EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS (1902) – Joseph Conrad

Autor: Joseph Conrad
Título: El corazón de las tinieblas (Heart of Darkness)
Editorial: Alianza
Año: 2012 (1902)
Páginas: 192
ISBN: 978-84-206-6980-9
Valoración: ★★★★★

 

Joseph Conrad escribió El corazón de las tinieblas entre 1898 y 1899 y la publicó en 1902. Hacía más de diez años que había regresado de su viaje al Congo, pero evidentemente no lo había olvidado. Su experiencia en las entrañas de África -en el corazón del continente negro- lo había marcado de una manera imborrable, terrible:

Antes del Congo yo era sólo un simple animal.

Aquel viaje representó para Conrad un descenso a los infiernos, al igual que lo sería para Marlow, su alter ego de ficción:

Tuve la sensación de haber puesto el pie en algún tenebroso círculo del infierno.

El corazón de las tinieblas es la historia del viaje de Marlow a África en busca de Kurtz, un agente comercial que está enviando a su compañía grandes cantidades de marfil, al tiempo que es también la historia de su propio viaje interior. Las fuerzas salvajes de la naturaleza -en su condición más primaria y brutal- tienen su contrapartida en las fuerzas igual de salvajes que actúan en el interior de los hombres. Hauser habla de una “psicología del despertar”:

Tanto Nietzsche como Freud parten de la suposición de que la vida manifiesta la mente, es decir, que lo que los hombres conocen y pretenden conocer sobre las razones de su conducta es sólo el disfraz y la deformación de los verdaderos motivos de sus sentimientos y acciones.

Durante su viaje a las inmensidades del Congo, Marlow se irá haciendo una imagen mitificada del hombre que busca, Kurtz. A partir de documentación de amigos y familiares, de anécdotas de subordinados suyos, Marlow descubre la figura de un hombre singular, de un visionario, de alguien capaz de iluminar con la fuerza de su razón. De un hombre adelantado a los demás que se marca el hito de ser el mejor en su trabajo, y con este noble objetivo marcha hacia el más difícil de los destinos posibles. Marlow irá adentrándose en África con paso igual de firme como Kurtz irá adentrándose en Marlow. Ambos, sin conocerse, sin saberlo, acabarán compartiendo senda y huellas. Reza elocuentemente un proverbio congolés:

Las huellas de las personas que han caminado juntas no se borrarán nunca.

Así será.

Cuando al final Marlow consigue encontrarlo, resulta que no es como se esperaba: Kurtz ha abandonado la razón, su condición humana y, en el corazón de África -en aquella especie de mundo fuera del tiempo, en medio de la floresta y la vegetación primitiva-, se ha convertido en el rey de un reino de horror y bestialismo. Kurtz es el ídolo de una tribu de salvajes a los que somete con todo tipo de castigos brutales, personificando la corrupción y el ansia ilimitada de poder del hombre blanco occidental. De esta manera, Kurtz hace patentes las contradicciones de nuestra sociedad, y revela los instintos bestiales que se esconden debajo “del hombre civilizado”, aunque erigiéndose él mismo en símbolo del “horror” -palabras últimas que pronuncia. Kurtz, al fin, es vencido por la influencia de lo salvaje, representada anecdóticamente por la sabana africana:

La selva había conseguido poseerlo y se había vengado en él de la fantástica invasión de la que había sido objeto.

La conquista del África negra se ha presentado desde siempre como una empresa de civilización de unos pueblos que vivían en la oscuridad y la incultura, los ritos tribales y las guerras. El hombre blanco -el Stanley o el Livingstone de turno, en definitiva, los Kurtz reales-, ser superior por excelencia, ha sido visto como el portador a aquellas tinieblas ignotas de la llama “iluminadora” del saber, de la razón occidental. Releer El corazón de las tinieblas hoy en día supone inevitablemente un regreso a las fuentes primeras -pero no últimas- del colonialismo y las relaciones desiguales entre dos mundos: el de las falsas apariencias del hombre blanco y el -quizás demasiado humano- del África negra.

Kurtz, que ha sucumbido a la corrupción, acaba destruido. Marlow, en cambio, paradigma del hombre íntegro y con unos valores irrompibles que tanto gustaba a Conrad, consigue salir de aquel infierno y explicar la historia de Kurtz:

Me imagino que la selva le había susurrado cosas sobre sí mismo que él no conocía, cosas de las que no tenía ni idea. Al quedarse solo en la selva había mirado en su interior y había enloquecido. El denso y mudo hechizo de la selva parecía atraerlo hacia su naturaleza despiadada, despertando en él instintos olvidados y brutales, recuerdo de pasiones monstruosas.

Descubrimos al final de la novela que la fuente última de la oscuridad no era otra que el mal escondido en las profundas tinieblas del corazón humano. El verdadero corazón de las tinieblas será, pues, como ya sospechábamos, el oscuro, insondable y primario corazón de los hombres.


Publicado originalmente en la revista Míra’m en diciembre de 2006 en la sección Històries del guardià de la cripta.

Daniel Genís

Daniel Genís

Doctor en literatura. Profesor de lengua en secundaria. Culturalmente disperso. Es el fundador y conservador de esta web. También en @CiFiCAT

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