EL HORROR DE DUNWICH (1929) – H. P. Lovecraft

Autor: H: P. Lovecraft
Título: El horror de Dunwich (The Dunwich Horror)
Editorial: Valdemar
Editor: Juan Antonio Molina Foix
Año: 2007 (1929)
Páginas: 53 [dentro Narrativa Completa, vol 2, p. 237-290]
ISBN: 9788477025870
Valoración: ★★★★★

 

Hoy toca reseñar uno de los relatos más populares de Lovecraft. Varias versiones cinematográficas e incluso un texto teatral dan fe de ello. “El horror de Dunwich” es otro de aquellos relatos del Abuelo ambientados en un lugar de espanto, conocido con el nombre de Dunwich, cerca del río Miskatonic. La caracterización de los habitantes de esta zona ficticia de Nueva Inglaterra bascula entre grotesca y cómica. Se trata de una comunidad atrasada, que practica la endogamia y que se ha ido degradando a lo largo del tiempo. El elemento anacrónico es lo que posibilita el horror del título. En esta Dunwich de costumbres atávicas, pueden aparecer de forma verosímil referencias a los indios americanos y a la brujería.

En relación a esto, destacar la lengua de los habitantes de esta zona, pretendidamente campesina y rural. En nota, Molina Foix nos cuenta que el original está escrito de acuerdo con el dialecto rústico de Nueva Inglaterra, que Lovecraft volvería a usar en “La sombra sobre Insmouth, pero que a la hora de hacer el traslado al castellano, han optado por una habla inventada que no tiene equivalencia a ningún dialecto existente. Quizá por eso algunas soluciones sean cuestionables y puedan causa cierta sorpresa (aparte de dificultar la lectura de los fragmentos más extensos) en los lectores. Personalmente, hubiera preferido otra solución, tal como tomar de modelo alguna habla rústica hispánica real, como hizo el autor en el inglés original.

El relato se refiere desde el comienzo a unos hechos espantosos ocurridos en Dunwich en una fecha muy concreta, entre agosto y el equinoccio de 1928. Pero la historia comienza mucho antes, con el nacimiento del protagonista, Wilbur Whateley, de tal forma que el clímax se va postergando y nosotros vamos aumentando nuestro deseo para saber en qué consiste a medida que leemos. Es una técnica hábil y efectiva para mantener la tensión y el interés por el relato. Wilbur es un niño extraño. Ya su propio nacimiento fue poco convencional y su crecimiento es sobrenatural. Tiene una inteligencia prodigiosa, pero su apariencia es desagradable y sus maneras no son muy diferentes a las de sus vecinos. Uno de los estigmas de Wilbur en esta sociedad tan retrógrada es precisamente su origen oscuro: no se sabe quién es su padre. Sí que es popular, en cambio, su abuelo, un conocido brujo al que se vio una noche invocando en unas ruinas megalíticas unas fuerzas oscuras.

No. En este relato no aparece Cthulhu, sino su pariente Yog-Sothoth. De hecho, no es la primera vez que se menciona en un relato de Lovecraft. Ya había aparecido en “El caso de Charles Dexter Ward”. Se trata de otro de los arcanos de formas imposibles que caracterizan el panteón de los horrores lovecraftianos. Su apodo es “La clave y la puerta” o “lo oculto”, y su función es la de ser literalmente la llave que permitirá la entrada en nuestro mundo de los Ancianos, las criaturas transdimensionals que reclaman volver a su hogar después de eones de exilio de la Tierra.

Los Antiguos estuvieron, los Antiguos están y los Antiguos estarán. No en los espacios que conocemos, sino entre ellos. Se pasean serenos y primordiales, sin dimensiones e invisibles para nosotros. Yog-Sothoth conoce la puerta. Yog-Sothoth es la puerta. Yog-Sothoth es la llave y el guardián de la puerta. Pasado, presente y futuro, todo es uno en Yog-Sothoth.

Otra referencia intertextual la encontramos en la mención al libro Necronomicón. Seguramente este grimorio fantástico obra del árabe loco Al Hazred sea uno de los inventos más populares de Lovecraft. El autor, sin embargo, no escribió nunca un libro llamado Necronomicón (la edición existente es de George Hay, uno de los continuadores de los mitos). En su famosa “Historia del Necronomicón” Lovecraft se limita a seguir el supuesto itinerario cronológico, pero no cita ninguna parte del texto. A lo largo de toda su obra únicamente aporta fragmentos de este grimorio en tres ocasiones. Este relato es una de ellas. Las otras dos son “El ceremonial” y “A través de las puertas de la llave de plata”.

En relación a esto, una puntualización: seguro que a los que hayan leído Los nombres muertos (2013), la recomendable novela lovecraftiana del español Jesús Cañadas, les habrá resultado familiar el personaje de Armitatge y la escena que tiene lugar en la biblioteca de Arkham, donde el protagonista consulta un ejemplar del Necronomicón. Si no, ya están tardando en leerla.

El final, como suele ser habitual en esta última (y mejor) etapa de Lovecraft, es sorprendente. Como en otros relatos anteriores pertenecientes a los mitos, la intención de los Whateley es provocar el retorno de los Antiguos a la Tierra y, en consecuencia, precipitar la extinción de la raza humana. La mezcla entre la ficción fantasiosa de los monstruos de Cthulhu y los libros y conocimientos científicos reales se dan la mano para tejer una mentira verosímil, en la que el lector no hace falta que se esfuerce demasiado para poder empezar a comulgar. Y a temblar.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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