EXTRAÑOS EONES (2014) – Emilio Bueso

Autor: Emilio Bueso
Título: Extraños eones
Editorial: Valdemar
Año: 2014
Páginas: 288
ISBN: 97884-7702-769-0
Valoración: ★★★★

 

Hacía tiempo que quería leer algo de Emilio Bueso. Fue, sin embargo, esta aproximación a los mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft que hoy reseño la que me hizo decidir. Y no únicamente porque aquí uno se declare amante incondicional del maestro de Providence (no soy nada original), sino porque algunas de las cosas que se habían dicho de este libro y de su autor no me dejaron indiferente. No se puede leer que tal o cual autor es el renovador de todo un género o que una novela es la aportación más inteligente a la mitología lovecraftiana de las últimas décadas sin al menos arquear una ceja. Pues bien, ya puedo decir que todos los elogios me parecen merecidos. Extraños eones es una maravilla, que gustará no sólo a fans de la novela de género, sino a todos los lectores que busquen un libro bien escrito.

La obra se estructura en distintas partes, de extensión desigual, separadas por citas, que van desde Lovecraft a Marilyn Manson. Toda una manifestación de intenciones. Las influencias de Bueso son heterogéneas, como las de la mayoría de escritores de hoy. La joven generación de autores de este principio de siglo bebe tanto o más del cine y la televisión que de la antigua literatura. Son los signos de los tiempos. Si en Los nombres muertos (2013) de Jesús Cañadas (la otra reciente aportación española a los mitos) ya hicimos notar que el regusto a las aventuras de Indiana Jones era palpable, aquí no podemos resistirnos a destacar, precisamente también, esta misma influencia. ¿Los Goonies, han dicho algunos? Personalmente, creo que las aventuras en pirámides subterráneas (todo con mucho polvo) y el secuestro de cientos, miles, de niños, trasladará cualquier buen aficionado al héroe del látigo al Templo maldito, mucho más que a los muelles de Goon, pero lo que digo: esto es cosa mía personal.

El libro tiene tres actos o escenarios diferentes, como en el teatro. El primero es el Cairo. Una megalópolis de 22 millones de habitantes con medio millón de niños de la calle. Muchos de los cuales sobreviven como pueden en El’Arafa, un cementerio donde vive gente entre las tumbas. Y esto, de momento, no es ficción, aunque lo pueda parecer. En este escenario conoceremos los niños protagonistas de la historia y la historia particular e íntima de cada uno, lo que les ha llevado a ser unos parias y a vivir en ese culo de mundo. En su ignorancia, se cuestionan (y nos cuestionan de paso) un mundo que les ha condenado sin razón a una vida de miseria, robos, prostitución y esnifar pegamento. A una vida de mierda, literalmente. El turista occidental es caricaturizado. Representa lo peor de este mundo, porque vive de espaldas al sufrimiento de los demás.

Somos una generación que pasa el relevo a otra miserable, desahuciada. No pudimos pagar a los encantadores de serpientes y eso va a convertir el mundo en un cementerio africano habitado por fantasmas de personas. Hemos levantado unas ciudades monstruosas y crueles donde se han terminado los horizontes y se acaban las condiciones, donde nuestros hijos crecerán narcotizados y pasando penurias para sobrevivir, hasta que el caos y la alienación arrasen con ellos. Hemos heredado una tumba, però en ella ya viven desheredados.

Hay mucha crítica social en la literatura de Emilio Bueso, que ha entendido perfectamente que escribir literatura fantástica no es desligarse de las cosas que pasan en el mundo, sino explicarlas de otra manera. De hecho, en medio del realismo duro que nos plantea Bueso podemos pensar que el elemento fantástico pueda chirriar, pero no es así. Cuando se introduce, lo hace con la delicada verosimilitud de los relatos de Borges y Cortázar. No lo es, pero el giro copernicano lo acerca al realismo mágico de estos autores, o a lo que Alejo Carpentier llamaba “real maravilloso”.

La obra va introduciendo el elemento cienciaficcional progresivamente, sin prisas. Este elemento maravilloso viene dado por los tres individuos estrambóticos que entran en el panteón nubio de delante de la casa de los chicos. Son una especie de metáfora del hombre del saco, aquel ser de los terrores nocturnos de los niños que viene a llevárselos. En este caso, en que los protagonistas viven una pesadilla cada día, este peligro es muy real.

El segundo escenario es Barcelona. En este caso los protagonistas son una pareja, Estrella y David. Del terror y la crítica social pasamos a una historia de raíz detectivesca, que al inicio puede deshinchar el globo un tanto, pero que poco a poco va conectando con lo anterior. A los que conozcan la obra de Lovecraft y en especial los mitos de Cthulhu, habrá algunas referencias escondidas en el texto que seguro que no les pasarán por alto. La llave que hereda David, por ejemplo, la que abre el panteón nubio de un cementerio de El Cairo, recuerda muy mucho la llave a que se refieren varios relatos del Abuelo, como “A través de las puertas de la llave de plata” o el popular “El horror de Dunwich”.

Ni aquí ni allí es una llave literal, sino un pasaporte al horror. Una referencia a Yog-Sothoth, uno de los monstruos del panteón lovecraftiano, que debe abrir la puerta entre nuestro mundo y el de las potencias primigenias para preparar su retorno. Para los no iniciados en los mitos, dos nombres que hay que conocer sí o sí, porque salen en esta novela. En primer lugar, Nyarlathotep, el terror reptante. Aparece por primera vez en el cuento del mismo nombre, y Lovecraft lo caracteriza como un hombre alto y oscuro, que parece un faraón egipcio. Se trata de una deidad de forma cambiante. Es el emisario de los Otros Dioses y el sirviente de Azathoth. Precisamente Azathoth es el otro de los nombres que hay que retener. Azathoth tiene un papel fundamental en el imaginario de Lovecraft ya que es el supremo Dios Exterior, el primer motor del caos. Es un ser imposible ligado a la locura y a la música. De hecho, Lovecraft nos dice que a su alrededor siempre suenan flautas, tambores y otros instrumentos malditos. Ahora sí, el lector poco avezado a los secretos lovecraftianos podrá comprender lo que se esconde tras esos extraños y maravillosos hombres-polilla y su música hipnótica. ¿Que os recuerda la historia del flautista de Hamelin, decís? Quizás os llevéis una sorpresa si leéis esta novela…

El tercer escenario es el Sudán, el gran sur. El Cairo es el país de los turistas y no queda un palmo de terreno por explorar. Bueso necesitaba algún lugar virgen donde pudiera esconderse lo ignoto. Como en aquellos mapas antiguos de los exploradores donde había grandes extensiones de terreno en blanco porque nunca nadie había puesto los pies ahí. En ese lugar todo era posible. Hoy en día, con tanto GPS y satélite espía, encontrar un palmo de terreno inexplorado es una tarea harto difícil. Bueso ha decidido que su tierra ignota será en el Sudán, uno de los lugares más peligrosos del mundo. Allí es ninguna parte. Allí puede vivir el horror. Y al horror, nos enseña Bueso, se puede llegar en coche. Genial.

El libro se lee de una tacada. Se devora. Bueso tiene un dominio prodigioso de las palabras que le permite dotar el contenido de un estilo particular, duro, al tiempo que lleno de ironía y mala leche. En cierta forma, puede recordar la pluma de uno de los grandes de las letras españolas, Pérez-Reverte. Perdón: quería decir de otro de los grandes.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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