BIENVENIDOS A INCALAND (2014) – David Roas

Autor: David Roas
Título: Bienvenidos a Incaland
Editorial: Páginas de Espuma
Año: 2014
ISBN: 978-84-8393-176-9
Valoración: ★★★

 

Esta reseña es una deuda que había contraído conmigo mismo en el año 2014, cuando me propuse leer algo de David Roas, uno de los escritores de género más interesantes de este país (desde la doble vertiente de autor y ensayista). De hecho, la idea era leerlo a lo largo de 2015, pero el año pasado únicamente pude leer de él un cuento breve incluido en la antología Las mil caras del monstruo. Definir Bienvenidos a Incaland es complicado. No es una novela, a pesar de contar una historia más o menos ligada. No es ninguna antología de relatos, aunque está formado por una serie de historias breves. Por supuesto, no es un ensayo, aunque Roas reflexiona a propósito de la realidad y la fantasía, dos terrenos que conoce muy bien (es autor de varios ensayos y es director del Grupo de Estudios sobre lo Fantástico en la UAB y de la revista Brumal). Pues ¿qué es?

El libro parte de un hecho verídico, el viaje que Roas emprendió a Perú en 2008, pero traspasa los límites de lo real para adentrarse en el terreno preferido del autor: el del fantástico, o real maravilloso o realismo mágico (puestos a usar etiquetas adecuadas a aquellas latitudes andinas). Quizás lo más acertado, pues, sería definir Bienvenidos a Incaland como una serie de relatos cortos que funcionan como un todo y, al mismo tiempo, permiten al autor reflexionar desde un punto de vista personalísimo sobre los límites entre lo real y lo maravilloso. Todo ello, bajo la forma de un libro de viajes.

La obra, de apenas 130 páginas, va encabezada por un prólogo del escritor peruano Fernando Iwasaki, a quien el propio Roas dedica el volumen. Esta complicidad fraternal es evidente en las palabras y el tono que también le dedica el peruano, cuando lo define como un

Escritor desopilante, especialista en literatura fantástica y el profesor más majara que un director de serie B podría contratar.

El libro se estructura en 5 partes desiguales. La primera, “Prólogo”, incluye únicamente un relato (por llamarlo de alguna forma) que nos sitúa en perspectiva: el autor se embarca en un avión hacia el Perú. Comienza el viaje. Se inicia la aventura. La segunda parte, “Lima”, corresponde a la parte de las obligaciones profesionales del viaje, la que transcurrió en la capital de Perú. Incluye 6 relatos. Algunos se extienden a lo largo de una veintena de páginas. Otros son escasamente unas líneas, a modo de microrrelato (otro de los géneros en los que destaca el autor). Los taxis-bala, la ciudad-laberinto (referenciando a Borges), el mal de altura, la actividad sísmica, etc. Retahíla de tópicos de cualquier mal libro sobre Perú que Roas, con su habilidad de cuentacuentos, transforma en anécdotas originales y entretenidas. Personalmente, el relato que me ha parecido más destacable de esta parte ha sido “Walk on the Wild Side”, a propósito del robo de la supuesta máquina de escribir de Mario Vargas Llosa de la Casa Museo O’Higgins. Nada más sagrado para un peruano. Nada más susceptible de ser violado por alguien tan poco amigo de patrioterismos.

De la siguiente parte, “Cusco” (3 historias), me quedo con “El tesoro de los incas”, tal vez el relato más hilarante y conseguido de la recopilación. Si la segunda parte correspondía a las labores profesionales de Roas, este viaje a Cusco es puramente personal, de ocio, turístico. Precisamente el turista (americano, japonés) es uno de los blancos de la mordacidad del autor. El turista-zombi, como lo llama. Esto es la excusa perfecta para hablar del género, desde Romero a La invasión de los ladrones de cuerpos de Finney, pasando por Yo anduve con un zombie de Tourneur. De hecho, el libro está lleno de referencias a lo que podríamos denominar folclore popular posmoderno: los Simpson, Terminator, Tintín, los mitos de Cthulhu de su amado Lovecraft, el capitán Kirk de Star Trek, los Monthy Python, El gran Lebowsky, etc. A pesar del trato irónico hacia el turista, sin embargo, Roas no pasa por alto la paradójica condición de ser él mismo lo que más detesta, un turista. Uno, el otro y aquellas cosas que tanto gustan a los escritores hispanoamericanos… La otredad. Esto queda muy bien retratado en este cuento. Además, aparece por primera vez uno de los leit motivs del libro: una llama (o alpaca), animal que a partir de entonces adquirirá en la recopilación una presencia intimidatoria, fantasmal, vengativa. Antagónica al propio Roas en la misma medida que todo héroe necesita su archienemigo de mirada aviesa.

La inevitable visita de cualquier turista al país andino no puede excusar una ida al Machu Picchu, la cual ocupa la cuarta parte del libro, que se titula precisamente así, “Machu Picchu”. Una historia bastante larga, subdividida en apartados y un último relato de resonancias hitchcockianas, “Extraños en un tren”, inician ordenadamente el repliegue, que tiene lugar definitivamente en la última parte, “Coda”, el fin del viaje, la conclusión de la aventura. Al final, el lector se pregunta inevitablemente qué hay de cierto y qué de ficción en toda la historia. Quizás la pregunta más acertada sería qué tienen aquellas latitudes que hasta la cotidianidad más lamentable es susceptible de convertirse en un cuento de hadas. Otro catalán embevido de realismo mágico, Pere Calders, hablaba de ello con estas palabras:

A mí me parece -y vaya como divagación sin transcendència- que uno de los aspectos apasionantes de la literatura, como reto al escritor, es de buscar otros nombres a las cosas para ver si se pueden expresar con otra profundidad u otra dimensión.

Para Roas, este nombre es Incaland.

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Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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