EL DESAFÍO DEL ESPACIO EXTERIOR (1935) – Varios Autores

Autores: Catherine L. Moore, Abraham Merritt, R.E. Howard, H.P. Lovecraft y Frank Belknap Long
Título: El desafío del espacio exterior (The Challenge from Beyond)
Editorial: Edaf
Año: 2003
Páginas: 9 [dentro Mitos de Cthulhu, vol. 1, p. 87-96]
ISBN: 9788441412996
Valoración: ★★★★

 

En su Introducción a la literatura norteamericana (1967), Jorge Luis Borges hace una breve pero exacta semejanza biográfica de Howard Phillips Lovecraft. Borges dice que Lovecraft era muy sensible y de salud delicada, que fue educado por su madre viuda y sus tías, que le gustaba la soledad y que, a pesar de trabajar de día, lo hacía con las persianas bajadas. Interesado por la ciencia, la filosofía y la política, en 1923 comenzó a publicar sus relatos en la revista Weird Tales. Son relatos macabros, de terror, fuertemente influidos por la literatura de su compatriota Edgar Allan Poe. Pero lo cierto es que Lovecraft únicamente publicó un libro en vida; fueron sus amigos, una vez él difunto (había muerto en el anonimato y la miseria), que se encargaron de reunir en volúmenes su obra, dispersa en antologías y revistas. Fue entonces, al popularizarse sus relatos, que comenzó, en paralelo, la mitificación de su persona: la relación traumática con la figura del padre, su predilección por la soledad, los paseos nocturnos por cementerios (odiaba la luz del día), su estilo torturado, macabro, truculento… hicieron del creador de mitos, un mito.

Los Mitos de Chthulu son el ciclo de relatos más famoso de Lovecraft. Señala Borges que son historias para no dormir sobre

Seres de remotos planetas y de épocas antiguas o futuras que moran en cuerpos humanos para estudiar el universo o, inversamente, almas de nuestro tiempo que, durante el sueño, exploran mundos monstruosos, lejanos en el tiempo y en el espacio

El propio Lovecraft, en sus Notas sobre los escritos de literatura fantástica (1937), había dicho que escribía cuentos sobrenaturales porque tenían que ver con sus inclinaciones naturales. Por un lado, dice que estos cuentos enfatizan el elemento del horror, porque el miedo es nuestra emoción más fuerte y profunda y, por otro, el elemento de la ciencia ficción, porque la curiosidad por lo desconocido, por el espacio exterior, siempre existirá en algunas personas, aquellas que tienen

Un deseo ardiente por escapar de la cárcel de lo común y real, por vagar por regiones encantadas llenas de aventura y posibilidades infinitas.

De hecho, sus relatos obedecen a una evolución que se aparta progresivamente de aquel elemento de terror del que hablaba para acercarse cada vez más al elemento de ciencia ficción, género que entonces se encontraba en alza: Julio Verne (Un viaje en globo, 1851) y H.G. Wells (La máquina del tiempo, 1895 o La guerra de los mundos, 1898) inauguraron, en cierta forma, un género que cultivaron (en mayor o menor medida) desde Dickens hasta sir Arthur Conan Doyle, de quien Lovecraft era un auténtico devoto. En esta corriente hay que situar alguno de sus últimos relatos, como es el caso de “El desafío del espacio exterior”.

Con motivo del tercer aniversario de la revista Fantasy Magazine, en 1935 se organizó un curioso “concurso”: dos equipos de reconocidos escritores de ciencia ficción escribirían dos relatos diferentes, pero con el mismo título: “El desafío del espacio exterior”. El primer equipo estaría formado por Stanley G. Weinbaum, Donald Wandrei, Edward E. Smith, Harl Vincent y Murray Leinster, y el segundo por C.L. Moore, A. Merritt, Robert E. Howard, Frank Belknap Long y H.P. Lovecraft. La idea era que un autor iniciara la historia y que otro la continuara. Los resultados fueron diversos, pero si nos ceñimos a la parte de Lovecraft, el relato explica la extraña abducción de un humano por una fuerza mental extraterrestre que obliga su mente a viajar millones de años luz en el espacio para ser aprisionada en un cuerpo alienígena vermiforme, mientras su cuerpo humano queda en la Tierra ocupado por una mentalidad extraterrestre, dispuesta a suplantarlo. El lenguaje obsesivo, el terror psicológico y la angustia asfixiante, caracterizan el resultado. Y evidentemente, la explosión en el clímax final, cuando el humano comprende el intercambio que ha tenido lugar al ver su cuerpo de alienígena repugnante reflejado en un espejo:

No fue su cuerpo lo que vio reflejado… sino la mole espantosa y gris claro de uno de los centípedos gigantes.

En 1975, Jorge Luis Borges se referirá de nuevo a Lovecraft en el epílogo a El libro de arena:

El destino que, según es fama, es inescrutable, no me dejó en paz hasta que perpetré un cuento póstumo de Lovercraft, escritor que siempre he juzgado un parodista involuntario de Poe. Acabé por ceder; el lamentable fruto se titula There Are More Things.

Este su cuento (menos lamentable de lo que confiesa el autor) es un excelente ejercicio de recreación lovecraftiana: mitad relato de terror, mitad historia de ciencia ficción. Una vieja mansión en manos de un extraño propietario se convierte en la obsesión del antiguo vendedor que, tras infiltrarse a escondidas, descubre lo que parece la existencia de un habitante de otro planeta. Entonces tiene lugar el clímax del cuento, y su final. Escribe Borges:

La curiosidades pudo más que el miedo y no cerré los ojos.

El punto final se convierte en una auténtica mutilación de la curiosidad del lector, un mayúsculo coitus interruptus. Y es que precisamente a Borges se atribuyen estas palabras:

No cometeré el error de Lovecraft: describir al monstruo.


Publicado originalmente en la revista Míra’m en mayo de 2005 en la sección La mazmorra del androide / Traducción castellana online en SdCF desde mayo de 2005.
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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