LA ESPADA DEL DESTINO (1993) – Andrzej Sapkowski

Autor: Andrzej Sapkowski
Título: La espada del destino (Miecz przeznaczenia)
Editorial: Alamut
Año: 2015 (1993)
Páginas: 287
ISBN: 9788498890051
Valoración: ★★★★★

 

Segunda aproximación a la saga de Geralt de Rivia, del polaco Andrzej Sapkowski. Ya era hora. La estructura de esta continuación es ligeramente diferente a la del primer libro. Si por un lado los capítulos (seis en esta ocasión) siguen manteniendo la autonomía que tenían en El último deseo, que les confiere un carácter casi de relatos breves independientes (que, sin embargo, sostienen una lectura unitaria), por otro, los capítulos a modo de entreactos de la primera parte han desaparecido en esta ocasión, agilizando el ritmo del libro.

Poco, pero lo suficiente para haber hecho de un libro excelente un libro memorable. Y es que las peripecias del brujo errante Geralt son, seguramente, la mejor muestra de fantasía épica que nos podamos encontrar en las librerías hoy en día, le pese a quien le pese.

El primer capítulo se titula “Las fronteras de lo posible”. Ya desde el propio título, que entronca con la anterior novela, vemos que este episodio funcionará a modo de prólogo de todo el volumen. Aquí se recuperan rápida y sucintamente las señas de identidad de la saga y el autor nos coloca nuevamente en camino, de la mano del protagonista y de algunos de los personajes habituales que ya conocimos en El último deseo, el juglar Jaskier y la hechicera Yennefer, el amor de Geralt. Ellos tres y una peculiar compañía de estrafalarios se unirán por azar a un grupo de cazadores de dragones que trabajan a sueldo del rey Nedapaz para tratar de matar a un dragón dorado, una especie de ser imposible.

En paralelo a las aventuras que se espera encontrar en cualquier libro de fantasía épica de estas características (caballeros, hechiceros, monstruos y princesas), Sapkoswki nos ofrece más. Así pues, en este primer relato el autor profundiza de nuevo en el tema de la diferencia, que ya había tocado en el primer volumen. En el caso de Yennefer por su condición de madre frustrada, ya que para ser lo que es ha tenido que renunciar a todo, también a la posibilidad de tener hijos. En el caso de Geralt, por ser un mutante al que han hecho insensible a los sentimientos, para poder ser más eficaz en su tarea. Debido a su trágica condición, ambos se sentirán irremediablemente atraídos, pero estarán fatalmente destinados a tener que estar separados.

Geralt es un antihéroe romántico, y eso es lo que nos lo hace cercano. Volvemos a encontrar la analogía entre el propio mago y los monstruos que persigue. Geralt, en el fondo, sabe que está muy cerca de lo que persigue, por eso suele entender los monstruos tan bien. Geralt viaja, camina, pero no sabe a dónde va. No sabe cuál es su lugar (ni entre los hombres ni entre los monstruos), porque tal vez no tiene ninguno. Como los héroes de la novela artúrica, es un caballero andante que va en busca de aventuras.

Voy con ellos porque soy un golem sin voluntat propia. Porque soy un arbusto de estopa que el viento arrastra a lo largo del camino. ¿Adonde, dime, podría ir? Aquí por lo menos se han reunido algunos con los que tengo de qué hablar. Algunos que no cortan la conversación cuando me acerco. Algunos que, incluso si no les gusto, me lo dicen a la cara, no tirándome piedras por la espalda. Voy con ellos por la misma razón que fui contigo hasta la taberna de los almadieros. Porque todo me da igual. No hay ningún lugar al que podría querer dirigirme. No tengo meta que debiera hallarse al final del camino.

El segundo episodio, “esquirlas de hielo”, profundiza en la historia de amor de Geralt y Yennefer. Hay que advertir a los escépticos a este tipo de deriva más sentimental de las aventuras heroicas, que Sapkoswki no tiene nada que ver con el estilo ñoño de otros autores. La complejidad y la naturaleza trágica del amor entre el mago y la hechicera no se parece nada a la historia de Kvothe y Denna, por ejemplo, los amantes del sobrevalorado Patrick Rothfuss. El polaco es capaz de tejer una historia de amor mucho más verosímil y adulta, de una profunda carga psicológica que, por otra parte, no desmerece en ternura y dramatismo el pastiche del estadounidense.

El tercer capítulo se titula “Fuego eterno”, y en esta ocasión, a través del mito del doble (tan habitual en la literatura del centro y este de Europa), el autor nos introduce hábilmente en el tema del fanatismo religioso y la especulación bancaria, temas de una sorprendente actualidad y que, sin embargo, encajan como un guante con el mundo y la ambientación del relato. De hecho, estos dos elementos, aparentemente tan alejados, sirven al autor para confrontar una realidad bien contemporánea: cómo la superstición, bien usada, puede convertirse en un lucrativo negocio comercial. ¿Hay que recordar que Sapkowski es polaco, como el papa Woytila, azote del comunismo en su país y defensor a ultranza de las bondades del capital?

En paralelo, la historia le sirve al autor para hacer una incisiva crítica al concepto occidental de civilización, asociado a la destrucción de la naturaleza, de la que los monstruos como el doppler protagonista son representantes. De hecho, la palabra clave de este relato sería “cambio”, o “transformación”. Las cosas, nos cuenta, no son lo que parecen. Sapkowski coloca un espejo delante de la nariz de los hombres y les enseña que el monstruo pueden ser ellos. Nosotros. Como en todos los cuentos, siempre hay una lección al final, si la queremos aprender.

La cuarta historia, “Un pequeño sacrificio”, nos introduce en el mito de las sirenas. En esta historia el autor teje hábilmente dos relatos paralelos, que en cierto modo se retroalimentan y se enriquecen. Por un lado nos habla del amor imposible y antinatural entre el príncipe Agloval y la sirena Sh’eenaz. Esta historia, sin embargo, será únicamente un modo de hablarnos de la otra historia, la que de verdad quiere explicarnos, la de Geralt y Essi Daven, tan imposible como la del príncipe y la sirena. Geralt por su condición de brujo carece de emociones. Essi debido a su profesión es de una hipersensibilidad enorme. No puede haber nada perdurable entre ellos, ya que Geralt sólo puede estar con alguien como él, aunque Essi, cegada de pasión, no lo entienda.

Essi huele a verbena y no a lilas y grosellas, no tiene esa fría y electrizante piel, los cabellos de Essi no son un negro tornado de rizos brillantes, los ojos de Essi son hermosos, blandos, cálidos y celestes, no arden con un frío, impsaible y profundo violeta. Essi se dormirá después, volverá la cabeza, abrirá ligeramente los labios. Essi no se sonreirá con expresión de triunfo. Porque Essi… Essi no es Yennefer.

El final es brillante y lleno de tristeza, de profunda y terrible tristeza, y la reflexión sobre los cuentos que gustan a la gente y la historia real (brutal) que muchas veces hay detrás de ellos da cien vueltas, con cien páginas menos, a la de otros autores del género mucho más célebres.

El penúltimo capítulo es el que da título a la novela, “La espada del destino”. Aquí el escenario es el bosque de Brokilón y el monstruo las dríadas, una especie de ninfas (recuerdan, en cierta medida, a los elfos y los entes de Tolkien) asociadas a los poderes beatíficos de la naturaleza y crueles con los que la maltratan, es decir, con los humanos. Este capítulo es una brillante crítica al afán destructor del Hombre y una diatriba contra nuestra idea de progreso. En este escenario aparece la princesa Cirilla, una niña que está llamada a convertirse en un personaje importante en las aventuras posteriores del mago.

Las dríadas, como los monstruos, como el propio Geralt, se están extinguiendo. Su estirpe no procrea y únicamente logran perdurar secuestrando criaturas humanas. El futuro, el destino, será el tema clave de este relato, epicentro de toda la novela y que irradia hacia adelante y hacia atrás su influencia, como un terremoto. Geralt descubre que debido a una antigua promesa esa niña está unida a él de una manera que no creía posible. Es su destino. Pero él no cree en el destino, por eso prueba de escapar, ignorando que nadie escapa a su destino, aunque no crea en él.

La novela termina con un último capítulo, a modo de epílogo, titulado “Algo más”. No es un episodio de relleno, sino que se revelan importantes secretos de los orígenes del propio mago. No sería digno de Sapkowski escribir por escribir. De otros sí, pero de él no. En esta última parte nos encontramos un Geralt herido y postrado en la cama que sufre alucinaciones. El relato va alternando la historia de su recuperación con las divagaciones que sufre debido a la fiebre. Yen tiene un papel importante en este capítulo, de nuevo. Y así se cierra el círculo que habíamos iniciado también con ella en el principio del libro. El círculo, la figura más perfecta de todas. No podemos considerar casualidad que el autor sitúe el reencuentro de la pareja precisamente durante la Fiesta de Mayo, una especie de San Juan que se celebra cada año en honor al ciclo de las cosas.

La naturaleza se renueva, el ciclo se repite. Pero no nosotros, Geralt. Nosotros no podemos retornar. Nos han vedado esta posibilidad. Nos dieron capacidades para hacer con la naturaleza cosas extraordinarias, a veces contrarias incluso a ella. Y al mismo tiempo nos quitaron aquello que en la naturaleza es más sencillo y más natural. ¿Qué importa que vivamos más que ellos? Después de nuestro invierno no volverá la primavera, no renaceremos, lo que se acaba se acaba junto con nosotros.

Es urgente dar a conocer este autor y esta saga al gran público, no únicamente a los amantes de los videojuegos. La gente tiene que saber lo que se está perdiendo. Sin exagerar, se puede decir que tiene lo mejor de los mejores: de Martin, su poderoso ritmo narrativo; de Rothfuss, su estilo lírico y depurado. Alamut ha sabido trasladarnos la genialidad del original de manera solvente, con una digna traducción a cargo nuevamente de José María Faraldo. Únicamente un “pero”: es una auténtica vergüenza la odisea que puede representar conseguir un ejemplar de este libro, hoy en día agotado, descatalogado y clamando por una reedición de una vez por todas. ¡Los lectores se lo merecen, carajo!


El último deseo ★★★★
La espada del destino ★★★★★
Tiempo de odio
Bautismo de fuego
La torre de la golondrina
La dama del lago
Estación de Tormentas
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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