LOS LADRONES DE CUERPOS (1955) – Jack Finney

Autor: Jack Finey
Título: Invasión. Los ladrones de Cuerpos (The Body Snatchers)
Editorial: Bibliópolis
Año: 2007 (1955)
Páginas: 234
ISBN: 978-84-96173-83-5
Valoración: ★★★★

 

Tengo que agradecer esta lectura al amigo “Callahan” Ruiz. Fue él quien, hace ya más de un año, me habló con entusiasmo de la novela en que se basó Don Siegel primero y Philip Kaufman después para hacer sus películas, ambas excelentes a su manera. Fue cuando me pasó el borrador de su ópera prima, El crit de les ultracoses (2015), para que le diera mi opinión. Buena, cabe decir, muy buena. Los ladrones de cuerpos de Jack Finney es uno de esos clásicos inmortales de la ciencia ficción, revisitado de vez en cuando por cineastas y escritores diversos, pero que quizás no cuenta con la popularidad que tienen otras obras de este género entre el gran público. El propio libro de David Ruiz es una muestra de esta influencia entre los creadores. El año de la plaga (2010) de Marc Pastor, que espero leer pronto, sería otra. La propia edición del libro que he leído, de la editorial Bibliópolis, adorna la cubierta con el rótulo de una de las últimas (y menos apreciables, todo hay que decirlo) aproximaciones al libro, Invasión (2007), película del alemán Oliver Hirschbiegel, con Nicole Kidman y Daniel Craig.

Los ladrones de cuerpos, como la mayor parte de las mejor obras de ciencia ficción, expone al lector una serie de inquietudes a través de la alegoría. El hecho de que su mensaje se haya mantenido a lo largo de más de medio siglo es una buena muestra de su vigencia y es por eso que nos podemos referir a él sin exagerar como “clásico”. La obra nos cuenta como en una tranquila población californiana llamada Santa Mira los vecinos empiezan a notar, de manera casi imperceptible, como sus familiares, amigos y conocidos cambian. No se trata de cambios físicos o psicológicos evidentes (aparentemente todo el mundo parece ser el de siempre, comportarse igual), por lo que el protagonista, el doctor Miles Bennell, no duda en derivar al psicólogo todo aquel que le vienen con la misma historia. Poco a poco, sin embargo, la situación se convierte en insostenible y al final el propio doctor es testigo de que lo que ocurre es mucho más que un simple brote psicótico. Se trata de una auténtica invasión alienígena que está suplantando todos y cada uno de los vecinos de Santa Mira por réplicas extraterrestres. Entonces será cuando el doctor Bennell, con Becky, su amor de juventud y la pareja de amigos Jack y Theodora Belicec, inician su particular cruzada. Ellos solos contra todo el pueblo. Para salvar el mundo.

¿Qué podemos hacer? ¿Telefonear acaso a Eisenhower? ¿Llamarle a la Casa Blanca, y cuando responda al teléfono decirle que aquí, en Santa Mira, un pueblo que votó a los republicanos en las últimes elecciones, hemos encontrado unos cuerpos que no son verdaderos cuerpos sinó otra cosa distinta, no sabemos qué, por favor envíe ahora mismo a los marines?

Finney hace gala de un dominio del “tempo” narrativo extraordinario, muy moderno. Los capítulos, breves, terminan siempre en el momento justo, dejándonos colgados y con la necesidad de continuar leyendo. ¡Un temprano y conseguido cliffhanger, sí señor! Además, la lengua es ágil y nada cargante, lo que nos precipita sin frenos hacia el final del libro, que se hace corto. Estas dosis de acción no lo hacen un libro carente de cierto rigor científico. Todo lo contrario. Resultan convincentes las razones cienciaficcionales que aporta Finney, ya sea a través de la psicología primero, cuando se resta crédito al fenómeno (se habla de casos documentados de alucinaciones colectivas, de acondicionamiento de la mente) o de la botánica y la biología después, cuando se busca en unas vainas espaciales el origen del apocalipsis replicatorio, remitiéndose a teorías plausibles y aceptadas (en aquellos momentos al menos) sobre el propio origen de la vida en la Tierra. El único “pero”, estaría en el desenlace. Allí donde precisamente sobresalían más las versiones cinematográficas (sobre todo la de 1978, con aquel aterrador grito final de Donald Sutherland) es donde a mi parecer la pifia la novela: el final es abrupto y precipitado, indigno del resto de la obra. Sintiéndolo mucho, eso es lo que le ha hecho perder la quinta estrella…

Pero a pesar de ello, la obra merece la pena y se merece todos y cada uno de los elogios que le ha dedicado Stephen King, el cual considera que sentó las bases para la moderna novela de terror. Sus bases, vamos. Para entender mejor la potencia de este mensaje subyacente a los hechos, sin embargo, hay que contextualizarla. Publicada en 1955, la obra está íntimamente ligada a la persecución que aquellos años se llevó a cabo en Estados Unidos contra todo aquel que era susceptible de ser comunista. Es lo que se conoció como maccarthismo (en triste honor al senador McCarthy) o caza de brujas y que degeneró en una larga serie de denuncias, procesos irregulares y listas negras. La paranoia llevó a Arthur Miller a escribir su obra de teatro Las brujas de Salem (1953), denunciando el despropósito. Dos años más tarde, aparecía nuestra novela.

Las noticias corren de boca en boca, al principio de manera subreptícia, secreta. Se susurran, se comentan, al igual que en Mattoon; alguien cree que su marido, su hermana, tía o tío, es en realidad un impostor apenas distinguible del original; quien no va a sentirse extrañado y emocionado al escuchar una historia así. Y entonces… sigue sucediendo. Y el mal se propaga, y surge un nuevo caso, o varios, casi cada día. Diablos, la caza de brujas de Salem, los platillos volantes…

A pesar de fragmentos como este, no está claro que la novela sea una crítica a la paranoia del maccarthismo (de hecho algunos la consideran precisamente todo lo contrario) y, en realidad, parece que el autor siempre lo negó, alegando que se trataba únicamente de una obra de ficción. Como si diciendo esto estuviera diciendo que la realidad no ha impregnado desde siempre las obras de ficción. En cualquier caso, resulta una casualidad sospechosa, que cada uno podrá interpretar como quiera, y que no afecta para nada al valor intrínseco de la obra.

Comentar, por último, que la edición de Bibliópolis cuenta con una especie de epílogo literario. Se trata en realidad de un cuento, titulado “Santa Mira revisitada”, en el que el traductor de la novela, Lorenzo Luengo, teje una original historia, partiendo de la misma excusa de Los ladrones de cuerpos, protagonizada nada menos que por el propio Finney y por otros populares escritores del fantástico, como King o Paul Auster. Una curiosidad, pero cuya inclusión como apéndice de la novela es algo cuestionable.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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