LA CARRETERA (2006) – Cormac McCarthy

Autor: Cormac McCarthy
Título: La carretera (The Road)
Editorial: DeBolsillo
Año: 2009 (2006)
Páginas: 216
ISBN: 9788483468685
Valoración: ★★★★★

 

Esta será una reseña tramposa. Normalmente, cuando escribo una, intento ser lo más objetivo posible, tratando de desaparecer detrás de lo que escribo. Esta vez, sin embargo, no será así. Y es que La carretera, del grande-muy-grande Cormac McCarthy no es para mí un libro cualquiera. Si ha habido un libro, a lo largo de mi biografía lectora, que me ha marcado más y durante más tiempo, ha sido indudablemente éste. Aparte, he de reconocer que posiblemente ha sido esta novela, uno de los ejemplos menos convencionales de literatura de género de los últimos años, la que me enganchó definitivamente a la ciencia ficción.

La carretera es una contribución atípica al género fantástico de un autor más dado al realismo salvaje del oeste americano que a la especulación futurista. Y sin embargo, el libro mantiene inalterado su estilo característico, que casa maravillosamente bien con este mundo desolado, física y moralmente, que imagina el autor. Los asiduos a McCarthy reencontrarán algunas de sus constantes. En primer lugar, hay que decir que se trata de una novela mínima, con diálogos brevísimos pero punzantes, protagonizada únicamente por dos personajes, un padre y su hijo (que no tienen nombres). El libro es el viaje de los protagonistas por la carretera interestatal hacia el sur, en busca de una arcadia donde la vida sea posible, después de un indeterminado cataclismo que ha devastado la Tierra.

Negras noches más allá de la oscuridad y cada día más gris que el anterior. Como el principio de un frío glaucoma que empaña el mundo.

No son los únicos supervivientes, pero en este nuevo mundo surgido de la destrucción del viejo la mayoría de los humanos han retrocedido a un estado de salvajismo aterrador (como aterradoras son las descripciones, muy gráficas, de canibalismo), por lo que podemos pensar que ellos dos (y pocos más) son en realidad los últimos hombres sobre la tierra. Los que llevan el fuego. John Wyndham en El día de los trífidos (1951) ya nos planteaba una situación similar (en nuestro país, Pedrolo se basaría en él para su popular Mecanoscrito del segundo origen, en la misma línea), pero la deuda más evidente seguramente sea con la mítica Soy leyenda (1954), de Richard Matheson. Pero sólo en el punto de partida.

Una vez establecido el referente ciencificcional, La carretera va por libre, deviniendo en sí misma un género. La obra aborda, como es costumbre en McCarthy, los grandes temas del existencialismo (la vida, la muerte, la trascendencia) a partir de una hecho radical, en este caso el fin del mundo. Pero sin pedantería. Es un acierto la focalización del punto de vista narrativo del relato en el niño. Con su ingenuidad, el niño representa la última rendija de bondad en el mundo. La última esperanza de redención del hombre. Por eso debe vivir a cualquier precio. Su padre actúa, pues, con su sacrificio, como salvador de su hijo y del futuro. De aquí sus palabras:

Si él no es la palabra de Dios, Dios no ha hablado nunca.

Otro de los temas interesantes es el del suicidio. Tema tabú, pero que ya tocaría ese mismo año de manera mucho más profunda en la magistral El Sunset Limited (2006). La figura de la madre, ausente, sólo evocada, resulta brevísima, pero sobrecogedora. En varios fragmentos de la obra, su simple recuerdo sirve para canalizar toda la emoción del padre y del hijo. Tan poco y tan bien dicho. En este mundo futuro, no todo el mundo es capaz de sobrevivir sin esperanza y encontrar sentido a seguir sufriendo. ¿Luchar, para qué si no puede haber ninguna victoria? La muerte garantiza dejar de sufrir. McCarthy no hace lecturas fáciles, paternalistas o pseudoreligiosas. Sencillamente se limita a exponer unos hechos.

La única esperanza que me queda es el vacío eterno y lo deseo con todo mi corazón.

La idea de un dios salvador y de otra vida sin sufrimiento no suelen aparecer en el autor. Su prosa seca nos lleva a interrogarnos sólo por lo que hay ahora y aquí. Y en el mundo de McCarthy no hay dios en ninguna parte. Es una ausencia, un gran vacío. Por todo ello, hay que advertir que este no es un libro para todos los públicos ni para todos los estómagos. McCarthy tiene la rara habilidad de tocar cuerdas dentro de nosotros que a veces ni siquiera sabíamos que estaban. Partiendo de un tema tan trillado como el del viaje, teje una alegoría sobre el sentido de la vida y la soledad del hombre en el mundo estremecedora, brutal. Demasiado humana, a veces.

Debes continuar. Nunca sabes qué puedes encontrar más adelante en la carretera.

Resulta arriesgado hablar de un mensaje de esperanza, en McCarthy, pero en cualquier caso el final abierto parece invitarnos a terminarlo de escribir nosotros, con nuestros actos particulares. El futuro es una carretera que hay que recorrer. Que hay que ganar día a día. No puedo evitar pensar, siempre que llego aquí, en aquellas “Palabras para Julia” del también grande-muy-grande José Agustín Goytisolo (que acabó suicidándose). La vida, el viaje, el camino. La carretera.


No suelo prestar libros. Menos aún libros que me han gustado. Menos aún libros como éste. Me gusta subrayar y a veces anotar cosas en los márgenes. Y si los releo vuelvo a subrayar. Ahora bien, recuerdo hace ya unos años, en un viaje con mis alumnos de 4º de ESO a Túnez (país fantástico), que yo lo estaba releyendo por tercera vez y una alumna, a quien sabía que gustaba la lectura, al verme tan interesado, me lo pidió. Contraviniendo mi primera directriz se lo dejé. Eran 5 días de viaje, tendría mi ejemplar controlado. Desgraciadamente, las distracciones fueron tantas (inolvidables las localizaciones de Tatouine y Matmata, donde se había rodado Star Wars) que no lo pudo terminar y me pidió que se le dejara llevar a casa. Observé el libro y vi que a mis subrayados ella había añadido los suyos, y le dije que adelante. Nunca más la he vuelto a ver. Pero me da igual. Hoy yo ya tengo otro ejemplar subrayado y quiero pensar que ella todavía tiene el suyo y que aprendió algo importante de la vida (y de la muerte) en aquellas páginas. Durante aquel viaje. En la carretera. Hay libros que dejan marca. Éste es un de ellos.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @fantastik_cat

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