LA PIEL FRÍA (2002) – Albert Sánchez Piñol

Autor: Albert Sánchez Piñol
Título: La piel fría (La pell freda)
Editorial: Edhasa
Any: 2012
Páginas: 283
ISBN: 9788435019606
Valoración: ★★★★

 

Albert Sánchez Piñol, el aclamado autor de La piel fría, representa muy probablemente la mejor muestra de esta nueva generación de escritores catalanes más interesados en hacer literatura -buena literatura, añadimos- que en hacer país. Es decir, más preocupados en la tarea creadora de un buen libro que en convertirse en una pieza más en el engranaje salvífico de la lengua y las esencias patrias. En una entrevista realizada poco después del éxito abrumador de su primera novela, Piñol afirmaba:

Pienso que durante mucho tiempo la literatura catalana ha tenido un déficit: ha querido hacer una literatura muy divina, muy sofisticada, muy complicada.

Josep Pla, en sus Notes disperses (1970), ya había dejado dicho que

La primera obligación del escritor es interesar al pueblo en la literatura y, dentro de la máxima dignidad, hacerla cómoda, fácil, darle el máximo de apetencia.

Piñol seguro que estaría de acuerdo.

Antropólogo de profesión, Sánchez Piñol viajó a finales de los años ’90 dos veces al Congo para trabajar en su tesis doctoral sobre las tribus de pigmeos de aquel país. Obligado a abandonarlo a causa de la guerra civil -y con la tesis a medias- decidió utilizar todo el material que había podido recoger en la redacción de lo que sería su primer libro: Payasos y monstruos (2000), subtitulado “historia tragicómica de 8 dictadores africanos”. Efectivamente, la primera aproximación literaria de Piñol al continente africano fue un ensayo satírico sobre algunas de las principales figuras de la historia de aquel continenteIdi Amin Dada, Bokassa, Banda, Mobutu Sese Seko, Sékou Touré, Haile Selassie, Macías y Obiang -, seres insignificantes y analfabetos que se creyeron dioses y se hicieron tratar como tales: payasos que se otorgaron títulos como “Señor de las bestias” o “Milagro Único”, al tiempo que monstruos por la desmesura de su crueldad.

De la realidad innegable de estos relatos estremecedores, Piñol sacó la inspiración necesaria para gestar su obra posterior, La piel fría, obra de gran madurez literaria y de profunda carga simbólica que algunos no han dudado en poner en relación a nombres tan ilustres como Joseph Conrad, Robert Louis Stevenson o H.P. Lovecraft. Podría parecer una desmesura, pero no lo es. Piñol y su primera novela representan una de las metas más elevadas de la literatura de ficción/terror en catalán de los últimos 50 años. Un clásico o en vías de serlo.

La piel fría es una novela circular de trama aparentemente sencilla: dos hombres encerrados en el faro de una isla abandonada se defienden, día y noche, del asedio a que los someten unas extrañas criaturas submarinas, los citauca. La complejidad, sin embargo, radica en el proceso mental de los dos personajes protagonistas, y su manera de afrontar la situación en la que están inmersos. Escribe Sánchez Piñol:

Procuré que todos los elementos del conflicto fueran suficientemente simbólicos para que pudiera referirse a todos los conflictos.

En primer lugar, asistimos al conflicto exterior entre los hombres y los citauca; en un segundo momento, tiene lugar el conflicto entre los dos hombres, entre los dos teóricos aliados; y en último lugar, estalla el conflicto interno dentro de cada uno de los personajes, el más sugerentes de los tres niveles de análisis, sin duda.

Piñol, en algunos fragmentos, parece encontrar la inspiración para su novela en El corazón de las tinieblas de Conrad, al indagar acerca de la condición humana y el comportamiento moral del individuo cuando se le somete a situaciones límite. El miedo mueve el mundo de la novela -en El corazón de las tinieblas este lugar era ocupado por el terror- y Batís Caffó -auténtico juego de palabras a partir de “batiscafo”-, verdadero instrumento de este miedo, puede ser visto como otra de las poliédricas caras del mítico Kurtz de Joseph Conrad, evocación de la locura y la derrota del hombre civilizado ante el instinto básico de la supervivencia.

De manera muy simbólica, pues, La piel fría habla de la guerra y de las relaciones con el otro. Aquel otro que en las guerras se tiende a bestializar, a inhumanitzar, porque de esta manera es más sencillo aniquilarlo. Ya lo probaron eficazmente los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Primo Levi en su impresionante Si esto es un hombre (1958) dejó grabadas con letras de sangre estas palabras:

Los personajes de estas páginas no son hombres. Su humanidad está enterrada, o ellos la han enterrado, bajo la ofensa sufrida o infligida a los otros.

La lección a aprender en La piel fría -si es que podemos hablar en estos términos- es también ésta: en el horror de la guerra, tanto las víctimas como los verdugos pierden al fin su condición humana. En nuestra novela, cada episodio violento que presenciamos nos lleva a cuestionarnos el mundo entendido como un enfrentamiento entre buenos y malos.

Que los individuos puedan ser mejores o peores por naturaleza es totalmente irrelevante

Sin duda, un ataque frontal a las teorías de Rousseau. La cuestión de fondo es si las sociedades que forman los individuos pueden ser buenas y, por lo que vemos en la convivencia entre los dos protagonistas, la respuesta es poco esperanzadora.

Los hombres tendemos a perdernos en inútiles juicios morales sobre las cosas -tendemos a crear enemigos y monstruos donde no los hay- en vez de maravillarnos por la existencia del otro. En vez de buscar nuestra condición humana en el otro. El enemigo no es nunca una bestia y son pocas las veces que realmente se lucha por lo que se dice que se lucha.

La isla es la metáfora de la patria.

¿Y qué mejor patria que el otro? “Je est l’autre” dijo Rimbaud.


Publicado originalmente en la revista Míra’m en diciembre de 2006 en la sección Històries del guardià de la cripta.
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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