ciencia ficción del siglo pasado.

En relación al estado editorial del fantástico en España, una última puntualización: hace poco se ha sabido una triste noticia, uno de los sellos españoles de cifi que más y mejores títulos clásicos cuenta en su catálogo, La Factoría de Ideas, acaba de bajar definitivamente la persiana, y se desconoce el destino final de su catálogo (dentro del que destaca la colección “Solaris”, con clásicos como Asimov, Heinlein, Herbert, Matheson o Pohl).

Pero vamos al grano. Los cuclillos de Midwich es una extraordinaria novela sobre invasiones alienígenas, pero partiendo de una premisa absolutamente original. En un pequeño pueblo inglés, Midwich, un extraño objeto aterriza y provoca que en el espacio de 24 horas nadie pueda acceder a él. Una especie de cúpula invisible lo rodea y provoca que todo el que se acerca caiga inconsciente. Cuando despiertan, nadie recuerda absolutamente nada del fenómeno. Alguien podría pensar rápidamente en el libro de Stephen King La cúpula, o en la (efímera) serie Flash Forward, pero se equivocaría. Este hecho es sólo la excusa para plantear el verdadero tema de la novela: al poco, todas las mujeres en edad fértil de aquel pueblecito se dan cuenta de que están embarazadas.

En la misma línea de lo que nos contaba el autor en El día de los trífidos, la invasión será tranquila, sutil, casi sin que nos demos cuenta de ello. No podemos olvidar que a finales de los años ’50 el mundo occidental vivía aguantando la respiración dividido en dos bloques (el americano y el ruso) que desconfiaban visceralmente el uno del otro. Desde este punto de vista, se puede ver la amenaza subyacente de los Niños como la propia que representaba la URSS para la Gran Bretaña. La idea de que cualquiera podía ser un enemigo, que los vecinos podían no ser lo que parecían, retrata muy bien la psicosis de la época que, por otra parte, apareció también con solvencia en otros clásicos contemporáneos, como Los ladrones de cuerpos (1955) de Jack Finney.

Dividida en dos partes, la primera ahondará en estos prolegómenos y en la gestión que tanto a nivel individual como global se realiza del caso. Hay que contextualizar la obra para entender la importancia que Wyndham da al tema de la moral, ya que en el fondo lo que se pone en primer lugar en tela de juicio es la virtud de las jóvenes doncellas de Midwich. Por ello, puede dar la impresión de que las chicas están mucho más interesadas en cómo llevar adelante el embarazo sin humillaciones ni vergüenza que en intentar averiguar como ha sucedido. El miedo individual a lo desconocido es superado en este punto de la misma manera que en El día de los trífidos: a partir de la colaboración y la solidaridad. También aborda el caso de los hombres, protagonistas secundarios de la obra: su orgullo de machos ha quedado herido, pero como en el fondo son gente civilizada (¡británicos!) saben estar en su lugar, junto a sus mujeres. Una situación nueva requiere soluciones nuevas, adaptabilidad.

En el fondo, este es el gran tema de la novela: la capacidad evolutiva de las especies. En la segunda parte, situada nueve años después del nacimiento de la sesentena de criaturas de Midwich, el pueblo vive inmerso en una extraña tranquilidad. Las criaturas son aparentemente normales: tienen forma humana y se comportan como lo haría un niño humano. Pero tienen peculiaridades inquietantes: todas tienen una apariencia casi idéntica y los ojos de color dorado. Además, crecen al doble de la velocidad normal que lo haría un niño humano. En paralelo a estos fenómenos podríamos decir que más físicos, tienen lugar otros de índole psicológica: parece que la mente de los Niños no es individual, sino colectiva y que han desarrollado un preocupante poder de sugestión, capaz de obligar a todos a ceder a sus deseos. Además, parecen moverse impulsados estrictamente por un primario sentido de supervivencia que los hace actuar a veces absolutamente faltos de remordimientos y empatía.

En la propia novela, que juega como en El día de los trífidos hábilmente la carta de la ironía (tan británica), Wyndham confronta su invasión a la de su compatriota Wells, mucho más convencional. Si en La guerra de los mundos (1898) la invasión se produce siguiendo los parámetros de una genuina invasión militar, en esta novela se produce a nivel biológico: como hacen los cucos, que abandonan sus huevos en los nidos de otros pájaros para que los críen, esta raza extraterrestre ha usado las chicas humanas de Midwich como receptáculo de su progenie. ¡Y todo ello un montón de años antes de las madres de alquiler y la fecundación in vitro!

No la menciona, pero personalmente esta obra me ha hecho el efecto de acercarse mucho más que a Wells a otro de los grandes clásicos europeos de la ciencia ficción: a Karel Capek y a su La guerra de las salamandras (1936).

Al igual que los reyes de la creación que nos han precedido, estamos llamados a ser reemplazados un día. Esto podrá producirse de dos maneras: sea por nosotros mismos, por nuestra autodestrucción, sea por la invasión de una especie que no podamos dominar por falta de medios técnicos suficientes. Bien, henos aquí ahora frente a una voluntad y una inteligencia superiores.

Un personaje, Gordon Zellaby, quien más y mejor comprenderá a los Niños, será también quien desplegará las teorías más interesantes al respecto: todo se limita a una lucha por la supervivencia. Llegado el cenit de su dominio sobre la Tierra, la hegemonía del hombre se ve amenazada por una especie más evolucionada. No escapa la novela a las tesis propias de la época de naturaleza racista y antropocéntrica, pero Wyndham, que huye de los convencionalismos, plantea el tema del origen extraterrestre de la raza humana para poner incluso nuestra autoridad moral en duda. No somos mejores que los Niños. Ni siquiera nos merecemos más que ellos ser los dueños del mundo, porque no es nuestro auténtico hogar. No es ninguna novedad, otros autores ya habían expuesto ideas similares (sin ir más lejos su compatriota Arthur C. Clarke lo convierte en la tesis de su obra maestra 2001: Una odisea espacial).

En definitiva, una obra maestra de uno de los maestros de la ciencia ficción de todos los tiempos, que nos hace notar las contradicciones éticas y morales de nuestra actitud ante el mundo que habitamos y las vidas que dominamos.

Hemos querido hacer del mundo una selva, y en la selva sólo sobrevive el más fuerte.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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