LA COSTA MÁS LEJANA (1972) – Ursula K. Le Guin

Autor: Ursula K. Le Guin
Título: La costa más lejana (The Farthest Shore)
Editorial: Minotauro
Año: 2001 (1972)
Páginas: 240
ISBN: 9788445073353
Valoración: ★★★★★

 

Originalmente, el Ciclo de Terramar estaba compuesto sólo por tres libros: Un mago de Terramar, Las tumbas de Atuan (1971) y La costa más lejana (1972), pero años más tarde Ursula K. Le Guin decidió agrandar el ciclo con dos títulos más: Tehanu (1990) y En otro viento (2001). También hay que mencionar dos libros más con historias cortas sobre el mundo de Terramar: Cuentos de Terramar (1999) y Los doce hogares del viento (2001). La popularidad de la saga ha llevado a un par de mediocres aproximaciones del cine a este mundo, pero en ningún caso ha sido suficiente para convertir Terramar en un fenómeno a la altura de la tierra Media de Tolkien: la primera adaptación fue en forma de una abominable producción que surgió directamente para la TV (La leyenda de Terramar, 2004) y, más tarde, como manga japonés de la mano de Goro Miyazaki (Los cuentos de Terramar, 2006), hijo del gran Hayao Miyazaki.

Así pues, de alguna manera podemos considerar La costa más lejana el cierre de la trilogía original y de la historia del mago Ged / Gavilán. Si entendemos las historias de Terramar como un bildungsroman, como una novela de formación, esto tiene que ser así a la fuerza, ya que aquí se cierra magistralmente el círculo que habíamos empezado a trazar con las aventuras del joven aprendiz de mago en Un mago de Terramar y habíamos continuado en Las tumbas de Atuan. El resto, ya es otra cosa.

Desde el punto de vista de la estructura, la autora parece retornar al guión del primer libro (en mi opinión muy superior al segundo), y repite el mecanismo del viaje por las islas de Terramar. La historia de La costa más lejana se inicia cuando el joven príncipe de Enlad llega a Roke, la escuela de magia donde ahora Ged ostenta el cargo de Arquemago, e informa que la magia está desapareciendo de Terramar. No es la primera noticia en este sentido que llega, pero no le han prestado mucha importancia hasta ese momento. Ahora, Ged decidirá que ha llegado el momento de irse de la Escuela y buscar el origen de este fenómeno que está llevando a magos y a hechiceras a olvidar las palabras mágicas, a las palabras a vaciarse de su poder mágico y a la gente a ser gris y sin alegría. Recuerdan aquella “nada” que destruía el reino de Fantasía en La historia interminable (1979) del gran Michael Ende? O incluso Momo (1973) del mismo autor? Pues leyendo La costa más lejana me ha dado la impresión de ser un claro efecto del influjo de este libro, escrito sólo unos pocos años antes.

Este viaje llevará la pareja hasta el fin del mundo conocido. A los Confines. En un estilo cercano a la novela detectivesca a veces, Ged irá indagando qué ocurre en su mundo, y las noticias son cada vez más y más inquietantes. Al mismo tiempo, ejercerá de maestro del joven Arren, que guarda muchos paralelismos con el propio Gavilán cuando era joven y arrogante y llegó a la Escuela. En este libro se han cambiado las tornas de Un mago de Terramar y ahora Ged / Gavilán es el maestro y tiene un aprendiz, ha superado aquella arrogancia juvenil que le acarreó tantos problemas y es un gran mago, y será Arren quien deberá luchar contra sus sombras interiores.

De hecho, poco a poco iremos descubriendo que precisamente los actos insensatos que llevó a cabo Ged en su paso de joven por Roke han tenido consecuencias inesperadas en el presente, y que la alteración en el Equilibrio que descubren es debido a un antiguo mago oscuro conocido de nuestro protagonista.

Ningún hombre, ningún poder, no puede detener la acción de la hechicería, o acallar las palabras del poder. Porque son las verdaderas palabras de la Creación, y el que pudiera hacerlas callar podría deshacer el mundo.

En este viaje fantástico por Terramar leeremos la crítica a la acción destructora de los hombres contra la naturaleza y sabremos de lugares que nunca antes habían aparecido en la saga, llegaremos hasta la tierra de los dragones, donde conoceremos al gran dragón Orm Émbar, y sabremos de su peculiar manera de hablar, conoceremos también cierta profecía (“Aquel que haya cruzado la tierra oscura en vida y llegue a las costas lejanas del día, aquel heredará mi trono”) sobre el regreso de un rey al trono de Terramar, que deberá empuñar el Signo de la Paz y convertirse en el Rey de Todas las Islas.

Roke no es el corazón del mundo. Lo es aquella torre, donde fue puesta la espada de Érreth-Akbe, y donde permanece el trono de Sérriadh, de Akamba, de Maharión. ¡El corazón del mundo ha estado vacío durante ochocientos años! Tenemos la corona, pero no tenemos ningún rey que pueda llevarla. Tenemos la runa perdida, la runa del Rey, la runa de la Paz, devuelta a nosotros, pero ¿tenemos la paz?

La costa más lejana es el final de la trilogía original y, de alguna manera, también el final de Ged, el mayor Arquemago que ha habido nunca en Roke. Su sacrificio final será la excusa perfecta para poner punto y final a su labor en el mundo. Acabado su ciclo en el mundo mágico, será el momento del retorno a Gont, el ansiado descanso del guerrero. Lo manifiesta a lo largo de la novela varias veces el propio Gavilán: volver a la casa de los riscos de Re Albi, ver a Ogión antes no muera, reencontrarse con Ténar. El mago se nos ha hecho mayor y se quiere retirar. Es la conclusión lógica a una saga y a una vida que responden perfectamente a la estructura del viaje del héroe y que, como todos los círculos, debe terminar en el mismo punto donde se inició.

Sería hora de que yo fuera allí, que fuera en silencio, que fuera solo. Y tal vez allí, al fin aprendería lo que ningún acto ni ningún poder no me pueden enseñar, lo que nunca he aprendido.

Le Guin es indudablemente uno de los autores de fantasía vivos más importantes. Quizás el hecho de que esta saga fuese dirigida en su inicio a lectores jóvenes ha desvirtuado un tanto su importancia, al menos en nuestro país, donde la literatura de género aún no goza de la consideración que tiene en el mundo anglosajón. A su estilo depuradísimo y maravilloso (pocos autores son capaces de decir tanto y tan bien en tan poco espacio) hay que sumar un mensaje potente que pretende estimular la opinión crítica en los lectores, de la edad que sean. La saga de Terramar no es otra cosa, en el fondo, que una profunda reflexión sobre el tema del mal. Y a diferencia de Tolkien, que sitúa este elemento disruptor de su mundo fantástico en un enemigo exterior, en la estadounidense el mal es interior. Los hombres, estos seres duales, lo llevan dentro. Y es esta ambigüedad el motor de sus relatos, como lo ha sido de muchos otros grandes autores a lo largo de la historia.

Así pues, relegarla a la categoría de autora para jóvenes es un grave error, al tiempo que un prejuicio para los lectores. Hay que leer a Le Guin. Empezando por los jóvenes y acabando por los adultos. Como Gavilán, todos tenemos siempre algo que aprender. El proceso del aprendizaje nunca tiene un final. Siempre estamos en camino.


Un mago de Terramar ★★★★★
La costa más lejana ★★★★★
Tehanu
En otro viento
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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