EL ASIDUO DE LAS TINIEBLAS (1936) – H. P. Lovecraft

Autor: Howard Phillips Lovecraft
Título: El asiduo de las tinieblas (The Haunter of the Dark)
Editorial: Valdemar
Editor: Juan Antonio Molina Foix
Año: 2007 (1936)
Páginas: 27 [dentro de Narrativa Completa, vol 2, p. 771-798]
ISBN: 9788477025870
Valoración: ★★★★

 

El cuento que reseñamos hoy es el último que escribió H.P. Lovecraft. Según leemos en el inexcusable aparato de notas confeccionado por Molina Foix, y que figura al final de la soberbia edición de su Narrativa completa hecha por Valdemar, la génesis del relato fue una especie de juego entre Lovecraft y un joven escritor llamado Robert Bloch, que acabaría siendo pupilo suyo. Con el tiempo, además, Bloch se convertiría en uno de los miembros más prolíficos del “círculo”, encargado de continuar los mitos (además de destacado guionista para la televisión de series como Star Trek, entre otras). Por lo visto, Bloch dedicó un cuento suyo a Lovecraft y, un tiempo más tarde, en un particular quid pro quo, Lovecraft le dedicó este a él. 

“El Asiduo de las tinieblas” es un digno punto y final a la bibliografía de Lovecraft, aunque la trama de esta historia no se la podamos atribuir entera. Parece que el Abuelo se basó en el relato vampírico del escritor alemán Hanns Heinz Ewers titulado “La araña” (1908) para escribirla. De la “La araña” aprovecha precisamente el tema central, que es de donde surge el título: el hábito de algunas especies de arañas de devorar a sus compañeros sexuales. Además, se trata de un relato escrito también en forma de dietario, como el de Lovecraft. Sobre el Trapezoedro Resplandeciente, que vendría a hacer las funciones de la “llave” de otros relatos, Molina Foix nos da el título de dos obras que han podido ser precedente: “La pirámide resplandeciente” (1923) de Arthur Machen o “Crystal Egg” (1899) de H.G. Wells. Y para acabar con las deudas, mencionar que varios títulos de libros de ocultismo, magia y grimorios que aparecen aquí los tenemos que relacionar otra vez con Robert Bloch, como es el caso del De vermi Mysteriis, y con Madame Blavatsky (pero no el Necronomicón).

“El Asiduo de las tinieblas” comienza, como otros cuentos del Abuelo, con una muerte en extrañas circunstancias. El difunto es Robert Bloch y al parecer lo mató un rayo. Esta es la explicación, al menos, oficial. Ahora bien, su relación con círculos esotéricos y, sobre todo, el hallazgo de su diario, con una serie de escalofriantes entradas donde habla de seres terribles de realidades diferentes a la nuestra, hacen pensar en causas mucho menos naturales. Es a través de lo que el propio difunto escribió en su diario que vamos sabiendo toda la historia de este relato. De este modo, el autor consigue que escuchemos la confesión por boca del propio Bloch de cómo fue él el causante de que entrara en nuestro mundo un mal inenarrable. No es nuevo, Lovecraft ya había usado una estratagema similar en relatos anteriores, como en “El ser del umbral”, pero es innegable que su surtido de recursos narrativos a la hora de decidir el punto de vista de un relato parece inagotable. ¡Un nuevo golpe de genio del autor, éste de hacer resucitar un muerto para que nos explique el cuento!

El diario alude a cierto Asiduo de las tinieblas, que despierta cuando alguien contempla fijamente el Trapezoedro Resplandeciente, y aventura una serie de hipótesis descabelladas sobre los negros abismos del caos de donde procede aquel.

Además, en “El Asiduo de las tinieblas” tenemos que sumar un nuevo lugar de espanto a la particular geografía cthulhiana. En este caso la iglesia abandonada de Federal Hill, otro lugar de arquitectura imposible. De hecho, las notas finales también nos aportan información sobre la fuente de inspiración de este lugar: existió una iglesia construida en 1871 en Federal Hill como la que nos describe Lovecraft en el relato, la de san John y, efectivamente, perdió la aguja durante una violenta tormenta en el verano de 1934. Pero entre la iglesia real y la ficticia hay un mundo, o mil.

En parte alguna pudo encontrar los rincones y detalles que había visto con los prismáticos, de modo que una vez más imaginó que la Federal Hill que él contemplava desde sus ventanas era un mundo de ensueño que nunca será hollado por seres humanos de esta vida.

No podemos descartar que la localización del Mal en una iglesia fuera premeditada, ya que da la impresión de que el autor desea más que en ningún otro relato trastocar la tradicional iconografía religiosa, aquí. El antidiós Azathoth (el Señor de Todas las Cosas) se convierte en una auténtica contrafacción del dios cristiano y los actos impíos que tienen lugar en esta iglesia recuerdan al ritual de la misa. También el dualismo entre la luz (el bien) y la oscuridad (el mal) es usado hábilmente desde el propio título del relato, en un sentido tradicional y nuevo a la vez.

Desde pequeños, en que nuestra madre nos cuenta los típicos cuentos de hadas al acostarnos, sabemos que el mal se oculta en las tinieblas y que únicamente con una oración podemos mantenernos a salvo. Es la manera de mantener a raya el hombre del saco, la que nos cantaban James Hetfield y  Metallica (1), vía Sandman de Neil Gaiman (de quien son fans declarados). Y decir Gaiman es decir Lovecraft, claro.

Y con esto cerramos el círculo, la más perfecta de todas las figuras geométricas, porque no tiene ni principio ni fin. Como el placer de leer a Lovecraft.


Letra de la canción “Enter Sandman” (1991), del grupo Metallica:

Say Your Prayers Little One
Don’t Forget, My Son
To Include Everyone

Tuck You In, Warm Within
Keep You Free From Sin
Till The Sandman He Comes

Sleep With One Eye Open
Gripping Your Pillow Tight

Exit Light
Enter Night
Take My Hand
Off To Never Never Land

Something’s Wrong, Shut The Light
Heavy Thoughts Tonight
And They Aren’t Of Snow White

Dreams Of War, Dreams Of Liars
Dreams Of Dragon’s Fire
And Of Things That Will Bite

————————
Sleep With One Eye Open
Gripping Your Pillow Tight

Exit Light
Enter Night
Take My Hand
Off To Never Never Land

Now I Lay Me Down To Sleep
Pray The Lord My Soul To Keep
If I Die Before I Wake
Pray The Lord My Soul To Take

Hush Little Baby, Don’t Say A Word
And Never Mind That Noise You Heard
It’s Just The Beast Under Your Bed,
In Your Closet, In Your Head

Exit Light
Enter Night
Grain Of Sand

Exit Light
Enter Night
Take My Hand
We’re Off To Never Never Land

Enlace al videoclip oficial aquí.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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