EL SER DEL UMBRAL (1937) – H. P. Lovecraft

Autor: H: P. Lovecraft
Título: El ser del umbral (The Thing on the Doorstep)
Editorial: Valdemar
Editor: Juan Antonio Molina Foix
Año: 2007 (1937)
Páginas: 31 [dentro Narrativa Completa, vol 2, p. 651-682]
ISBN: 9788477025870
Valoración: ★★★★★

 

Seguimos con las lecturas de la Narrativa Completa de Lovecraft. Sinceramente, este relato de hoy no me despertaba mucho interés, a priori. Así como otros títulos me eran conocidos y los afrontaba con una especial ilusión, “El ser del umbral” era un auténtico desconocido para mí y la premisa de partida me ha recordado inmediatamente otros relatos del maestro (por ejemplo “El caso de Charles Dexter Ward”), por lo que no esperaba gran cosa. Craso error; de Lovecraft tienes que esperar siempre lo inesperado. Es así como, al final de todo, he de confesar que este relato corto (apenas treinta páginas) me ha entusiasmado muchísimo y casi diría que ha sido uno de los que más he disfrutado de todos los que he leído hasta ahora. Lovecraft no para de deparar sorpresas, terriblemente agradables la mayoría.

En este caso, la historia nos es contada al revés, desde el final y cuando ya sabemos el desenlace. La originalidad radica, como en otras ocasiones, al hacer interesante conocer los motivos que llevan al protagonista a cometer el crimen que confiesa que ha perpetrado sólo empezar:

Es verdad que le he descargado seis tiros en la cabeza a mi mejor amigo.

Grandísimo comienzo, pero terriblemente exigente a la vez. La víctima es Edward Derby, un extraño nigromante casado ya mayor con una mujer tan bella como misteriosa, Asenath. El narrador se dedicará a desgranar la personalidad de Edward y a explicarnos los motivos de su boda y su paulatina degradación física y psicológica. De hecho, sin embargo, será ella la auténtica protagonista activa del relato. Por primera vez en Lovecraft, el protagonismo recae en un personaje femenino. Y eso no puede pasar desapercibido. La inexcusable biografía de S.T. Joshi nos hacía saber de la peculiar relación que Lovecraft tuvo con su madre y sus tías, rayando casi en lo patológico. Algunos aspectos concretos de esta relación los encontramos literaturitzados en este relato de forma bastante indisimulada (precisamente en este aspecto profundiza Jesús Cañadas en Los nombres muertos, hasta convertirlo en motor de su novela).

De hecho, el elemento femenino resulta uno de los temas más extraños de su vida y a menudo se ha hablado de su miedo a las mujeres y su misoginia. Sherlock Holmes en la ficción también tubo que enfrentarse a acusaciones similares y se vio en la obligación de reconsiderar sus opiniones sobre el bello sexo, hasta el punto de que uno de sus enemigos más astutos (y uno de los pocos que lo vencen) es nada menos que una mujer, Irene Adler. El eterno masculino, en este caso, no llevará la voz cantante y parece haber incluso alguna sutil ironía a propósito de las sociedades patriarcales y en la propensión a desear hijos en vez de hijas.

“El ser del umbral” se engloba en los denominados mitos de Cthulhu, pero a su particular manera también nos aproxima a un peculiar caso de “vampirización”, en el que una hermosa bruja acaba dominando a través de un interesantísimo mecanismo de hipnosis y sustitución del propio cuerpo a su marido, el desgraciado Edward Derby. Únicamente su mejor amigo y relator de la historia (siempre es un acierto el uso de esta primera persona dramática) se da cuenta de la despersonalización de Edward, a quien la gente toma por loco y termina confinando en un sanatorio. Este hecho innovador, sin embargo, no nos aleja de los ambientes archiconocidos de Arkham y el Miskatonic. Es en la Universidad de Miskatonic donde se gradúa Edward y es allí donde entra en contacto con ese libro maldito, el Necronomicón.

Indiscutiblemente, este talante es lo que lo convierte en una víctima propicia para Asenath Waite, de Innsmouth. Innsmouth es el pueblo donde se ubicará uno de los relatos más célebres de los denominados mitos de Cthulhu y se le relaciona en el imaginario lovecraftiano con hechos terribles y personajes estrambóticos. Azathoth, los shoggots, Shub-Niggurath… el panteón de horrores cósmico habitual desfila por este relato para hacer las delicias de los fans del maestro.

Hay horrores más allá del límite de la vida que ni siquiera sospechamos, y a veces el hombre los introduce en nuestra esfera con su maligna curiosidad.

El acto final, resulta sencillamente estremecedor: después de tantos relatos y tantas sorpresas, el maestro es capaz de dar la vuelta a sus propios mecanismos narrativos para ofrecernos un relato intenso y de una complejidad prodigiosa (quizás el más complejo de todos) que se resuelve con un giro digno de un ilusionista. Del mejor de los magos. Según explica Molina Foix, Lovecraft sufrió durante mucho tiempo una cierta inseguridad literaria, ya que su trabajo le parecía ser impersonal y recordar excesivamente el de sus admirados Arthur Machen o Edgar Allan Poe. De hecho, en el relato aparece una especie de autocrítica bien explícita en este sentido, cuando se tacha el talento poético de Edward como de “poesco”. Es indudable que en algunos puntos este relato los recuerda. Pero este cuento es la muestra del talento original e inagotable del Abuelo. Sólo una cosa puede sorprender aún más que la capacidad imaginativa de Lovecraft: saber que escribió esta maravilla en únicamente tres días.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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