Artículo: El señor del anillo

Los cómics de los años ochenta fueron un territorio muy fructífero para la ciencia ficción. Cuando revisamos el boom del cómic español desarrollado los primeros años de esa década, descubrimos que muchos autores consideraron este género un territorio privilegiado para desarrollar toda su capacidad creativa. No sólo era habitual encontrar historias en cualquier publicación sino que había revistas como Metal Hurlant y muy especialmente 1984 que, prácticamente, sólo eran de ciencia ficción. Series como Cuentos de un futuro imperfectoAlfons Font-, El IncalJodorowsky y Moebius-, DenRichard Corben-, Historias de la taberna galácticaJosé María Beà-, Adolphus ClaarYves Chaland-, Zora y los hibernautasFernando Fernández-, El último recreoCarlos Trillo y Horacio Altuna– o CiudadRicardo Barreiro y Juan Giménez-, para buscar ejemplos muy diferenciados en cuanto a origen y estéticas, nos hablan de una verdadera pasión por este género.

1984 fue el buque insignia de Toutain Editor, la más importante editorial de aquellos años. Surgida con este orwelliano título en 1978, el éxito sorprendió a todos, hasta el punto que en el año del Gran Hermano la revista tuvo que cambiar de título y pasar a llamarse Zona 84 para evitar quedar obsoleta. Inicialmente se nutría de material del editor estadounidense Warren quien, por su parte, había fichado para sus publicaciones una bandada de dibujantes hispánicos a través de la agencia Selecciones Ilustradas que dirigía Josep Toutain. Poco a poco, la revista fue dejando de traducir el material Warren y comenzó a encargar proyectos a los dibujantes del país que, quizá por primera vez, tenían oportunidad de trabajar en unas condiciones -de libertad creativa, de proyección de su trabajo y de remuneración- desconocidas en el país.

revista-metal-hurlant-version-espanol-vol-02-copyEnmarcada en esta voluntad de promocionar el talento local, el editor ideó un concurso de cómics de ciencia ficción dirigido a los autores no profesionales, una iniciativa admirable que tenía como premio no sólo una dotación económica más que digna sino también la publicación del trabajo ganador en un número especial. Pero aún había mucho más; no sólo era un concurso de dibujo sino que también había algo nunca visto: un concurso de guiones, con dotación económica e ilustración del guión a cargo de un dibujante profesional. Y además, publicación en la revista 1984, no en ningún número extra. Para un joven de 19 años como yo que no sabía nada, de dibujar, y que era un lector compulsivo de todo lo que se le ponía por delante, era una oportunidad única de publicar y entrar en el mundo del cómic por la puerta grande.

Nunca me había interesado especialmente la ciencia ficción, pero cualquier lector de cómics de aquellos años había hecho una inmersión considerable en el género y se podía considerar un lector avanzado; es cierto que también había leído Verne, Wells o Bradbury, y algo de Lem, que había visto Blade Runner, Terminator o 2001, una odisea del espacio, pero no era un gran conocedor de esta manera de mirar la realidad. Ahora bien, era joven, lo que quiere decir atrevido, y en consecuencia me lancé a redactar sin tener ni idea de cómo se escribía un guión de cómic. No había, entonces, manuales, ni cursos, ni bibliografía en torno a esto, pero la inconsciencia me dominó y decidí ponerme a trabajar.

El trabajo llevaba por título Anillo carcelario y resultó ser, ante mi sorpresa, un guión de alto contenido político. Supongo que viendo que no podía profundizar en el mundo de la anticipación científica por falta de bagaje y formación, decidí -la sombra de Orwell es alargada- crear una distopía que me permitía hacer una reflexión sobre la violencia como motor de transformación social. O quizás, más que una reflexión, una apología. Ahí es nada. Lo pasé a máquina -¡ay, viejas chicas Underwood!-, lo envié y me olvidé de él.

Pasados unos meses, y sin previo aviso, recibí en casa un carta de Toutain Editor; en su interior encontré un talón de 30.000 ptas -180 euros en 1984, que no eran cuatro quartos-. Inmediatamente llamé a la editorial y me confirmaron que no sólo había ganado sino que el guión ya estaba dibujado por Brocal Remohi y que me pasara por la sede -Diagonal esquina Paseo de San Juan, al lado de la casa de mis padres-, que me querían hacer una entrevista para publicarla el mes siguiente con la historia ganadora.

Jaime Brocal Remohí (1936-2002) era en aquellos años un veterano dibujante que se había formado en el rico panorama de la historieta valenciana de los años cincuenta y que había desarrollado el grueso de su obra para el mercado extranjero, tanto para los Estados Unidos como para el mercado europeo; no sólo eso, más adelante publicaría también en el mundo árabe e incluso en Japón, siendo uno de los primero autores europeos de hacerlo con éxito. Especializado en la fantasía heroica y en las aventuras de bárbaros herederos de Conan, no parecía el dibujante más apropiado para mi guión. Lo cierto, sin embargo, es que cuando vi las planchas dibujadas por Brocal encontré que había hecho un trabajo magnífico y que había captado con precisión y contundencia lo que quería contar; en realidad yo había escrito el guión sin tener in mente una estética gráfica definida y la apuesta visual de Brocal -oscura, casi tenebrosa, figurativa y con rasgos expresionistas- me pareció absolutamente pertinente.

Me entrevistaron y quedé como un pedante -hablaba del Quijote y de Joyce como de mis lecturas preferidas- y pocas semanas después salía al mercado el número 63 de 1984 donde se publicaba mi guión. Compré una docena de ejemplares que repartí a raudales entre parientes y amigos; sí, era guionista de cómics en la revista clave del país. No pude contactar con Brocal Remohí para agradecerle el trabajo hecho -lo intenté, pero no hubo manera-; Toutain no quiso saber nada de mis futuros guiones, y la revista se cerró en el número siguiente para renacer como Zona 84. Allí se acabó mi carrera, pero salió publicado mi guión, dibujado de forma espléndida por Brocal. Tenía 19 años y fui muy, muy feliz.

chichonizona84Por increíble que pueda parecer, años después me he encontrado gente que recordaba haber leído Anillo carcelario, especialmente su violencia y algunas imágenes turbadoras, e incluso en algunos foros de internet he encontrado cómo se hacían preguntas en torno al enigmático guionista, a quien le habían perdido la pista.

No he sido nunca, ya lo he dicho antes, un gran aficionado a la ciencia ficción, aunque he seguido leyendo cosas de manera dispersa y desordenada, de Scott Car Philip K. Dick pasando por Lucius Sheppard, Gorodischer o G.H. White. La pasión del cómic por el género se diluyó en los ochenta, y de cine he visto cuatro cosas más mal contadas. Y a pesar de ello, no puedo más que estar agradecido a este campo expresivo que me permitió hacer realidad un sueño de lector voraz y compulsivo como era convertirme en guionista de tebeos, aunque fuera sólo por una vez. Y convertirme en el verdadero señor del anillo; del anillo presidiario.

Joan Manuel Soldevilla

Joan Manuel Soldevilla

Catedrático de lengua y literatura españolas. Profesor en secundaria. Es autor, entre otros, de los ensayos Som i serem (tintinaires) y Àngel Puigmiquel. Una aventura gráfica.

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One thought on “Artículo: El señor del anillo

  • 12 marzo, 2018 at 6:45 pm
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    Pues oye!!! Que alegría mas grande me he llevado!
    No recordaba (vamos, a diario, quiero decir) este episodio de mi padre, y de hecho al verla la he confundido con otra que publico mas adelante (estoy ahora bastante convencido de que la tuya influyo bastante) con guion propio (y en parte del que suscribe) y probablemente se mezclaban en mi memoria. Pero al irla leyendo, he recordado perfectamente su gestación y mas detalles que ya te comentare por email si quieres (ya tienes el mio) pues sin duda te gustaran. Entre otras cosas, por que SI era mi padre una elección mas que idónea (Toutain sabia lo suyo) como el resultado demostró. Y de paso subsanar esa imposibilidad de contacto en su momento. Sin duda que Brocal Remohi hubiera estado mas que encantado. Y si, el guion le encanto!
    Aparte de todo ello, me encanta el tratamiento de la figura de Brocal, y el tono general del post.
    Por cierto, ahí tienes a Robocop tres años antes!
    Muchísimas gracias y un abrazo!
    Jaime Brocal (hijo)

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