CHOQUE DE REYES (1998) – George R. R. Martin

Autor: George R. R. Martin
Título: Choque de reyes (A Clash of Kings)
Editorial: Gigamesh
Año: 2003 (1998)
Páginas: 928
ISBN: 9788496208971
Valoración: ★★★★★

 

Un cometa rojo cruzando el cielo. Así empieza esta segunda parte de la saga Canción de hielo y fuego. El libro arranca donde lo dejó la primera parte, Juego de tronos (1996): justo después de la muerte (casi) accidental del rey Robert Baratheon y de la ejecución de Eddard Stark, su leal consejero y amigo, a manos del nuevo rey en el trono de hierro, el pérfido Joffrey (hijo de Robert y su mujer, Cersei, de la casa Lannister). Poniente, sin embargo, se desangra en incontables guerras, fragmentado entre los defensores de la causa de los hermanos del rey Robert (Stanis por un lado y Renley por otro) y, en Invernalia, con el hijo de Ned, Robb Stark, erigido en el nuevo Rey del Norte. Un auténtico juego de tronos. Las piezas sobre el tablero prometían una segunda partida apasionante y George R. R. Martin no decepcionó a los aficionados de la saga en esta continuación.

En Choque de reyes Martin sigue la estructura narrativa que ya había iniciado en el volumen anterior. Así, la novela está formada de nuevo por capítulos bastante breves encabezados cada uno por el nombre del personaje que lo protagoniza, y que focaliza nuestra atención. Se trata de un recurso exigente para el autor, que debe fragmentar la acción en múltiples puntos de vista, pero a la vez resulta de un efectismo innegable. Los continuos cliffhangers con que termina cada capítulo son la garantía de que el lector seguirá leyendo, a la espera de una resolución. Pocos libros de esta extensión son tan agradecidos de leer como este y buena parte del mérito es de esta técnica.

La familia Stark está llamada a ser la protagonista positiva de la saga. Ya vimos en la primera parte como lord Eddard llevaba su integridad hasta las últimas consecuencias. En Choque de reyes esto sigue igual. Se nota en la cantidad de capítulos dedicados a los diversos miembros de esta casa, ahora esparcidos por todo Poniente. Por un lado tenemos a Sansa, la prometida del rey Joffrey. En la primera parte era una chica ingenua hasta la exasperación, capaz de traicionar a los suyos por el glamour de la vida en la corte. En esta segunda parte, Sansa sufre de la primera a la última página, pero en este dolor aprende a sobrevivir. No muy diferente es el papel que desempeña Arya, viajando oculta hacia Invernalia en una particular odisea repleta de obstáculos, que la harán madurar mucho más deprisa de lo que le correspondería. Pero si alguien se ha visto obligado a crecer más rápido que nadie ha sido Robb, el hijo mayor de Eddard, que se ha convertido en el señor de Invernalia y ha aglutinado los norteños en una liga para vengar la muerte de su padre. Su marcha hacia el sur ocasiona que Bran, postrado debido a su invalidez, deba permanecer como señor (simbólico) de Invernalia.

En otro frente, Jon Nieve vive al margen de las guerras de los reyes, en el Muro, esa especie de Marca que separa el mundo de los hombres de la tierra ignota. En el norte sólo hay frío y todo lo que viene de aquel frío es peligroso. “Se acerca el invierno”, recuerda el lema de los Stark como un mantra. Nieve es un bastardo, pero por su sangre corre también la sangre de los Stark y se nota en su altura moral. De hecho, como en la primera parte, Martin da la impresión de que es en este tipo de personajes que se gusta más. Es otorgando dignidad a los indignos que se encuentra más a gusto. En Juego de tronos se hablaba poco de los salvajes y de aquellos seres espectrales del otro lado del Muro. Aquí, se extenderá un poco más. Los lobos huargo, el símbolo de la casa Stark, continuarán teniendo un protagonismo simbólico, en clara analogía a los cachorros de Ned. Y Catelyn, que no puede detenerse ni siquiera a llorar por la muerte de su marido, hace el papel de madre preocupada por la camada, pero siempre digna y fuerte, como le corresponde.

Martin no se detiene en sentimentalismos gratuitos, pero consigue transmitir el sufrimiento de las madres (y en general de todos los personajes femeninos) como pocos autores. De lady Catelyn, pero también de la cruel reina Cersei, en el fondo otra madre sufridora. En este caso, sin embargo, el sufrimiento la lleva a hacer sufrir a los demás. Martin otorga a los Lannsiter (a Tywin y a sus hijos gemelos Cersei y Jaime), el papel de antagonistas. De antihéroes. Jaime, prisionero de Robb, tiene un papel testimonial en este volumen, pero Cersei es una pieza central. Los rumores sobre la relación incestuosa de ellos dos prosiguen en esta segunda parte y se convierten en el arma propagandística de aquellos que son contrarios al rey Joffrey. En este punto, la búsqueda de los bastardos de Robert confiere un giro inesperado a la novela, que por unos momentos nos acerca a la historia de detectives. Quien desentona entre los Lannister, en muchos sentidos, es el tercer hijo de Tywin, Tyrion, el Gnomo. Se trata de una especie de monstruo de Frankenstein, incomprendido y repudiado por todos debido a su apariencia. En Canción de hielo y fuego, sin embargo, es arriesgado mostrar preferencias por un personaje. Los claroscuros son una constante en la obra y no hay buenos muy buenos ni malos muy malos. Y nada dura mucho tiempo.

Soy un hombre –dijo-. Trato bien a mi esposa, pero he conocido a otras mujeres. He intentado ser buen padre para mis hijos, ayudarlos a encontrar su lugar en este mundo. Sí, he violado leyes, pero hasta esta noche nunca me había sentido malvado. Diría que soy una mezcla, mi señora. De bien y de mal.

A los viejos conocidos se añaden otros nuevos, o que habían tenido poco protagonismo en la anterior entrega. Así pues, conoceremos mucho más a los hermanos de Robert, enfrentados por la corona. Por un lado Renley, que parece tener todas las virtudes de un gran rey, excepto la legitimidad. Por otra Stannis, un rey justo pero nada querido por sus súbditos. En relación a Stannis, el autor nos introduce en uno de los que parece que serán los hilos argumentales de las próximas entregas: la magia. Por influencia de su esposa, Stannis ha sucumbido a la religión del Señor de la Luz, una deidad de las tierras de más allá del mar Angosto. La sacerdotisa Melisandre, un personaje cautivador y repugnante al mismo tiempo, parece que ha vampirizado la voluntad del rey. Ella conseguirá retorcer la entereza moral de Stannis por una victoria.

Si Jon vive al margen de las guerras intestinas de Poniente, también Daenerys Targaryen, la heredera legítima al trono, hace vida aparte, en su exilio en ultramar. La Madre de dragones se erige a cada nuevo capítulo en toda una self-made-queen, debiendo pasar penalidad tras penalidad para conseguir encontrar la manera de volver a Poniente y reclamar lo que le pertenece. Tras la muerte de Drogo todo se ha vuelto muy difícil y tiene pocos fieles. Algunos dothraki y ser Jorah Mormont, que hace el papel de triste enamorado. Cuenta, sin embargo, con tres prodigios nacidos del fuego: los únicos tres dragones vivos que hay en el mundo, que poco a poco van creciendo. También ella deberá enfrentarse a la magia en la Casa de los Eternos. De hecho, Choque de reyes es mucho más mística que la primera parte. Se nos habla mucho más de las religiones y tiene mayor protagonismo la magia, incluso en la espectacular batalla final en Desembarco del Rey (o en las visiones de lobo que tiene Bran, y que le abren interesantes caminos que no creía que existieran: los sueños verdes).

La magia había comenzado a desaparecer del mundo el día en que murió el último dragón.

Theon Greyjoy y Hediondo, Davos “el caballero de la cebolla”, Brienne de Tarth, el Perro, Petyr Baelish y Varys… Choque de reyes confirma lo que ya apuntaba Juego de tronos: que estamos ante una extraordinaria novela río que a medida que pasan los años y se va agrandando con nuevas aportaciones va convirtiéndose no ya en una obra coral, sino en una auténtica polifonía de voces. Es cierto que el estilo no es una de las preocupaciones del autor, que lo prefiere directo y sin florituras, pero la estructura sintética de los capítulos y el ritmo trepidante de la acción hacen de esta saga una obra monumental que todos los amantes de la fantasía épica deben conocer. Nada que ver con las aventuras trilladas de otros autores. Martin refunda el género con una fuerza devastadora. Sobre los fundamentos de la Tierra Media del maestro Tolkien, Martin construye un Poniente hecho a sangre y hierro, mucho más acorde al talante del siglo XXI.

Y al fin, una promesa y un anhelo: en la tercera entrega, Tormenta de espadas (2000), más y mejor.


Juego de tronos ★★★★★
Choque de reyes ★★★★★
Tormenta de espadas ★★★★★
Festín de cuervos ★★★★
Danza de dragones ★★★★★
Vientos de invierno 
A Dream of Spring
Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

dgenis has 206 posts and counting.See all posts by dgenis

Deja un comentario